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Asociación Cultural Septem Nostra
Ceuta, 11 de marzo de 2006
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Las funciones del capital natural
Septem Nostra
El capital natural es uno de los conceptos más empleados en la teoría ecológica y, más concretamente, en la denominada economía ecológica. Este último concepto trata de evidenciar la gran importancia que tiene el patrimonio natural en sentido amplio, y de poner en su justo lugar lo que se entiende por sistema económico. Uno de los paradigmas más importantes de la nueva teoría de la economía ecológica es la redefinición y relativización del Producto Nacional Bruto (PNB). Desde la perspectiva de la economía ecológica, un nuevo concepto de PNB debe emerger e incluir aspectos relacionados con el capital natural, por ser éste en última instancia el que realmente mantiene la evolución y el crecimiento del sistema económico tradicional.
Por lo tanto, una buena indicación para apoyar este planteamiento eco-económico es, en primera instancia, la comprensión de los beneficios que proporciona el patrimonio natural a la especie humana. Esto, que podría parecer algo “de Perogrullo” por obvio, no deja de tener su interés ya que en nuestras sociedades urbanas y en especial en las megápolis se suele perder con mayor facilidad el sentido de la realidad planetaria y de los recursos y funciones que realiza el sistema natural. La capacidad de proporcionar sustrato colonizable ofrece al ser humano la posibilidad de ocupar el territorio y de ejercer sus diversas actividades sobre este. Los recursos renovables (especies de interés pesquero, por ejemplo) y también los no renovables (combustibles fósiles, por ejemplo) son otros de los importantes activos naturales con los que cuenta el ser humano a la hora de enfrentar su propio desarrollo como ser vivo. En este sentido, merece la pena destacar el gran número de servicios gratuitos que los ecosistemas y los recursos abióticos (geológicos fundamentalmente) realizan. Por ofrecer algunos datos significativos, queremos destacar que para muchos autores el 40% de la producción primaria (productos generados por los organismos fotosintéticos, como son las plantas) es consumida por el ser humano. Hay que decir que parte de la producción primaria aludida anteriormente se produce gracias al conocimiento científico y a la colaboración conjunta entre la especie humana y el resto del mundo natural. También debemos destacar una serie de funciones que se pueden enmarcar dentro de la capacidad del capital natural (entendido en sentido amplio) para amortiguar ciertos procesos y situaciones peligrosas derivadas de las actividades humanas. En 1997 un equipo internacional de economistas y científicos ambientales decidió valorar en dinero los servicios gratuitos que el sistema natural proporcionaba a la especie humana (véase Wilson, 2002). Desde una perspectiva muy amplia se contemplaron todos los servicios, que de manera genérica, presta el sistema denominado biosfera. Esto incluye la regulación de la atmósfera y el clima, la depuración de las aguas dulces, el mantenimiento de los componentes del suelo, reciclado de nutrientes y purificación de los desechos, la polinización de los cultivos, la producción de leña, alimento y combustible a partir de biomasa. Se podrían añadir más servicios pero el coste total de los mencionados ascendía aproximadamente a 33 billones de dólares anuales. Estos servicios no podrían ser sustituidos por medios artificiales. Otros servicios también de gran importancia podrían ser englobados dentro del concepto genérico de farmacia natural, y otros más relacionados con aspectos contemplativos, de ocio y de calidad de vida. Volviendo a lo que comentábamos al comienzo de nuestro artículo, podemos inferir que el valor económico tradicional debe considerar al menos una parte del valor ambiental total. Por lo tanto una definición más ponderada del valor económico podría incluir tanto el valor que el sistema económico otorga al capital natural como el valor primario (en palabras de Jiménez Herrero, 1997). Como hemos comentado anteriormente en esta sección periodística, el cambio conceptual del sistema de valoración económica tradicional parece imprescindible para valorar, no solo cifras que afecten al rendimiento económico sino también, otros aspectos que tienen también mucho que ver con el bienestar humano. De esta manera, por ejemplo, en un sistema de ecología económica, aspectos como el bienestar de las generaciones futuras o de la capacidad de carga del ecosistema estarían contemplados más allá de las leyes del mercado, que es por la que básicamente se rigen los sistemas económicos tradicionales.
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