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Asociación Cultural Septem Nostra
Ceuta, 31 de mayo de 2008
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La ciudad silenciosa
Septem Nostra
Que ocurriría si de repente al levantarse de la cama nuestra ciudad amaneciera sin los habituales y ensordecedores ruidos provocados por la construcción de edificios y los atascos de vehículos que taponan las arterias de la ciudad. Pues bien en Ceuta tuvo lugar un extraordinario acontecimiento del que fuimos testigos y que pasamos a relatar lo más brevemente posible.
De manera poco dramática y hasta cómica la ciudad amaneció como dormida en un sueño de sosiego que desde hacía muchos años no se disfrutaba. Fueron muchos los retrasados en acudir al trabajo diario pues el silencio era más propio de un domingo por la mañana dónde tanto obras civiles como tráfico quedan en moratoria hasta que se reanuda el ritmo frenético con el antipático lunes. Al parecer, los más mayores del lugar han tenido algo así como un despertar y están más felices que nunca yendo de un lado para otro observando la ciudad atentamente. Un día antes muchos de ellos se encontraban muy disminuidos en sus funciones vitales que más se asemejaba a un estado vegetativo que a las naturales transformaciones fisiológicas y anatómicas que provoca el normal transcurrir de los años. No obstante, nadie sabía como se produjo el anormal acontecimiento que devolvió el patrimonio de la tranquilidad y recuperó el canto de las aves y el sonido del mar y del viento por encima de los decibelios del dinero fácil. Sobre cómo se produjo el fenómeno, y quién fue el responsable, es materia reservada, pues no hay un acuerdo unánime sobre este particular, la única prueba es tan solo una misteriosa carta enviada a la redacción del periódico el Faro de Ceuta que rubrica alguien que se autodenomina "el soñador", carta y sobre de color verde agua y con un inconfundible y suave aroma a jabón de flores. La carta es muy escueta va dirigida al presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta señor Juan Vivas Lara y sin más comienza así: Muy señor mío, me dirijo a usted con la firme convicción de que este pequeño experimento de cuarenta y ocho horas de duración pueda hacerle recapacitar y tenga a bien tomar medidas que vayan encaminadas a cambiar la realidad sonora de su ciudad, ahora bien estos cambios de seguro que también afectaran al tejido social y económico por lo que tendrá usted que tener buenas dosis de diplomacia y mucha firmeza para poder llegar a convencer a los señores del dinero de que la hora del cambio ha llegado y que se deben buscar nuevas formas de hacer dinero que no sea a costa de romper la calidad de vida de los ciudadanos y el gran patrimonio del silencio de los sonidos a los que cualquier ser humano puede habituarse, dentro de los cuales no entran precisamente los sonidos de los automóviles ni mucho menos los insufribles sonidos de las obras civiles, se trata de organizar la vida social entorno a otros valores que respeten a la ciudad y a sus ciudadanos, el que suscribe esta carta desea un convencimiento sin coacción pero su paciencia ha llegado al limite pues ya eran muchas las quejas de falta de sueños y de ausencia de sueño y descanso conveniente entre los seres humanos y el dispendio económico por el motivo de los ruidos que debería soportar el maltrecho presupuesto estatal y autonómico suficiente sobrecargado de lastres, ahora bajas laborales, más tarde tratamientos terapéuticos desorbitados, etc., lamentándolo mucho si no se empieza a trabajar para poner los medios legislativos que propicien el necesario cambio social estoy dispuesto a mantener el paro general en la ingeniería civil y en el parque de automóviles para siempre con el consiguiente perjuicio al avance social y a la modernidad, obviamente solo se trata de volver a retomar unos usos del parque de automóviles moderados y las promociones de obras civiles necesarias que respeten al patrimonio histórico y que no estén al servicio de la especulación, atentamente se despide de usted "el soñador". La directora del periódico quedó petrificada por el miedo que infunde el poder de este personaje que firma la carta, quién podría tener el poder para frenar el tráfico y las obras civiles y además atreverse a retar a la institución política a que no solo cuestione sino que cambie nada más ni nada menos que el propio modelo económico imperante en la sociedad humana. Las reacciones no se hicieron esperar, la primera la de los representantes de las religiones monoteístas que vieron la mano del gran hacedor en todo esto y veían con gran recelo que se pudieran crear sectas y nuevas religiones en torno a este nuevo poder paralizante de las actividades económicas contrarias al medioambiente y al patrimonio histórico. El señor Vivas convocó su gabinete de crisis para preparar una respuesta económica eficaz que contentara al llamado señor "soñador" y también a los prebostes de la especulación en Ceuta, lo cual era sencillamente inviable. Lo primero fue culpar a Septem Nostra del problema y después, como de costumbre, presentó también algunas iniciativas complementarias poco convincentes y algo cutres para la reactivación económica basadas en incentivar los viajes turísticos de jubilados andaluces a Ceuta y cosas así que hicieron bostezar a su propio consejo de gobierno. Por último, la mayor de sus apuestas económicas se basan en la consabida solicitud al estado central de apoyo financiero constante debido claro está a la crisis y a las especiales condiciones geopolíticas de Ceuta, esto último fue muy aplaudido por toda su corte de fieles admiradores y grandes mentes pensantes de las que suele rodearse el señor Vivas. Después de esto, el propio soñador quedó tan consternado por la falta de ideas y de iniciativas de cambio que envió otra carta que no reproducimos debido a su extensión pero en la que le dedicaba algunas lindezas al presidente y lo instaba a no culpar de esto a Septem Nostra, que nada tenían que ver en sus propias decisiones, que él mismo había tomado por petición expresa de muchos ciudadanos que de forma indirecta y a través del sueño o mejor dicho del no sueño (estado de estrés por el ritmo de vida y la sed de dinero, los ruidos y los atascos) se lo habían hecho saber. Claro que estos canales de comunicación son ignorados por quienes redactamos este informe de los hechos. Los prebostes crearon una asociación de damnificados por la falta de enriquecimiento diario a la que el soñador les había sometido, se fueron hasta la frontera con el vecino país y fundaron una fábrica de prefabricados con el fin de transportar los edificios flotando por el mar a imagen y semejanza de los que transportan las llamadas "lavadoras flotantes" y otros enseres hacia el otro lado de la frontera. Su lema fue "ni un minuto más sin ganar dinero". Finalmente los seres humanos están unidos por "las mismas necesidades". Los profesionales del transporte público se decidieron por una movilidad a lo asiático con ruedas de carro y trasportín pero sin gorrito ni coleta pues esto dejaría en los usuarios un regusto oriental o mandarín poco apropiado y no quedaría bien en una ciudad con tan brillante pasado histórico. Después de dos días de experimento, muchos llegaron tarde al trabajo pero con un regustillo de satisfacción por haber movido el esqueleto si bien esto fue obligado por las circunstancias. Otros al pasear empezaron a ver cosas que antes no veían e incluso se indignaron de que se estuvieran dejando morir algunos edificios históricos. Muchos otros, al no hacer uso del vehículo se dieron cuenta de la cantidad de espacio que ocupan en la calle sus inmensos coches y del escaso espacio que les queda a las personas para moverse entre ellos. Algunos aprendieron a recoger a los hijos del colegio a pie y soportar los diez minutos que llevará el recorrido. El sector sanitario está exultante de felicidad pues han disminuido en dos días los infartos y dolencias cardiacas, la dirección aún más por el ahorro producido. Una euforia de sostenibilidad se extendió por la ciudad y se llegaron a crear asociaciones en defensa de todo género y con ámbitos de actuación reducidísimos, desde la asociación para la defensa de los árboles del patio que está frente a mi casa hasta el instituto para la defensa de las balaustradas ceutíes de la calle Alfau, y así un largo etc. Septem Nostra quedó bastante olvidada pues dejó de ser útil. Al día siguiente se reanudaron los ruidos de siempre y la moratoria del llamado soñador quedó en suspenso. Solo una escueta nota fue enviada a la dirección del El Faro dónde solo rezaba "ahora es cosa vuestra", cordialmente el soñador.
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