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Asociación Cultural Septem Nostra
Ceuta, 27 de septiembre de 2008
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Tomadura de pelo institucional
Septem Nostra
En los tiempos de crisis económica en los que vivimos, todas las instituciones políticas anuncian la puesta en marcha de planes de austeridad para contener el gasto público. Ceuta, como no podía ser menos, anunció su respectivo plan de ahorro antes del verano en el que se incluían medidas para reducir el consumo eléctrico, el del agua y los gastos corrientes. Nada puede objetarse de este decálogo de actuaciones tendentes a aliviar la presión sobre las ya de por sí insuficientes reservas de tesorería. El problema es, una vez más, la falta de coherencia que suele caracterizar a la clase política de nuestro país.
En un excelente artículo de opinión firmado por Javier Marías, titulado 'dañina gente de paso', se hace una ácida crítica de los ayuntamientos, supuestamente en crisis económica, que 'se hinchan a ganar dinero, y que les sobra tanto que además pueden endeudarse hasta las cejas (ya saben que sólo los riquísimos están facultados para contraer monstruosas deudas)'. Como de manera acertada describe Javier Marías, 'en cualquier ciudad, a uno lo asaltan las continuas y demenciales obras que las más de las veces son o parecen enteramente innecesarias, esto es, sólo explicables como manera de que hagan caja tanto los ayuntamientos que las inventan, propician, autorizan y encargan como las empresas que las ejecutan'. Este acertado diagnóstico de la realidad que subyace a las obras emprendidas por los ayuntamientos españoles encaja al dedillo con la situación que se vive en Ceuta. Un ejemplo cercano en el tiempo de las afirmaciones de Javier Marías sobre las obras municipales lo tenemos en las actuaciones que se vienen realizando en las avenidas de África y España. Todos los días tengo que pasar por esta zona y siempre pienso en lo absurdo de gastarse cerca de tres millones de euros entre ambas intervenciones para no cambiar nada. Según la portavoz del gobierno de la Ciudad, en las periódicas ruedas de prensa tras los Consejos de Gobierno, se justificaban estas obras por los problemas de visibilidad que provocaban las plantas que decoraban las medianas de estos concurridos ejes viarios. Para solucionar este problema real y evidente no se podían conformar con sustituir el tipo de vegetación o simplemente podar, sino que se decide cambiar las propias medianas para sustituirlas por otras exactamente de la misma altura y características, eso sí, decoradas con unos catetos recubrimientos cerámicos. Lo que se nos vendió como la solución del tráfico en las avenidas de África y España queda al final como una auténtica tomadura de pelo en toda regla y un insulto a la inteligencia de los ceutíes. Actuaciones urbanísticas costosas e innecesarias como las acometidas en las avenidas de África y España se ha convertido en la norma general en nuestra ciudad: aceras que se cambian cada tres por cuatro, farolas que se sustituyen sin que les haya dado tiempo a pasar el tiempo de garantía, mobiliario urbano colocados sin ton ni son, etc...Resulta claramente evidente que nuestro ayuntamiento, como los del resto de España, sufre importantes presiones para sacar a citación obras de reforma que mantengan el sector de la construcción a flote. A ser posible se requieren actuaciones que no sean complejas en su planeamiento y ejecución, además de ser vendibles políticamente. Todas aquellas intervenciones urbanísticas más complejas como la dotación de equipamientos culturales, educativos o sociales suelen ser más escasas, ya que precisan un trámite más lento y disponer de suficiente suelo para acogerlas. Esto explica que la Ciudad Autónoma de Ceuta esté dispuesta a embarcarnos en una deuda a la 'alemana' para construir varias aparcamientos subterráneos en distintos puntos de la Ciudad, con el objetivo último de mantener un nivel de 'inversión' que satisfaga el interés de las empresas constructoras y de camino reingresar en modo de impuestos parte de este gasto, imprescindible para mantener la descomunal maquinaria burocrática en la que se ha convertido el ayuntamiento ceutí. El anunciado plan de austeridad de la Ciudad Autónoma carece de sentido cuando el dinero que se pretende ahorrar se malgasta en cualquiera de las absurdas obras que emprende la administración autonómica. Un verdadero proyecto de ahorro de recursos requiere planificación, inversión y control exhaustivo. Difícilmente se puede pasar del despilfarro al ahorro sin mediar un periodo de discusión, diseño e implementación que tiene ser madurado y consensuado con los agentes sociales. Estos planes de ahorro sacados de la chistera de la noche al día suelen enmascarar meros intentos de transmitir una falsa imagen de concienciación medioambiental que dista mucho de la verdadera política de la administración. Todos nos alegraríamos de que la realidad coincidiera con los propósitos de racionalización de los recursos, ya sean energéticos, hídricos o de cualquier otra índole. Sin embargo, la cotidianidad de las acciones que observamos a diario demuestran que seguimos siendo una ciudad despilfarradora de los escasos recursos naturales con los que contamos, cuyo agotamiento ponen en serio peligro la habitabilidad de un territorio que se consume a pasos agigantados desde la más absoluta ignorancia y despreocupación.
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