Asociación Cultural Septem Nostra
Ceuta, 2 de diciembre de 2006
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Paremos los arboricidios
Septem Nostra

El pasado domingo nuestro amigo y asociado José Ferrero dedicaba una merecida dosis de “arena” a la tala de una hilera de plátanos, de medio siglo de antigüedad, en la calle Padilla. Al parecer el motivo de esta tala indiscriminada de árboles se debe a la apertura de un acceso a los garajes de la Manzana del Revellín. Con independencia de la justificación esgrimida para la muerte de estos decanos árboles consideramos este acto un atroz atentado contra el arbolado urbano de Ceuta. Desgraciadamente no es la primera vez que ocurre un hecho similar, así recordamos los árboles que fueron cortados de raíz en la plaza anexa a la Catedral; la Jacaranda que eliminaron en la popular “Jota”; o más reciente en el tiempo, la brutal tala de unos enormes eucaliptos en la carretera de acceso a Loma Margarita. Todas estas acciones han sido públicamente condenadas por la asociación Septem Nostra sin que hayamos conseguido sensibilizar lo suficiente a quienes deciden este tipo de execrable actos que merman el paupérrimo patrimonio arbóreo de nuestra ciudad. La solución no es, desde luego, colocarnos esos ridículos árboles plantados en estereotipados maceteros circulares. 

Tal y como hemos señalado en todas las ocasiones en las que hemos tenido noticia de actos de arboricidios, las vigentes normas urbanísticas  obligan a la protección y conservación del arbolado existente en el espacio público (art. 9.11.25 de las Normas Urbanísticas de P.G.O.U), así como a la reposición inmediata de cualquier tipo de arbolado en la vía pública. Se trata de una norma de obligado cumplimiento en el territorio nacional que algunas comunidades autónomas han reforzado con la promulgación de una ley específica para la protección y fomento del arbolado urbano. Este es el caso de la Comunidad de Madrid, cuyo gobierno, presionado por los grupos ecologistas y defensores del patrimonio, se vio obligado a dar un paso hacia adelante para proteger los árboles con más de diez años de antigüedad o veinte centímetros de diámetro de tronco. Esta ley restringe al máximo los supuestos en los que puede autorizarse la tala de un árbol que, en cualquier caso, solamente podrá llevarse a cabo mediante decreto del Alcalde singularizado para cada ejemplar, previo expediente en el que se acredite la inviabilidad de cualquier otra alternativa. Cuando la tala sea la única alternativa la ley madrileña obliga a plantar un ejemplar adulto de la misma especie por cada año de edad del árbol eliminado. De este modo, si en vez de Ceuta esta tala de la calle Padilla hubiera sucedido en Madrid tendría el ayuntamiento que plantar no menos de trescientos ejemplares de plátanos.

En Ceuta, como en muchos otros aspectos de la política medioambiental y patrimonial, mantenemos un considerable retraso con el resto de comunidades autónomas en la protección del arbolado urbano, aunque para ser justos hay que decir que en todos los sitios se cometen tropelías del tipo que denunciamos en este artículo. Dicho esto, consideramos que ha llegado el momento de sumarse al amplio listado de ayuntamientos españoles que han decidido abandonar el acendrado desprecio a los arbolados urbanos adhiriéndose a la Carta de Barcelona “El Árbol y la Ciudad”, suscrita en la ciudad condal en 1996. Este documento sostiene que “el árbol contribuye al enraizamiento de la cultura en el lugar y a la mejora de las condiciones de habitabilidad en el medio urbano, factores ambos determinantes de la calidad de vida en la ciudad”. Entre las medidas que se proponen para la conservación del arbolado urbano se apuesta por el desarrollo de informaciones, inventarios, técnicas de gestión, prácticas, procedimientos, productos y servicios que posibiliten la implantación del árbol en la ciudad, en condiciones de calidad y dignidad.

Son muchos los beneficios que nos reportan los árboles, demasiados para ser ignorados, entre ellos su capacidad para absorber la radiación, disminuir la temperatura en verano, además sirven de hábitat a la avifauna, aportan oxigeno a la atmósfera, retienen las partículas de polvo, reducen el estrés y disminuyen la contaminación acústica, entre otros. Unos méritos suficientes para justificar la protección, conservación y acrecimiento del arbolado urbano en Ceuta.

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