Tomás Partida es fotógrafo y periodista. Comenzó su andadura profesional en el campo de la comunicación en el año 1996 con la creación de la web Ceuta.Com y su semanario digital asociado, Crónica del Estrecho, primera publicación ceutí en Internet.
Posteriormente ha desempeñado la corresponsalía del diario EL MUNDO y de la agencia de noticias COLPISA en Ceuta. Como fotógrafo, sus imágenes han sido publicadas en Diario16, El Mundo, El Periódico de Cataluña, Associated Press, Articulo20, Época, Interviú y CSMonitor, así como en los diarios locales El Faro y El Pueblo de Ceuta. Actualmente centra su trabajo en el desarrollo de Ceuta.Com, una iniciativa pionera en Internet, donde la pluralidad ideológica y la independencia editorial son razón de ser. |
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Crónica del Estrecho
Ceuta, 21 de mayo de 2004
BLOGS
República, Guerra y Represión
Tomás Partida
La presentación de la obra de Sánchez, que generó una gran expectación en la ciudad por lo delicado de su contenido, ha vuelto a poner de manifiesto la necesidad de rendir un homenaje perenne a todos aquellos que por mor de sus ideas fueron represaliados en los primeros momentos de la asonada militar del 36. Aquí hablamos de las primeras victimas de la guerra civil española; de militares leales que fueron vilmente ejecutados por su fidelidad al legítimo gobierno de la nación, de políticos, sindicalistas y trabajadores ¿ajusticiados? por su militancia y significación política y sindical. Hombres y mujeres que, sin sangre en las manos, fueron llamados a protagonizar la página más negra de la historia ceutí.Los verdugos, falangistas y militares, sin honra y sin honor, se nutrieron de ellos para aterrorizar a la población y -así- asegurar el éxito del golpe militar. Como preludio de lo que mas tarde ocurriría en tierras peninsulares pero, aún si cabe, con mayor maldad, los malhadados presos del Hacho y de la Posición A sirvieron de carne de cañón para saciar las ansias de poder y venganza de una jauría inhumana que, con camisa azul, asesinaba en las cunetas, o con uniforme militar, asesinaba -también- con cuadro, banda y desfile en las murallas del Hacho. Porque asesinos eran y asesinos son. Porque las victimas no fueron enemigos, sino -simplemente- presos. Porque la hipocresía e inmoralidad hizo su casa en el estamento militar; Si, el de aquellos Consejos de Guerra y jueces militares que condenaron a muerte por "auxilio a la rebelión" a representantes legales del pueblo de Ceuta. Así fue y nadie puede negarlo, y -aún menos- justificarlo equiparando moralmente a victimas y verdugos.Y todo esto viene a colación por una iniciativa de la izquierda local que en estos momentos se estudia en la Asamblea Autónoma y que pretende rendir homenaje a las victimas de la represión en Ceuta. Tras cincuenta años de público olvido en las fosas comunes del cementerio de Santa Catalina es hora de recuperar y honrar la memoria de estos ceutíes y mantener vivo el recuerdo de por qué murieron. El PP, heredero logístico e ideológico de esa rancia derecha tan implicada en las matanzas, se descuelga ahora con la reivindicación de un simultáneo homenaje a las victimas de los bombardeos de la aviación y marina republicanas en Ceuta. Loable iniciativa, en cualquier caso, pero lamentablemente empañada por ese presumible espíritu de "mierda para todos" que parece presidir la idea. Quizás pretende el PP equiparar a unas y otras victimas, a las victimas de los azares de la guerra con las victimas de fríos asesinatos, equiparando moralmente a los verdugos. Y no es lo mismo, ante la Ley de Dios y la de los Hombres, el mortífero azar de los obuses que un frio y reglamentario tiro de gracia, entre los cabellos de una joven de quince años.Aunque en definitiva, como muertos fueron unos y otros, este homenaje no debería restringirse a un par de monolitos ocultos entre las viejas tapias del cementerio local. Qué mejor lugar que nuestras calles, nuestra querida Plaza de la Constitución -símbolo de concordia- para erigir un sencillo pero VISIBLE monumento donde nominadas todas y cada una de las victimas, se honre a su memoria y se ejemplifique -ante futuras generaciones- los riesgos de la intolerancia y el autoritarismo. Un homenaje que debería congregar a todos los estamentos de la sociedad ceutí, desde la clase política a los movimientos vecinales, desde la tercera edad a nuestros escolares y donde la presencia del Ejército sería inexcusable en su doble condición de víctima y verdugo. Porque la verdad, se le echó mucho de menos en la presentación del libro de Paco Sánchez.
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