Asociación Cultural Septem Nostra
Ceuta, 25 de noviembre de 2006
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La calidad del centro histórico de Ceuta
Septem Nostra

En los últimos tiempos estamos escuchando continuas alusiones al centro histórico de Ceuta. Muchos de los comentarios que hacen referencia al centro histórico están relacionados con recientes actuaciones urbanísticas en este sector de la ciudad. Una de las últimas en ser oficialmente inauguradas ha sido la nueva Plaza de los Reyes. Con este motivo el Presidente de la Ciudad Autónoma ofrecía una entrevista al Faro de Ceuta, cuya titular rezaba  “Ceuta puede estar orgullosa de la calidad de su centro histórico”. Estas palabras, que merecen todo nuestro respeto, consideramos que necesitan un comentario por parte de nuestra asociación.

La asociación Septem Nostra ha dedicado muchos artículos de opinión y ha realizado continuos llamamientos en pro de la conservación del patrimonio arquitectónico en general, y de manera especial a favor de los numerosos inmuebles de interés patrimonial presentes en el centro urbano. A pesar de nuestra insistencia en solicitar una protección efectiva de los edificios que aportan identidad al centro histórico ceutí hemos sido testigos de la destrucción del baluarte de San Francisco, aún siendo Bien de Interés Cultural; al desmantelamiento del Pasaje Fernández, obligando al desalojo de quienes vivieron allí toda su vida; al derribo de la calle Real nº 2; al progresivo deterioro de la calle Alfau; y en términos generales, a la renovación del centro urbano por nuevos edificaciones que además de sustituir a inmuebles de interés arquitectónico han distorsionado notablemente la imagen de la ciudad.

La renovación que está experimentando el centro histórico de Ceuta, refiriéndonos con este concepto a la sustitución de antiguos edificios por otros de nueva planta, está causando graves prejuicios en el patrimonio histórico de nuestra ciudad. Mientras que en las calles principales, dígase Paseo del Revellín, Paseo de las Palmeras, o Camoens, las sustituciones son más puntuales o mejor integradas con la tipología tradicional de la arquitectura civil del pasado siglo, en algunas calles menos transitadas estamos presenciando un masivo arrasamiento de la ciudad heredada. La relación de calles que están siendo victimas de la piqueta demoledora es muy amplia, incluyendo a las calles Velarde, General Aranda, General Yague, Teniente Pacheco o parte alta de la calle Real. Un caso especialmente significativo de este proceso de renovación indiscriminada en el centro histórico es el de la calle Velarde, víctima en estos últimos años de una destrucción sin paliativos.

El resto de lo que aún perdura del centro histórico, conformado en su mayor en la primera mitad del siglo XX, sufre un abandono nada inocente que busca una degradación de su imagen externa que justifique en un breve periodo de tiempo su declaración de ruina. Este mecanismo especulativo hunde sus raíces en el desarrollismo imperante en los años 60 y 70, estando hoy día desechado en la mayor parte de las ciudades desarrolladas. En nuestra ciudad no hemos conseguido desligarnos de este tipo de prácticas que permiten la obtención de una mayor rentabilidad de las operaciones inmobiliarias. Más si cabe en una ciudad en la que cada día se marca una separación más clara entre el centro y la periferia, en cuanto al acceso a ciertos servicios básicos (comercio, ocio, administraciones, etc…).

En Ceuta muchos aún siguen considerando a los edificios de cierta antigüedad como signos de pobreza y subdesarrollo. Lo antiguo es considerado por algunos como sinónimo del pasado, como lo es desarrollo económico de renovación urbana. Este tipo de pensamiento anclado en etapas superadas de la política urbanística perdura en nuestra ciudad, donde las políticas de rehabilitación que se iniciaron en buena parte de España a partir de los años 70, son tan incipientes que apenas se sienten en el entramado urbano. De hecho las primeras ayudas dirigidas a la rehabilitación de edificios de interés históricos se iniciaron hace apenas un año y medio, cuando son norma habitual desde hace décadas en la mayor parte de las ciudades españolas. En cualquier caso, se trata de un programa de ayudas y no de una política planificada y comprometida tendente al mantenimiento integral de la ciudad heredada.

Un último apunte que queremos introducir respecto a la pretendida “calidad de nuestro centro histórico” tiene que ver con la calidad estética y arquitectónica de los edificios de nueva planta que se están construyendo en el centro urbano. La idea que algunos han pregonado sobre la supuesta inexistencia de un verdadero centro histórico ha justificado que se libere a los arquitectos de cualquier medida de armonización en el diseño de las nuevas edificaciones con el entorno arquitectónico en el que se insertan. Como consecuencia de la “libertad artística” otorgada a los arquitectos han aparecido tipologías incompatibles con la morfología del centro histórico. El resultado final es una imagen urbana de pésima calidad, donde cabe cualquier edificio de corte vanguardista, caso del edificio recientemente construido en las proximidades de la iglesia de los Remedios, con una peculiar fachada multicolor que tiene desconcertados a muchos ceutíes. Poco importa que en el entorno de este nuevo edificio se ubique una iglesia construida a principios del siglo XVIII o que justo enfrente nos encontremos con un inmueble incluido en el catálogo de edificios protegidos en el Plan General de Ordenación Urbana.

Yo no sé si ustedes, amables lectores, comparten nuestro punto de vista, pero desde luego parece poco acertado hablar de calidad para un centro histórico en vías de extinción, renovado bajo criterios urbanísticos trasnochados y especulativos que tan sólo buscan obtener unas elevadas plusvalías para unos pocos a costa del patrimonio heredado.

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