Tomás Partida es fotógrafo y periodista. Comenzó su andadura profesional en el campo de la comunicación en el año 1996 con la creación de la web Ceuta.Com y su semanario digital asociado, Crónica del Estrecho, primera publicación ceutí en Internet.
Posteriormente ha desempeñado la corresponsalía del diario EL MUNDO y de la agencia de noticias COLPISA en Ceuta. Como fotógrafo, sus imágenes han sido publicadas en Diario16, El Mundo, El Periódico de Cataluña, Associated Press, Articulo20, Época, Interviú y CSMonitor, así como en los diarios locales El Faro y El Pueblo de Ceuta. Actualmente centra su trabajo en el desarrollo de Ceuta.Com, una iniciativa pionera en Internet, donde la pluralidad ideológica y la independencia editorial son razón de ser. |
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Crónica del Estrecho
Ceuta, 27 de junio de 2004
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Los fantasmas de Trebisonda
Tomás Partida
Tras un año de polémica, la tragedia de los 62 militares españoles fallecidos en accidente aéreo en Turquía vuelve a primera plana. Ahora, doce meses después, los españoles comenzamos a conocer la verdad oculta en las colinas de Trebisonda, nuestra sospecha se convierte en certeza y la sombra del deshonor acecha a quienes, por indigno servilismo o vil conveniencia política, manipularon a víctimas, familiares, y a nosotros, españoles todos, para encubrir su propia ignominia.Víctimas de un imperialismo de alpargata, propugnado y practicado por un rancio y reaccionario sector de un PP dueño de los designios de España, nuestros militares fueron despachados a Afganistán con el fin de mantener alto el pabellón en ese nuevo y soñado concierto internacional que, según los neocons españoles, se preparaba. Despachados digo, por aquello de la mercadería, pues como mercancías fueron traídos y llevados en aviones que otras fuerzas armadas, más diligentes y cuidadosas de sus efectivos, habían ya rechazado por su inseguridad.Alienados por la foto de las Azores y el rancho tejano de Bush, el capillita Trillo, su hierático jefe y la camarilla que siempre le jalea, arrogándose y arropándose en la insignia nacional, con la boca siempre llena de ESPAÑA, se dedicaban a recorrer el país en los jets y Hércules de nuestras fuerzas aéreas, proclamando a los cuatro vientos los parabienes de nuestro alineamiento en el nuevo orden internacional emergente, es decir, el eje Bush-Blair-Aznar. Así, entregados a sus megalómanos pensamientos y con grave desprecio a lo dispuesto en las R.O.: "Considerará las vidas de sus hombres como un valor inestimable que la Patria le confía y no las expondrá a mayores peligros que los exigidos por el cumplimiento de la misión", nuestros augustos próceres regatearon con los ucranianos el precio del transporte de ganado que conduciría a nuestros hombres hasta Afganistán, gestándose así una tragedia con el engreimiento y estupidez propias de El hombre que pudo reinar, un clásico victoriano de Rudyard Kipling.Tragedia que dio lugar a otra tragedia; la de la traición. Aquellos que hacen del Ejército su vida, ostentan el honor de servir al país en las circunstancias más difíciles, liderando la defensa nacional en los momentos de mayor riesgo y asumiendo, con gallardía, el compromiso de defender a la patria aún a costa de la propia vida. La muerte es riesgo inherente al juramento, mas la traición no tiene cabida en las Reales Ordenanzas. Y traición fue lo que recibieron pues, si grave es su perdida, aún más lo fue el tratamiento recibido.Trillo y sus secuaces ocultan, encubren, mienten, en definitiva, traicionan al Ejército y a la sociedad, con el único fin de dar carpetazo a una tragedia que amenazaba con enturbiar la gestión de nuestro bienamado Aznar, líder de una nueva España. Se impone, nunca mejor dicho, echar tierra sobre el asunto y, con la complicidad de varios generales, se entregan los restos, a voleo entre las familias, para que se inicie el luto y las lágrimas queden constreñidas al domicilio familiar. A los familiares díscolos, a aquellos que sospechan de la infamia, la maquinaria del gobierno les dirigirá los mejores epítetos: manipuladores, manipulados, mentirosos, antipatriotas, peleles? y aún ayer, Acebes, insistía en el encubrimiento al acusar al PSOE de manipular el dolor y el sufrimiento de los familiares de las víctimas del Yak-42; si, el de las 22 familias que, de manos del Ministerio, recibieron y enterraron un cadáver entregado bajo el mas vil engaño.Mal nacidos sean estos patriotas de salón y los uniformados que les secundaron. Con un Aznar temporalmente cobijado en el Olimpo de los Dioses, Trillo y sus secuaces, los generales que eligieron medrar antes que servir, que eligieron el fajín antes que el honor, traicionaron a este puñado de españoles, que sirviendo conforme se les había ordenado, hallaron la muerte entre la neblina de una colina turca en la que trágicamente confluirían la miseria de un gobierno y los hados del destino.Aun así, en su eterno descanso pueden sentirse orgullosos. Orgullosos de unas familias que acataron los dictámenes de Defensa confiando en la bonhomía y lealtad de un gobierno y su cúpula militar. Orgullosos, también, de otras familias que lucharon contra viento y marea para que se conociese la verdad y así recuperar los cuerpos de sus seres queridos y honrar su memoria. Doblemente orgullosos, doblemente héroes.
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