Asociación Cultural Septem Nostra
Ceuta, 25 de febrero de 2006
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La superación del reduccionismo económico
Septem Nostra

Para frenar los efectos más perversos del desarrollismo que imperan en la sociedad industrializada es necesaria una urgente reorganización de los sistemas socioeconómicos, los medios de producción y sobre todo la integración de la economía dentro de la dimensión ambiental. Una vez conseguido este muy notable objetivo sería mucho más sencillo que los otros sistemas humanos (políticos, sociales,……) se pudieran integrar en el engranaje de la sostenibilidad global.

De esta manera analiza Jiménez Herrero las múltiples dimensiones del desarrollo sostenible global. Queda muy claro por tanto que son los sistemas de producción y por tanto el propio sistema económico el que debe cambiar, ceder y entender que es una parte del sistema ambiental del que se nutre y al que explota, en general, de una forma codiciosa, poco inteligente y también poco ética. Al decir poco inteligente nos estamos refiriendo a que se despilfarra y se explota sin que la noción de sostenibilidad cuente para la toma de decisiones económicas, el factor que impera es el beneficio puro y duro y esto hay que decir que es un criterio que denota una actuación muy primitiva, muy típica de las mentes atrasadas y, realmente, solo dotadas para acumular bienes de consumo y por supuesto dinero. Los acumuladores de dinero, además de codiciosos, suelen ser también muy avaros y celosos de su “tesoro”, sin darse cuenta los muy incautos que lo que hacen es acumular, en la mayoría de los casos despilfarrando bienes naturales, privando a sus propios descendientes de estos bienes. Vivimos tiempos en los que el enriquecimiento está muy reforzado socialmente y el tener más tiene mucho más peso que el ser más, con un agravante sin parangón: ahora somos muy numerosos y la población sigue creciendo a un ritmo vertiginoso.

Como hemos indicado desde esta tribuna de opinión en muchas ocasiones, muchos son ahora los que pervierten el término desarrollo sostenible. Algunos de estos pervertidores de conceptos, intuyen que, si dejan algunas migajas en la cuestión ambiental, pueden realizar a cambio cuantos desmanes se les antoje para alcanzar sus fines economicistas. El peor binomio que se puede dar es el del político moralelastic (de los que por desgracia abundan) y el codicioso acumulador de energía en forma de dinero o más vulgarmente denominado “taco”. Por otra parte, también está el necio de la política que en realidad no se entera de mucho y que todo esto del desarrollo sostenible le viene algo grande y simplemente se deja llevar. No conviene desdeñar que gran parte de la alienación mental que inunda nuestras sociedades saciadas de bienes de consumo proviene del fatal concepto del crecimiento sostenible que se ha venido exportando desde los poderes fácticos para mantener las conciencias tranquilas. Como si pudiera existir un crecimiento sostenible en un planeta como el nuestro con unos recursos más que finitos y una población de seres humanos en constante e imparable crecimiento. Dicho de otra manera, que esto de que todos los seres humanos del mundo desarrollado podemos mantener nuestro estilo de vida de una manera sostenible es una auténtica quimera y mucho más que los vecinos de países poco desarrollados vayan a querer renunciar a sus cotas de desarrollo después de haber probado la dulce miel del mundo desarrollado. Por lo tanto, hay que comenzar a plantearse renuncias importantes que van relacionadas con un ajuste al estilo de vida que se puede sostener a largo plazo. Estos reajustes deben afectar tanto a la sociedad civil en su conjunto como a las administraciones y poderes económicos, que deben entender que la habitabilidad planetaria del futuro próximo nos atañe a todos porque afectará a todos. La lógica de la sostenibilidad debe imponerse a la lógica economicista de acumular dinero y bienes de consumo por encima de todo. Por ejemplo, la tremenda sobreexplotación de una especie como es el atún rojo la dicta la lógica del mercado, es decir el atún se vende a precios muy elevados y es negocio, por lo tanto a explotarlo hasta la extinción como especie comercial. En una visión más equilibrada, inteligente, sostenible y democrática la explotación de los recursos y también la del atún es algo importante pero no vale todo a cambio de dinero, no habrá más remedio que ilegalizar lo que ahora es legal, hay unos límites, puesto que la codicia de unos pocos pone en peligro el bienestar de la mayoría.

Por lo tanto, para abordar el desarrollo sostenible de una forma seria se deben abordar antes cuestiones de gran peso social y moral. De esta manera, máximas como que el consumo es el motor de la economía no pueden formar parte de ningún pensamiento económico con visión de futuro planetario. Más bien se debería tender a promulgar desde todos los ámbitos políticos el consumo responsable. Para ello se debe trascender algo más que al propio tiempo vital y pensar en las generaciones futuras, además debe acompañar una ética que alcance a entender que el ritmo de crecimiento de nuestros países industrializados no puede exportarse a los países en vías de desarrollo y, desde luego, también entender que estos países no pueden ser eternamente esclavos productivos de nuestras economías de apetito infinito. También convendría ir comprendiendo que los otros seres vivos del planeta tienen derecho a la vida pero no solo por que sean útiles para el sistema económico o para la supervivencia de determinado sistema natural sino porque pertenecen al mismo lugar común y son fruto al igual que el ser humano del proceso evolutivo. Posiblemente nuestra especie se extinga como muchas otras especies, formando parte de los propios ritmos y tendencias de nuestro planeta, cuando suceda será algo inevitable, pero que en el siglo de los grandes avances políticos, científicos y en general de progreso tecnológico y de gran evolución cultural, nuestra arma biológica más potente, no seamos capaces de estar a la altura de las circunstancias es realmente para extinguirse de golpe.

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