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Asociación Cultural Septem Nostra
Ceuta, 3 de febrero de 2007
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La planificación inexistente
Septem Nostra
Al igual que los seres humanos, las ciudades también tienen unas señas de identidad manifiestamente diferentes entre ellas, que las llevan a su vez a exhibir unos comportamientos únicos y propios ante el resto del mundo. En nuestra Ceuta hay muchas señas de identidad conocidas y, por desgracia, una de las más negativas es la ausencia de planificación, es decir la planificación inexistente desde el ejercicio del poder. Para realizar esta afirmación nos basamos en unos hechos objetivos que a nadie, ni siquiera a los más benevolentes y cándidos, pueden pasar inadvertidos. Aquí van unos pocos ejemplos sobre esto que comentamos.
Uno de los primeros hechos, a los que nos vamos a seguir refiriendo como síntomas a partir de ahora, es el desastre urbanístico. La construcción de viviendas se está convirtiendo en un auténtico desaguisado que está destruyendo el paisaje urbano de la ciudad. Los especuladores campan a sus anchas, solo tienen que fijarse en la barbaridad que han hecho sobre el almacén militar en la rampa de abastos. Sin embargo, no olvidemos que, a la cabeza del desastre va la propia administración autonómica, que se permite realizar actuaciones tan desafortunadas como la producida en el Sarchal. En definitiva, todo el Monte Hacho está amenazado por las grúas y las palas. Por cierto que la administración general del estado mira para otro lado y no parece que le interesen mucho los problemas de nuestro terruño. Otro de los hechos sintomáticos es el caos del tráfico. Aquí, ni siquiera la congestión está planificada como diría Virginio Bettini (destacado ecologista italiano) sino que está completamente improvisada siendo, como reza el título de nuestro artículo de opinión, completamente inexistente. No será por falta de policías locales que no se puede poner un poco de orden en el caos en el que se ha convertido el tráfico en nuestra ciudad. No parece, sin embargo, que el problema de la movilidad se vaya a arreglar por sí solo por arte de magia esperando que los ciudadanos entren en razón. El problema del tráfico no puede esperar a que la educación vial o ambiental haga su efecto, que por otra parte no ha sido muy positivo. Visto lo que llevamos visto sobre la enfermedad del tráfico, si es necesario, el ciudadano de turno es capaz de estar sentado en el coche sin avanzar durante horas hasta que la autoridad competente haga algo. Cuando lo único que puede hacer es indicarle que deje el coche en su casa y vaya andando, también se pueden cerrar calles al tráfico de vehículos particulares o quizá ensayar algo de planificación a favor de la movilidad. El completo desorden y desconcierto que reina en algunas consejerías de la Ciudad Autónoma es también un síntoma de estos que no ceja de asombrarnos por lo reiterativo y por lo que a falta de interés se refiere. Después de años y años haciendo las mismas cosas con respecto a ciertos servicios, todavía hay personas que no saben dónde tienen que llamar, en el orden en el que tienen que hacerlo y porqué. El peor de todos estos síntomas consiste en intentar tomarnos el pelo a todos sin excepción de credo, clase social o edad. La construcción e instalación de las estatuas de personajes históricos y mitológicos ejemplifica muy bien este tipo de síntoma, esto ha sido una de las mayores improvisaciones de este ejercicio político en materia de embellecimiento urbano. Porque claro, las comparaciones son muy odiosas pero el gran desembolso efectuado por la administración autonómica obliga a replantearse la situación. Sobre todo cuando no les tiembla el pulso a la hora de recortar los presupuestos de los temas que sí son importantes en relación al patrimonio histórico y cultural, y también medioambiental. El desembolso que ha realizado la ciudad ha sido demasiado elevado para tan escaso rendimiento cultural. Además, tampoco se entiende bien porqué la Institución Portuaria tiene que sufragar la instalación de dos estatuas en la bocana con unos costes fuera de lo normal. Desde Septem Nostra estaremos bien atentos al desenlace del caso de las estatuas porque auguramos que todavía habrá más información relacionada con este tema. Los seres humanos somos absurdos y en muchas ocasiones hacemos cosas sin sentido, por lo tanto, debemos ser benevolentes con nosotros mismos y con los demás. No obstante, esperemos que la falta de planificación en la acción política en Ceuta no nos lleve a situaciones tan absurdas como las que se viven hoy en día en relación a lo comentado anteriormente y podamos disfrutar de las novelas del gran Italo Calvino (sobre la trilogía nuestros antepasados) pensando que se trata de ficción y no de la más pura de las realidades.
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