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Asociación Cultural Septem Nostra
Ceuta, 21 de octubre de 2006
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Por la conservación de las baterías de costa de Ceuta
Septem Nostra
En los últimos decenios las fuerzas armadas españolas se han ido adaptando a los cambios en la situación geopolítica internacional y a los avances en la maquinaria de guerra. Como consecuencia de estos cambios se ha producido un paulatino abandono de muchas instalaciones militares. Entre estas dependencias castrenses que han sido desechadas para su uso militar destacan las numerosas baterías de costa que jalonaban los principales puertos de interés estratégico de España (Cartagena, Ferrol, Mahón, Ceuta, Melilla, etc…). La mayor parte de estas baterías armadas con artillería de gran calibre fueron abandonadas en los años 60. Desde entonces se encuentran en desuso sin que nadie haya reparado en el valor patrimonial de estas instalaciones militares. Ni sus legítimos propietarios, el Ministerio de Defensa, ni las autoridades culturales competentes han hecho nada por mantener y conservar el rico patrimonio arquitectónico militar moderno y contemporáneo que suponen las baterías de costa. La razón puede que estribe en la dificultad de identificar a estas construcciones como integrantes del patrimonio cultural por su relativa modernidad y su relación con episodios recientes de nuestra historia.
Tal y como indicamos con anterioridad, Ceuta forma parte de los enclaves militares costeros donde, a partir de mediados del siglo XIX, se construyeron un elevado número de baterías de costa adaptadas a las descomunales dimensiones de la nueva artillería importada desde los talleres alemanes. El listado de baterías costeras construidas en Ceuta es muy amplio destacando por su antigüedad y tamaño las de Valdeaguas, Torremocha, Pintor y Punta Negra. Los primeros episodios que se vivieron durante la Guerra Civil pusieron a prueba las baterías de costa ceutíes. La ciudad resistió el ataque de los acorazados republicanos, aunque se registraron importantes daños en el interior de la fortaleza del Hacho. Pronto se vio la necesidad de reforzar la defensa de la ciudad que se llevó a cabo con la instalación de varias piezas de artillería 152,4/50 Vickers, procedentes del acorazado “Victoria Eugenia”. Para su instalación se construyó en la zona de Benzú la batería de Punta Blanca, conocida por muchos ceutíes como la K-8. El futuro de este establecimiento militar es motivo de preocupación para nuestra asociación, tras tener conocimiento de la decisión del Ministerio de Defensa de proceder a su abandono y al desmantelamiento de las piezas de artillería allí instaladas. Según hemos podido saber se pretende desmontar uno de los cañones Vickers con destino al museo militar que se tiene previsto habilitar en el acuartelamiento de González Tablas. El resto de los cañones van a ser desmontados y desguazados. Desde Septem Nostra consideramos que la batería de Punta Blanca, incluyendo las piezas de artillería, tiene que ser protegida y conservada por ser un elemento integrante de nuestro patrimonio cultural. La obligación de su protección se sustenta en el contenido de la Disposición Adicional Segunda de la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español que considera de Interés Cultural los bienes a que se refiere el Decreto de 22 de abril de 1949. Este decreto protege de manera genérica todas las construcciones de arquitectura militar y defensiva, habiéndose aplicado en la declaración de los Bienes de Interés Cultural que fueron así considerados en nuestra ciudad entre finales de 1997 y principios de 1998. En este proceso de reconocimiento como Bienes de Interés Cultural de los numerosos elementos de arquitectura militar presentes en nuestra ciudad quedaron fuera inexplicablemente algunos inmuebles que deberían ostentar este grado de protección jurídica. A principios de 1999, la Comandancia General de Ceuta remitió a la Consejería de Cultura un completo informe de los inmuebles declarados Bien de Interés Cultural, así como una relación de edificios para los que consideraba conveniente solicitar su declaración de Bienes de Interés Cultural al serles de aplicación el aludido Decreto de 22 de abril 1949, sobre protección de los castillos españoles. En esta relación figura la propia batería K-8, además de las del Pintor, Torremocha, Santa Catalina, Cuatro Caminos, Obispo, Punta Negra y San Antonio. Éstas y otras baterías de costa de titularidad distinta a la militar como la de Valdeaguas, las Cuevas o Fuente de Hierro merecen ser reconocidas como integrantes del patrimonio cultural y puestas en valor para el disfrute de la sociedad ceutí. El aprovechamiento turístico de este tipo de instalaciones está siendo potenciado en localidades como Cartagena, un ejemplo que bien se podría seguir en nuestra ciudad. Esta localidad murciana, tan similar en muchos aspectos con Ceuta, ha promovido un Plan Director que se centra en la recuperación de las baterías de costa para que, en último término, éstas sean declaradas Patrimonio de la Humanidad. La idea de convertir las baterías de costa en un recurso turístico dista mucho de la pretensión del Ministerio de Defensa de convertir en chatarra las piezas de artillería de la batería K-8.
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