Asociación Cultural Septem Nostra
Ceuta, 1 de marzo de 2008
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Dimisionarios del compromiso
Septem Nostra
  No podemos ni debemos exigir compromiso a quienes no están dispuestos a ofrecerlo de manera voluntaria y serena, asumiendo todas las consecuencias que les depare el fruto de su decisión. Pero también entendemos, sin la malsana intención de ofender a nadie, que bien podríamos exponer algunas reflexiones al respecto de la falta de implicación y de compromiso. Estas podrían y deberían ser consideradas como nuestra particular visión, de la realidad ceutí, sobre la ausencia de compromiso existente entre las personas que tienen mucho dinero versus mecenas, y también entre los que tienen elevada instrucción académica o autodidacta frente a los intelectuales.

En Ceuta, llama poderosamente la atención la falta de apoyo de las empresas privadas y de las personas con grandes fortunas personales a las causas culturales y ambientales. Dos grandes cajas de ahorro instaladas en Ceuta se preocupan por organizar actos culturales y traer exposiciones a nuestra ciudad. En Melilla, además de estas instituciones financieras, al menos existe una institución privada creada por un rico mecenas que invierte en desarrollo cultural y que también está preocupado por la gestión ambiental, nos referimos a la Fundación Gaselec. En Ceuta, no constatamos que exista algo equivalente y, sin embargo, sí que hay personas que han reunido grandes sumas de dinero pero que, atendiendo a su falta de compromiso en lo cultural o ambiental, ofrecen la impresión de dedicarse a invertir más en sus propios negocios o bien a hacer más dinero a través de operaciones financieras y así sucesivamente. En fin, por desgracia para nuestro patrimonio histórico y natural, no podemos referirnos a ellos como grandes filántropos que desean dejar a la posteridad algo relacionado con la cultura o el medioambiente, en definitiva, alguna infraestructura digna de su poderío económico. Es más, podríamos incluso intuir con escaso margen de error que algunos de ellos son los grandes causantes del entuerto político-económico denominado "Manzana del Revellín". Claro que en el colectivo de los que más dinero tienen de Ceuta hay un variopinto abanico de almas de todo tipo, como no podía ser de otra manera. Y en el plano de la asistencia humanitaria, que nada tiene que ver con nuestro artículo de opinión, es dónde se encuentran muy posiblemente las honrosas excepciones ceutíes de mecenazgo.

Todas estas personas ricas han sido y son muy bien tratadas y consideradas por el poder político establecido pero unas pocas hicieron o incrementaron considerablemente su fortuna a partir de prebendas emanadas directamente de la Ciudad Autónoma antes simplemente Ayuntamiento. Los más bondadosos de los ricos suelen organizar actos benéficos con aparato mediático donde curiosamente se convierten en recaudadores y no en principales contribuidores o contribuyentes a la causa que se recauda. Los de reciente fortuna, tienen el mismo derecho a ser considerados ricos pero se tiende licenciosamente a denominarlos nuevos ricos. Este tratamiento poco decoroso es una demostración de la mucha envidia que le profesan los menos virtuosos de entre los ricos, se encuentran entre los ricos recientes, algunos de especial impiedad en contra de lo que merece la pena conservarse del medio ambiente o el patrimonio cultural.

La semana pasada se expuso con claridad lo que pensábamos sobre aquellos que teniendo bagaje universitario o siendo del ramo autodidacta con suficiente preparación no se comprometen en alguna medida con el avance de la sociedad. Otra lectura podría ser desarrollada en clave del más grave de los egoísmos y posiblemente de los pecados tal y como indica algún monoteísmo o quizá varios de ellos, es decir la omisión. Los que practican la omisión son a nuestro modo de ver grandes culpables de la situación actual de infra-desarrollo en la gestión política de todo lo que no son ladrillos e intereses electoralistas de los partidos políticos. Atenúa pero no disculpa  el hecho de no ser consciente de la omisión de participación. Cabría plantearse que los centros educativos donde se han instruido han sido financiados con dineros públicos y por lo tanto la misión vital sería sumamente pobre y ferozmente egoísta sin una pizca de compromiso en beneficio de todos. El conformismo complaciente del que disfrutan algunos instruidos bajo el ala del poder político y su silencio, los convierte automáticamente en cómplices de los desaguisados. Su conducta lisonjera hacia el poder deja completamente solos a los que sí se comprometen ante el más absoluto peligro de ser tachados de radicales en la defensa de cuestiones tan transcendentales al devenir del ser humano desde que se formó la civilización, como son sus señas de identidad histórica y la relación que mantiene con su entorno y medio ambiente. En una interpretación que reconocemos sumamente libre, exponemos que el intelectual, aparte de instrucción, debe poseer, sobre todo, un constante espíritu de superación personal. Huir de las tinieblas de la mediocridad y el conformismo, es decir permanecer en perpetuo estado de rebeldía ante las imbecilidades y arbitrariedades del poder y tener un infinito apetito de curiosidad por conocerlo todo, sabiendo que solo conocerá una ínfima parte de aquello que llamamos realidad.

Inmersos en una era donde se están produciendo grandes cambios de paradigma sobre la visión que tiene el ser humano de sí mismo y de todo lo demás que puede atenderse bajo la óptica de los sistemas de conocimiento, nuestra ciudad continúa con enormes carencias en cuestiones que atañen a la civilización moderna. Estas son, sobre todo, las relacionadas con el medioambiente y sus necesarias infraestructuras y también el patrimonio histórico y a las señas de identidad. La especulación se abre paso y la cara más siniestra la presenta mirando al Monte Hacho. Ceuta necesita Mecenas e Intelectuales. Mientras estos llegan, nuestros gobernantes se hacen las fotos entre aplausos de aduladores y masa de ciegos seguidores, los instruidos sin intelectualidad levitan de presunción, los más siniestros y mediocres intentan desprestigiar y controlar para que nadie sobresalga mucho por encima de ellos (pero no lo consiguen) y los chicos ricos se hacen más ricos y organizan veladas inapropiadas a los tiempos que corren.

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