Asociación Cultural Septem Nostra
Ceuta, 9 de agosto de 2008
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El pentágono del poder
Septem Nostra
  Con cierta frecuencia solemos citar en nuestros artículos de opinión a Lewis Mumford (1895-1990), escritor norteamericano bastante conocido por sus trabajos en planificación urbana e investigaciones sobre la historia de las tecnologías. Su influencia, no siempre reconocida, en el desarrollo de la conciencia ecológica hace que sus obras sean una referencia indispensable para cualquier persona interesada en el ecologismo. Movido por el interés que personalmente nos despierta la obra de L.Mumford, hemos leído en estos días de vacaciones uno de sus libros más conocidos: "The Pentagon of Power", para el que lamentablemente no existe una traducción al castellano. No obstante, a pesar del la dificultad que supone leer en un idioma extranjero, no podíamos dejar de estudiar este libro que constituye el segundo y volumen final de la serie "The myth of the Machine". En esta obra L.Mumford plantea su radical revisión de la rancia concepción popular del progreso humano y tecnológico. En ella encontramos una explicación histórica, plenamente desarrollada, de las irracionalidades y destrucciones que han socavado los más importantes logros de cada civilización. Mumford demuestra como las cuantitativas metas de los técnicas modernas,-velocidad, producción en masa, automatización, comunicación instantánea, y control remoto-, han provocado de manera inevitable polución, despilfarro, perturbación ecológica y exterminación humana a una escala nunca antes concebida.

Lejos de ser un ataque a la ciencia y la técnica, "The Pentagon of Power" busca establecer un orden social más orgánico, basado en los inmensos recursos tecnológicos del organismo humano. Tal principio, como muestra L.Mumford, es esencial si la humanidad desea tomar el control sobre las fantasías deshumanizadas y las agresiones que amenazan destruir totalmente nuestra civilización.

Los componentes del pentágono del poder, aún vigente, son el Poder, la Propiedad, la Publicidad, la Personalidad y el Progreso. Estos componentes, según explica L.Mumford, "derivan del más rico complejo ecológico en el cual todos los organismos, incluido el hombre, viven, se mueven y encuentran su esencia y sostenimiento.  Dentro de ese ecosistema, el cual incluye a la cultura humana, todos estos componentes del complejo del poder tuvieron originalmente su lugar y realizaban sus indispensables funciones. Lo que el complejo del poder hizo fue desgarrar los diversos componentes individuales, separándolos de su matriz orgánica, y los encerró en un único subsistema más orientado a la expansión del poder en sí mismo que al sostenimiento y a la intensificación de la vida".

Tan estrechamente están los componentes del complejo del poder relacionados que realizan de manera virtual funciones intercambiables: no solamente en el sentido de cada operación es reducible a términos pecuniarios, sino que el propio dinero, a su vez, puede ser traducirse en poder, propiedad, publicidad o personalidad pública, es decir, prestigio. En términos del sistema de poder, el progreso significa simplemente más poder, más beneficios, más productividad, más escrituras de propiedad y más publicidad, todo ello convertible en unidades cuantitativas.

En estos días que se ha anunciado un nuevo plan de inversiones por parte del gobierno de la Ciudad hemos podido apreciar con claridad en su contenido los componentes del pentágono del poder descritos por L.Mumford. Una vez más el "progreso" de la ciudad se pretende basar en un millonario plan de inversiones cuya única justificación real estriba en inyectar inmensas sumas de dinero a las empresas dedicadas al lucrativo negocio de la construcción. De este modo, los 52 millones previsto en este plan de inversiones complementario se dedican única y exclusivamente a alimentar al maltrecho sector del ladrillo, de los cuales más de la mitad se gastarán en construir tres nuevos aparcamientos subterráneos en diversas barriadas de Ceuta. El gobierno de la Ciudad ni siquiera se ha molestado en justificar la necesidad de tales aparcamientos ni su prioridad con respecto a otras necesidades de los ceutíes. Encima se nos venden como la demostración del compromiso de la administración autonómica con sus barriadas, y todo el mundo asiente con disciplinada obediencia. Los vecinos de los barrios agraciados por la construcción de estos aparcamientos tendrán donde aparcar sus coches, eso sí pagando religiosamente, pero seguirán careciendo de espacios de encuentro y zonas verdes donde pueden relacionarse y sus hijos puedan jugar. La calidad ambiental de Ceuta seguirá siendo lamentable con vertederos incontrolados en todos los rincones, ruidos en la mayoría de los hogares y aguas residuales saliendo al mar, pero tendremos aparcamientos subterráneos para los vehículos que colapsan todos los días la ciudad. Nos dirán que el ayuntamiento no tiene recursos económicos para atender la puesta en marcha del plan especial de protección de las murallas merinidas, pero si que han encontrado el dinero para instalar un aparcamiento subterráneo, valorado inicialmente en 3,5 millones de euros, pegado a  este recinto histórico. Seguirán apelando a la generosidad del gobierno central para financiar el plan director de saneamiento, pero nadie sufrirá más el problema de donde meter su coche.

En definitiva, y como denunció  L.Mumford en el "Pentagono del Poder", el vigente complejo del poder atiende exclusivamente a su propio mantenimiento y extensión, relegando las verdaderas necesidades humanas a un plano secundario y priorizando los requerimientos de las maquinas. De ahí que se le da más importancia en el plan de inversiones de la Ciudad a los coches que a los habitantes de Ceuta y al cuidado de su hábitat. Las nuevas plazas de aparcamientos se traducirán, bajo las premisas del pentágono del poder, en más poder y beneficio económico para las empresas que las construyan, en nuevas propiedades municipales obtenidas de la especulación del subsuelo y más propaganda política con la que justificar la  acción política del gobierno en atención al "interés general".

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