Tomás Partida es fotógrafo y periodista. Comenzó su andadura profesional en el campo de la comunicación en el año 1996 con la creación de la web Ceuta.Com y su semanario digital asociado, Crónica del Estrecho, primera publicación ceutí en Internet.
Posteriormente ha desempeñado la corresponsalía del diario EL MUNDO y de la agencia de noticias COLPISA en Ceuta. Como fotógrafo, sus imágenes han sido publicadas en Diario16, El Mundo, El Periódico de Cataluña, Associated Press, Articulo20, Época, Interviú y CSMonitor, así como en los diarios locales El Faro y El Pueblo de Ceuta. Actualmente centra su trabajo en el desarrollo de Ceuta.Com, una iniciativa pionera en Internet, donde la pluralidad ideológica y la independencia editorial son razón de ser. |
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Crónica del Estrecho
Ceuta, 22 de mayo de 2004
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Una Boda deslucida
Tomás Partida
Tras varios meses preparando el evento y tras semanas de bombardeo informativo en los medios de comunicación, da la impresión que la tan sonada boda no ha satisfecho las expectativas.La improvisación mostrada ante la previsible presencia de la lluvia, pareció el preludio de lo que acontecería posteriormente.Inconcebible, que con tanto cerebro pensante, nadie hubiera previsto una mejor organización y "coreografía" para el caso de que el agua hiciera su aparición; prensa y público a la intemperie huyendo ante el diluvio, mientras las autoridades sorteaban los charcos a la entrada del Catedral de la Almudena. Nota aparte merece el apartado de automoción ya que, entre tanto boato, Rolls-Royce, etc, los infantes Juan, Froilán y compañía arribaran a la citada catedral en algo tan fuera de lugar como un plateado monovolumen SEAT. Como fuera de lugar estaba que los invitados tuvieran que ser transportados en autobuses comerciales que lucían la marca comercial de su propietario, ALSA. ¿Tan complicado hubiese sido alquilar autobuses, pintarlos de oscuro y colocar en ellos el emblema de la Casa Real" Pero, por suerte o por desgracia hay clases y clases, como la del Príncipe Carlos de Inglaterra que antes de subir al infame autobús, decidió caminar bajo la lluvia para dirigirse hasta el Palacio Real.Mención aparte merece la pésima retransmisión ofrecida por RTVE; para ser sinceros, una mierda. Con menos preparativos y bajo la batuta de la desaparecida Pilar Miro, la boda de la Infanta Elena en Sevilla lució en todo su esplendor, con magníficos planos de cámara y la emotividad de los Reyes. Aquí, faltó lo uno y lo otro.La realización, desastrosa, no previó los impedimentos que se presentarían en caso de hacer la lluvia su aparición. Así, los cambios de planificación propiciados por el chaparrón dejaron a las cámaras en difícil situación para obtener buenos planos de las llegadas y salidas del templo, mientras sus lentes quedaban empañadas por el vaho y las gotas de lluvia, a modo de sucedáneo de la subida al Tourmalet. Ya en el interior, más de lo mismo, la entrada de la novia no reflejaba la solemnidad del momento, la música no acompañaba, planos de cámara en el altar muy sosos y las personalidades asistentes, casi inexistentes. Los Reyes, tan serios como el Viti frente a la puerta de chiqueros, no dejaron caer en esta ocasión alguna de esas lagrimitas que tan entrañables hacen a nuestra familia real.Y ya en las calles, remató el público, ó mejor dicho, su ausencia. Frías, muy frías, fueron las imágenes que llegaban por televisión, con avenidas y calles semivacías faltas de calor popular. ¿Puede esto achacarse totalmente a la lluvia" ¿Influyó el temor de la gente a la proliferación de controles de seguridad" ¿Fue, por el contrario, el temor a posibles atentados terroristas". Lo único evidente es que el pueblo de Madrid no respondió a la pretendida magnitud del evento. Para hacerse una idea, una nota de la agencia Europa Press cifra en -tan solo- 200 las personas congregadas frente a la Basílica de Atocha para ver a los Príncipes. En Gran Vía y Cibeles las imágenes mostraban el escaso público -que para una ocasión como esta- se situaba tras las vallas que acotaban la calzada, observandose grandes espacios entre aceras y fachadas donde algunos jóvenes correteaban siguiendo al cortejo.Sin duda, en los próximos días, pasada la emoción inicial, podremos ver en los medios variados análisis sobre lo acontecido y a tenor de los cuales la Casa Real debería tomar buena nota.
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