Asociación Cultural Septem Nostra
Ceuta, 17 de febrero de 2007
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Hacia el suicidio colectivo
Septem Nostra
La cuestión respecto al tamaño que debe tener una ciudad ha sido tratada desde la antigüedad hasta nuestros días sin que se haya podido establecer una respuesta clara y concluyente. Para Platón, el número ideal de ciudadanos rondaba las cinco  mil personas, correspondiente a la cantidad de gente que podía oír la voz de un solo orador y, por tanto, participar en la vida política activa de su época. Más cercano en el tiempo, Le Corbusier eligió el número de tres millones como el más apropiado. Lógicamente el tamaño de una ciudad, por encima de cualquier otro parámetro, está condicionado por su entorno geográfico. El caso de Ceuta es similar al que se vive en un espacio insular, sus límites máximos de expansión vienen dados por su perímetro litoral y por la línea fronteriza con Marruecos. Con estos condicionantes el debate sobre el tamaño de la ciudad debería adquirir una elevada notoriedad desde la perspectiva ecológica y social. Sin embargo, esta imprescindible reflexión en cuanto a las posibilidades reales del territorio ceutí para seguir creciendo en tamaño y población no figura en los discursos políticos ni en las agendas de las administraciones central y autonómica.

Un simple dato estadístico, como la densidad de población,  resulta indicativo de la magnitud del problema al que nos enfrentamos, sino buscamos una solución contundente. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, la densidad de población de Ceuta se sitúa en  3.864,27 habitantes/Km2, cuando la media nacional es de 85 hab./Km2. Con una población actual de 75.861 habitantes y una tasa de crecimiento vegetativo de 0,69 %, superaremos los 80.000 habitantes en el próximo quinquenio. Las consecuencias medioambientales y sociales de tan alta densidad de población están presentes en nuestra realidad cotidiana: congestión urbana, colapso del tráfico, segregación social, conflictividad, comportamientos incívicos, alarmante tasa de población desempleada, etc..., son algunos síntomas del problema que genera una desproporción tan acusada entre las dimensiones del territorio y el número de población que habita en Ceuta.

Las limitaciones en cuanto al tamaño, a la densidad y al área urbana son imprescindibles para facilitar unas correctas relaciones sociales en el seno de la ciudad. Las fuerzas resistentes a establecer este tipo de limitaciones se basan en la equivocada idea de que el crecimiento de la magnitud de las ciudades son signos de progreso y un índice positivo para la economía local. Por el contrario, el establecimiento de cualquier tipo de límite se considera una decisión arbitraria que reduce las oportunidades económicas y detiene tanto el curso inevitable del cambio como el desarrollo económico. Este tipo de objeciones, en opinión de Lewis Mumford,  se basan en la “superstición”, además de la clara intención de mantener un sistema económico especulativo que requiere una constante apropiación de nuevos territorios que urbanizar y explotar sostenidamente.

El debate en torno a los límites del crecimiento urbano, y por ende humano, ya se está planteado en lugares con similares condicionamientos geográficos que Ceuta. En Canarias se están alzando voces que reclaman la adopción de medidas tendentes a regular el nivel de población. Diversos colectivos canarios piden una “Ley de Residencia”, similar a la que tienen establecida otros territorios de la Unión Europea con el objetivo de controlar el asentamiento de nuevos pobladores, incluidos los de origen nacional o comunitarios. Este es el caso de Córcega, Cerdeña, Sicilia, Islas Feroes y muchas islas del mar Egeo, por citar tan sólo algunos ejemplos.

Los canarios se han echado a la calle para manifestarse a favor de una “Ley de Residencia”, sosteniendo una pancarta en la que se lee: “No cabemos más”. Un slogan bastante elocuente que alerta sobre un problema que ha suscitado un amplio debate ciudadano y político en la Comunidad Canaria. Quienes defienden esta ley alude a una alta densidad de población que roza los 500 hab./km2 en algunas capitales del territorio canario. En Ceuta, como hemos indicado anteriormente, superamos ampliamente los 3000 hab., y a nadie parece preocuparle demasiado. Aquí, por el contrario, seguimos planeando construir todas las viviendas que podamos para intentar satisfacer una demanda que lo único que hace es multiplicar los precios en beneficio de los especuladores aún  a costa de nuestro escaso territorio. De igual modo, destinamos ingentes cantidades de dinero público en aumentar las infraestructuras viarias (desdoblamiento del Paseo de las Palmeras, aparcamiento subterráneo de la Plaza de los Reyes, enlace puerto-frontera, etc… ) para facilitar la conducción de vehículos, cuyo resultado final es el aumento del parque móvil y la congestión del trafico rodado.

Otros síntomas del desbordamiento de la capacidad de carga del territorio ceutí son la dificultad para el suministro de energía eléctrica (verdadera razón de los continuos apagones que sufrimos en la ciudad) y de agua. Algunos nos preguntamos cuantos módulos más  tendremos que añadir a la desalinizadora en los próximos años para llevar el agua a todos los hogares de Ceuta.

La insostenibilidad del modelo de crecimiento urbano y poblacional ceutí nos conduce hacia un suicidio colectivo que conllevará una progresiva pérdida de la calidad de vida, el aumento de la conflictividad social, el deterioro medioambiental y la total destrucción de un paraje natural y cultural de extraordinario valor.

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