Partido Socialista Obrero Español (PSOE)
Ceuta, 31 de diciembre de 2006
 COMUNICADO
A modo de conclusión, senador Cucurull
Partido Socialista Obrero Español (PSOE)

Parece claro que quien usa los datos publicados respetando las fuentes oficiales de las que proceden tiene un margen mucho menor para manipular la información que quien los condimenta haciendo extrañas amalgamas para justificar sus tesis peregrinas. Cuando el Banco de España al estudiar la deuda de las administraciones públicas decide distinguir entre Comunidades Autónomas y Corporaciones Locales no lo hace por un simple capricho. Esa entidad tan solvente y rigurosa tampoco incluye a Ceuta y a Melilla en el grupo de las Corporaciones Locales con el inconfesable propósito de ahorrarse el esfuerzo de crear para ambas Ciudades un tercer subconjunto de administraciones que, a efectos de estudiar su endeudamiento, fuesen un híbrido singular que estuviese a caballo entre Comunidades Autónomas y Corporaciones Locales.

Ceuta y Melilla son encuadradas por el Banco de España en el grupo que, en relación al tema que se estudia, reúne a las administraciones públicas que mas se asemejan a ellas. Por tanto, no puede esgrimirse motivo justificado para que se sumen deudas tan diferentes de grupos tan distintos con el único propósito de llegar a conclusiones intencionadamente falsas, por muchas competencias autonómicas que formalmente tengan atribuidas las Ciudades Autónomas. Cuando se usan cifras oficiales hay que respetarlas en su sentido original y eso es lo que nosotros hemos hecho y Vd. no, senador Cucurull. Los endeudamientos de Ceuta y de Melilla solo admiten comparación con los de las Corporaciones Locales y, aunque se tengan datos sobre Comunidades Autónomas, Empresas Públicas u Organismos de la Seguridad Social, no cabe realizar extrañas componendas, ni establecer ingeniosas relaciones.

Nadie pretende discutirle, senador Cucurull, su derecho, tal vez su ofuscación, de “sostenella y no enmendalla”, pero ha quedado meridianamente claro que Vd. carece de razones para rebatir nuestros sólidos, fundamentados e incontestables argumentos. No ha podido Vd. negar el importante peso económico de competencias transferidas a las Comunidades Autónomas, aunque no a las Ciudades de Ceuta y Melilla, como la educación o la sanidad que, en gran medida, son las causantes de sus respectivos endeudamientos. No ha sido capaz de explicar cuales son exactamente las competencias autonómicas que permiten justificar que el endeudamiento de Ceuta supere en mas de un 50 % al de las restantes Corporaciones Locales. Su airada y malhumorada respuesta solo demuestra que ha debido sentirse humillado y ridículo, herido en su mal disimulada prepotencia de graduado de Universidad privada, cuando ha visto contestados y desmontados sus “imaginativos” cálculos y sus “fantásticos” argumentos, dicho sea en tono suave para que no pueda ofenderse.

Parece como si sus razonamientos tratasen de evitar a toda costa cualquier acercamiento a la verdad, de la que nadie debe imaginarse depositario exclusivo. Asimismo, resulta demasiado evidente su propósito de eludir cualquier tipo de respuesta a las cuestiones que se le han planteado. Usted se va por las ramas, se evade por los cerros de Úbeda, inventa imaginarias afrentas, denuncia insultos irreales, formula falsas acusaciones, menciona inexistentes anonimatos de escritos que siempre van firmados aunque sea por órganos colegiados y, en definitiva, huye desesperadamente de cualquier clase de debate serio. Allá Vd. con sus escapismos, porque por nuestra parte el tema ha quedado aclarado suficientemente y se da por cerrado.

Respecto al asunto de la dependencia del Estado, nunca podrá encontrar Vd. una sola declaración en la que los socialistas hayamos dicho que Ceuta sea una carga para el Estado y mucho menos una pesada carga. Lo que si hemos manifestado en multitud de ocasiones, y lo seguimos manteniendo, coincidiendo además con lo expresado por el CES de Ceuta en distintos dictámenes, es que se debe disminuir la excesiva dependencia financiera respecto al Estado que, con vistas al futuro, provoca un mayor grado de debilidad en la economía de nuestra Ciudad.

Es cierto que la Comunidad de Madrid tiene, en términos relativos, una menor dependencia de las aportaciones del Estado porque tiene la suerte de ser una de las Comunidades Autónomas de mayor renta, lo que no impide que tenga la tercera deuda más alta de todas ellas. La Comunidad Valenciana, por ejemplo, también gobernada por el PP como la de Madrid, es la cuarta en cuanto a población, la segunda en cuanto a deuda y la que tiene las más elevadas ratios Deuda/Población y Deuda/PIB. Obviamente, ninguna de las dos puede compararse con Extremadura que necesita recibir mediante aportaciones del Estado un mayor porcentaje de sus ingresos, aunque  ambas la superen exageradamente en riqueza, en volumen total de deuda, en endeudamiento por habitante y en el tanto por ciento de sus respectivos PIB que representa su deuda. A lo mejor, al ser mas pobre, Extremadura se administra bastante mejor que las Comunidades de Madrid y Valencia. De todos modos, tampoco puede compararse la dependencia del Estado que mantiene Ceuta con la que tiene Extremadura o cualquier otra Comunidad Autónoma, al menos mientras no se sume a la Ciudad, aunque solo sea a efectos de un cálculo teórico y una comparación homogénea, el coste que supondrían competencias como Sanidad y Educación.  

En cuanto a insultos, en nuestro escrito anterior solo hemos encontrado cinco palabras que podrían haber molestado a su delicada señoría, a saber: trampas, trilero, manipulador, mentiroso y falsedad, aunque todas ellas se utilizaron con una intención puramente descriptiva y sin ningún animo de ofender. En cambio, el senador, en su inexplicable y evasivo escrito titulado “Insultos y falsedades”, nos atribuye una presunta “descalificación personal” y hasta una “sistemática negación de la evidencia”, nos hace “responsables de desmanes”, nos acusa de “cometer fechorías”, califica nuestros escritos de “libelos”, nos llama “sabios oficinistas de Daoiz” o  “esforzados pensadores” en un tono que pretende ser claramente peyorativo y, para colmo, hasta parece culparnos de “faltar al respeto” y de “manipular las estadísticas”. El “insultómetro” no miente. Cuantitativa y cualitativamente, quien demuestra mas ganas de ofender es el propio senador, aunque  no quiera reconocer que solo es él quien chapotea “en el lodo de los insultos y las falsedades”. En cualquier caso, pierde su tiempo tratando de faltarnos, porque debería saber que no ofende quien quiere, sino quien puede y está claro que, al menos con nosotros, el senador Fernández Cucurull no puede por mucho que lo intente.

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