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Asociación Cultural Septem Nostra
Ceuta, 28 de octubre de 2006
BLOGS
Miopía institucional
Septem Nostra
A lo largo de los más de cinco años de actividad de la asociación Septem Nostra hemos transmitido a las autoridades competentes y a la opinión pública ceutí nuestras inquietudes respecto a los problemas de protección y conservación que afectan al patrimonio cultural ceutí. Este dilatado espacio de tiempo ha servido para identificar los problemas que amenazan a los numerosos bienes culturales que vemos, tocamos o sentimos. Muchos de estos problemas resultan evidentes y, por tanto, fáciles de identificar y diagnosticar. Para otros, por el contrario, resulta más compleja su apreciación al ser más sutiles o sus causas difíciles de delimitar con precisión. En su conjunto, el análisis realizado ha permitido reflexionar en torno a la situación del patrimonio cultural ceutí con el principal objetivo de llamar la atención no sólo de quienes tienen la responsabilidad de asegurar su correcta protección y conservación (principalmente las autoridades competentes y sus propietarios), sino principalmente de sus legítimos depositarios: el pueblo de Ceuta. Decimos depositarios ya que consideramos que las generaciones actuales tenemos la enorme responsabilidad de velar por un patrimonio al que tienen derecho disfrutar los ceutíes del futuro. Vivimos inmersos en una sociedad en la que prima lo efímero sobre lo sólido y permanente. Los ciudadanos nos vemos arrastrados por los principios de una economía capitalista en la que el individuo es una pieza de un engranaje que no puede detenerse y cuya subsistencia depende de seguir creciendo sin interrupción al mayor ritmo posible. Nuestra calidad de vida depende cada vez más de nuestra capacidad de integración en el sistema impuesto, conscientes de que descolgarse del mismo supone entrar en el cada vez más abultado grupo de marginados sociales. Aquellos que tenemos la fortuna de disfrutar de los parabienes de nuestra sociedad globalizada nos sentimos cada vez más aislados de la realidad que nos rodea. Nuestra vida, en el mejor de los casos, discurre entre las cuatro paredes de la casa, sustituto del prehistórico refugio cavernícola; el coche, y el lugar de trabajo. El entorno en que nos desenvolvemos se siente más como un escenario vital que como el tradicional espacio de referencia identitaria y relación interpersonal. No nos debemos extrañar que en este contexto de pérdida de referentes miremos cada vez más a nuestro alrededor para localizar aquellos elementos que nos sirven de unión con la naturaleza, hábitat natural del hombre, y con las improntas que la humanidad ha ido dejando huella en multitud de obras materiales e inmateriales, aquello que solemos denominar patrimonio cultural. La degradación del entorno natural y cultural de Ceuta es un hecho evidente, por mucho que nos quieran vender la falsa imagen de una ciudad renovada. Puede que esto valga para algunos puntos del centro urbano, pero no se corresponde con la realidad general de Ceuta. Nuestra percepción de la situación actual de la ciudad es muy preocupante, sin querer con ello ser catastrofista ni pesimista. Uno de los aspectos que más preocupa es la permisividad en la ocupación ilegal del territorio. Los núcleos de viviendas fuera de ordenamiento no paran de crecer, a la vez que surgen nuevos focos de construcciones ilegales en cualquier lugar. En muchos casos no se tratan de simples chabolas sino que nos enfrentamos a edificaciones de varias plantas de altura que no respetan a las más elementales normas de edificación. Sirva como ejemplo los nuevos inmuebles que se están construyendo en la barriada del Sarchal o el Recinto Sur. Junto a estas viviendas suelen aparecer vertederos incontrolados compuestos en su mayoría por los propios residuos que generan estas construcciones ilegales. El problema de las construcciones ilegales es tan evidente que nos llama poderosamente la atención la falta de una respuesta firme por parte de las administraciones públicas competentes en materia urbanística. Puede que ser trate de un simple problema de miopía institucional o bien responda a una falta de suficiente coraje político para actuar con firmeza ante un problema de hondo calado social, político y económico. Desde luego lo que resulta patente es una tremenda desproporción entre la magnitud del problema y los medios disponibles para combatir este grave problema ambiental. El número de edificaciones ilegales no cesa de aumentar mientras que las medidas adoptadas por la administración para afrontar esta situación son insuficientes e ineficaces. Cierto es que nos enfrentamos a un problema generalizado en todo el país del que tenemos noticias casi a diario en los telediarios. Sin embargo, en otras localidades vienen adaptándose una serie de medidas que intentan evitar la proliferación de nuevas construcciones ilegales o al menos persiguen persuadir a quienes se plantean construir su vivienda allí donde les apetezca. Por encima de cualquier otra dimensión de la degradación urbanística que padecemos en nuestra ciudad lo que más nos debería de importar son las consecuencias que acarrean en la calidad de vida de los ceutíes. Sin duda vivir en un entorno ambiental caracterizado por amplias superficies de territorio ocupadas ilegalmente afecta a la propia percepción que tenemos del lugar en el que vivimos, llegando incluso a incidir en nuestro estado de ánimo.
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