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Asociación Cultural Septem Nostra
Ceuta, 2 de agosto de 2008
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Valores patrimoniales de la Almina
Septem Nostra
La evolución histórica y urbanística de la Almina, en su conjunto, ha generado un ingente patrimonio cultural que se ha venido gestando desde el inicio de su ocupación hace más de un milenio. La intensa y casi permanente ocupación de este sector de la ciudad ha propiciado que los sucesivos desarrollos urbanos destruyeran las edificaciones precedentes, engrosando de este modo el ingente patrimonio arqueológico de esta zona. La investigación arqueológica ha permitido conocer una parte de la riqueza arqueológica de la Almina, quedando aún amplios espacios de valor arqueológico cuya protección y conservación constituye una obligación moral de la sociedad actual y una responsabilidad ineludible para las administraciones competentes. Algunos de estos vestigios arqueológicos, como el yacimiento medieval de Huerta Rufino o los baños árabes de la Paz, se han integrado en el entramado urbano de la Almina como una muestra de la intensa actividad humana de esta unidad de asentamiento.
De los periodos posteriores de ocupación de la Almina se han conservado importantes inmuebles como la ermita del Valle (s.XVI), el convento de San Francisco (s.XVII) y la iglesia de los Remedios (s.XVIII), todos ellos de función cultural. Según nos acercamos en el tiempo, la cantidad y variedad de edificios de interés patrimonial aumentan con representaciones de la arquitectura civil y militar, entre las que destacamos la Comandancia de Obras (s.XIX). No obstante, el conjunto histórico de la Almina destaca por la calidad de su arquitectura civil de principios del siglo XX, surgida a la par del desarrollo económico de la ciudad. La desaparición del penal y la construcción del puerto supusieron un repulsivo para la actividad comercial de Ceuta, conducida por un grupo de emprendedores empresarios de visión cosmopolita que no tuvieron reparo en apostar por las nuevas formas de construir que empezaron a asomarse a la España de entonces. Fruto de la frenética actividad edilicia se derribó buena parte del caserío tradicional de casas bajas con una fuerte raigambre andaluza, construidas principalmente entre los siglos XVIII y XIX, siendo sustituidas, en muchos casos, por edificios de gran calidad estética que han perdurado hasta nuestros días. Desgraciadamente, la arquitectura del siglo XX, aun constituyendo una parte integrante del Patrimonio Histórico Español, debido a su proximidad en la historia, a la abundancia de sus testimonios y a su carácter heterogéneo, está menos reconocida por las autoridades responsables y por el público en general. La falta de interés en la conservación de este patrimonio ha conducido a pérdidas irreparables y a privar a las futuras generaciones del conocimiento de esta parte de su memoria histórica. La conservación y protección del patrimonio arquitectónico del siglo XX es una de las más importantes asignaturas pendientes que tienen las autoridades competentes de la Ciudad, y debería ser una preocupación general de todos los ciudadanos que observamos atónitos su degradación por la falta de mantenimiento, o lo que es peor, su desaparición por el auge de la actividad constructora y la especulación urbanística. En el contexto del patrimonio arquitectónico civil del siglo XX, la Almina albergaba la mayor parte de inmuebles incluidos en el catálogo de edificios protegidos en el vigente PGOU. Así de los 88 edificios que engrosan el nivel 2 de protección, dedicado casi en su totalidad a la arquitectura del siglo XX, 66 se localizan en el barrio de la Almina. Esto da buena muestra del interés de la Almina como conjunto histórico no circunscrito exclusivamente a sus murallas defensivas, tal y como se pretende hacer creer en el plan especial de protección del Recinto de la Almina. Algunos sectores de la estructura urbana de la Almina, como la calle Alfau, podrían ser incluso objeto de declaración como área de rehabilitación integrada, en cumplimiento del artículo 20.2. de la LPHE. Todos estos inmuebles, junto a otros actualmente carentes de protección administrativa, tendrían que engrosar el catálogo de edificios de interés patrimonial que establece, para los conjuntos históricos, el artículo 20.2 LPHE. Un importante elenco de inmuebles para los que, en cumplimiento del mismo articulado legislativo, se deberían determinar los criterios relativos a la conservación de fachadas y cubiertas, así como las instalaciones sobre las mismas. Como venimos exponiendo, son muchos los elementos de interés patrimonial que se conservan en el núcleo interno de la Almina, tanto en su entramado urbano, inmuebles conservados o patrimonio arqueológico subyacente, a los que debemos añadir los espacios libres que encontramos en distintos puntos de la Almina, cuya identificación y protección está estipulada en el art.21.1 LPHE. Si pretender hacer una relación exhaustiva de los espacios libres presentes en la Almina, tenemos que referirnos por su significación histórica a las plazas del Teniente Ruiz y los Reyes. En definitiva, la idea que queremos transmitir es que se dan poderosas y fundadas razones para considerar el núcleo interno de la Almina como parte indisociable del conjunto histórico del Recinto de la Almina, por mucho que algunos de manera interesada quieran hacer creer lo contrario.
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