Asociación Cultural Septem Nostra
Ceuta, 23 de agosto de 2008
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El precio del compromiso
Septem Nostra
  El periodista Francisco Rubiales, en su libro "Políticos, los nuevos amos",  advertía a los disidentes al sistema político establecido que supieran que "los privilegios, premios y reconocimientos están donde está el poder, en el campo de los políticamente correcto, y que en el bando resistente las compensaciones son escasas y la sensación de soledad y lejanía del poder suele ser desoladora. Los ciudadanos rebeldes que resistimos a la opresión y que luchamos por la libertad sabemos que somos la elite moral y la gran energía de la civilización, pero la sociedad nos percibirá como "donnadies", quizás cargados de razón, pero abandonados de la fortuna". En similares términos se manifestaba Noam Chomsky, quien en múltiples ocasiones ha denunciado la complicidad de muchos intelectuales con la administración y los órganos de control social. Un grupo que alcanza las recompensas y el respeto, siendo así reconocido por sus aportes intelectuales, a diferencia de algunas personas comprometidas que pagan cara su osadía.

            El lingüista y activista político Noam Chomsky es una  de las figuras intelectuales más relevantes del panorama actual. A pesar de su condición de norteamericano se ha erigido en el portavoz mundial de los abusos de poder de la considerada primera potencia mundial. En varias entrevistas cuenta cómo a principios de los años 60 decidió dar un paso adelante para involucrarse en la disidencia política. Una decisión muy madurada que compartió con su mujer, ya que era  plenamente consciente de las graves consecuencias personales que les iba a acarrear esta decisión tanto a él como a su familia. Noam Chomsky tenía claro que su brillante carrera profesional en la universidad se podía ver truncada, incluso se enfrentaba a perder su trabajo. Tan en serio valoraron esta posibilidad que su mujer se incorporó a su trabajo que había decidido dejar unos años antes para poder atender a sus hijas pequeñas.

            Una de las primeras campañas de protesta que organizó Noam Chomsky fue en contra de  la guerra de Vietnam, en unos años en los que nadie, absolutamente nadie, se atrevía a denunciar los atropellos de los EE.UU en el  país vietnamita. Con mucho esfuerzo, y haciendo frente a todo tipo de presiones, consiguió el apoyo de algunos compañeros de la universidad y de un sector del alumnado a los que paulatinamente se fueron sumando una parte de la opinión pública estadounidense y apenas una decena de intelectuales. La reacción del gobierno norteamericano no se hizo esperar, iniciando una atroz campaña de desprestigio contra los cabecillas de las protestas ciudadanas. La situación llegó al extremo de conocerse un listado oficial de "enemigos públicos", en cuya cabeza figuraba Noam Chomsky. No obstante, suele contar, mostrando una gran satisfacción, que fruto de las movilizaciones ciudadana se pasó de una oposición a la guerra de apenas un 3 % en los primeros años, hasta un 50% cuando se extendieron las acciones contrarias a la Guerra de Vietnam.

            Desde las primeras iniciativas de activismo político en los años 60, Noam Chomsky no ha desistido de denunciar todas aquellas tropelías cometidas por las potencias occidentales, sobre todo de Estados Unidos. En los últimos años, sin importarle su avanzada edad, no ha dejado de recorrer el mundo para dar conferencias en las que ha comentado la situación mundial tras los atentados del 11-S. Una de la constante en todos sus libros y conferencia ha sido la acérrima crítica a los medios de comunicación que, según su opinión, "llevan a cabo una función propagandística de apoyo al sistema, mediante su dependencia de las fuerzas del mercado, los supuestos interiorizados y la censura", a través de una lógica de actuación que "no sólo se limita a proteger el sistema", sino que también escamotea y "sustrae a la opinión pública la oportunidad de entender el mundo", ofreciendo imágenes e interpretaciones de la realidad que responden "a los intereses y preocupaciones de los vendedores, los compradores y las instituciones gubernamentales y privadas dominadas por estos grupos".

            El discurso de Noam Chomsky tiene una conclusión optimista, dentro la lógica preocupación por una situación mundial caracterizada por una generalizada crisis social, económica y medioambiental. Por suerte, según su punto de vista, existe una mayor conciencia ciudadana sobre los grandes retos a los que se enfrenta la humanidad. Como prueba de este fenómeno de movilización ciudadana, Noam Chomsky cita el incremento de los grupos ecologistas, feministas, de defensa de los derechos humanos, etc...De igual modo, los medios de comunicación están cada día más abiertos a prestar su espacio para hacer llegar a la opinión pública los mensajes de los disidentes a los mandatos del poder político  y económico. Estos cambios nos hace albergar ciertas esperanzas en el futuro, aunque conviene que nunca perdamos de vista lo dicho por Edmund Burke: "para que triunfe el mal, basta que los hombres de bien no hagan nada".

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