Tomás Partida es fotógrafo y periodista. Comenzó su andadura profesional en el campo de la comunicación en el año 1996 con la creación de la web Ceuta.Com y su semanario digital asociado, Crónica del Estrecho, primera publicación ceutí en Internet.

Posteriormente ha desempeñado la corresponsalía del diario EL MUNDO y de la agencia de noticias COLPISA en Ceuta.

Como fotógrafo, sus imágenes han sido publicadas en Diario16, El Mundo, El Periódico de Cataluña, Associated Press, Articulo20, Época, Interviú y CSMonitor, así como en los diarios locales El Faro y El Pueblo de Ceuta.

Actualmente centra su trabajo en el desarrollo de Ceuta.Com, una iniciativa pionera en Internet, donde la pluralidad ideológica y la independencia editorial son razón de ser.







Crónica del Estrecho
Ceuta, 24 de junio de 2004
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Vivencias en Convivencia
Tomás Partida
El pasado sábado, arrastrado por un compinche, me decidí a dar una vuelta por el Premio Convivencia. Así, entre una tribu de periodistas cuyo variopinto vestuario no acompañaba a la solemnidad de la ocasión, pude presenciar la entrada de Gallardón en el Ayuntamiento, donde firmaría en el Libro de Oro, para después emprender, mi menda, caminito a pata hacia el magnífico escenario de las Murallas Reales, donde tradicionalmente se hace efectiva la entrega del premio.

Ya en el Patio de Armas, y con el escaso público propio de los fines de semana, comenzaron a sucederse los discursos de rigor entre el general reconocimiento a la valía política y personal de un Ruiz-Gallardon, ahora especialmente en alza. Entre tanto, un siempre elegante Roberto Franca, que andaba un pelín picado por una de mis líneas, aprovechó la ocasión para saludarme y charlar un rato. Roberto, hombre de sobrada perspicacia y valía profesional, creo comprenderá que todo evoluciona y que ciertas actitudes del pasado no van a ser bien recibidas en los tiempos que corren, más aún cuando algunos caminan sin alforjas ni ataduras. El fair play y un poco de colaboración constituyen mágica receta para cualquier Gabinete de Prensa y presumible antídoto contra el riesgo de evisceración pública que últimamente le acecha.

Finalizado el acto, lo mejor vendría con el cóctel ofrecido a los asistentes, donde se podía observar el constante cabildeo de políticos y fuerzas vivas; ejercicio que siempre proporciona buena muestra de las actuales querencias de nuestros principales comediantes. Coincidí aquí, unos instantes, con mi amigo Gabriel -a quien Dios guarde la vista y el fino olfato-, siempre locuaz y siempre obsesionado con la sombra de un Gutiérrez al que parece otorgar el don de la omnipresencia, atribuyéndole instigación o participación en cualquier papelote que éste que escribe emborrone en relación a la Benemérita. Cortito, muy cortito, como el anuncio del café. A este paso, Gabi, rendido ante vuestra sapiencia, claudicaré para terminar nombrándole mi negro oficial, aprovechando que, Gutierrez, de negros sabe mucho.

Salvada la irrupción, mis preferencias se decantaron por un Mustafa Mizzian que tenía en cartera la moción de la Autonomía. Así, me propuse tomar la temperatura a Mizzian y Lemague con idea de predecir posibles recalentamientos en el futuro debate autonómico. Mas allá de los discursos para la galería, parece imponerse entre las principales cabezas de esta coalición el pragmatismo político y el sentido común, ya que ambos no parecen interesados en que Miguel Barbancho se vea obligado a actualizar sus sistemas informáticos en un futuro, pero no renunciarán a la inclusión de una mención expresa a la pluralidad cultural y lingüística de la ciudad, exigencia que obedece más bien a cuestiones de legítimo orgullo. Por eso patinó Juan Vivas en el pasado pleno, cuando se pronunció explícita y precipitadamente sobre una cuestión que nadie había puesto sobre la mesa. El miedo cerval a la bicha, impulsó a pretender aplastarla aún sin que se hubiese hecho presente, actitud que únicamente puede conducir a que la bífida se resabie y se haga fuerte en las entrañas del colectivo.

Aunque para disfrutar, con Lemague y el Delegado. Andaba yo con el primero cuando se acercó el segundo, acompañado de su principal asesor, pues Teo parecía un poco outside. Quizá su Ilustrísima, algo desinformado, me asimiló al grupo, entablando una amena conversación que derivó rápidamente, por parte de Ali, hacia las promesas pendientes de cumplimiento, en particular, el corte de cabezas, algo que inmediatamente me trajo a la memoria ese film titulado ?La isla de las cabezas cortadas". Entre tanto jíbaro, la elevada estatura del amigo Lemague no debería dar lugar a tanta inclinación ante el Delegado, ya que corre el riesgo de provocar equívocos y, de paso, contraer un serio lumbago. Aunque líbreme Dios de representar el papel de médico en esta comedia, visto lo acontecido con la doctora Soraya.
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