Asociación Cultural Septem Nostra
Ceuta, 18 de febrero de 2006
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Apuntes sobre la contaminación acústica
Septem Nostra
En Ceuta, al igual que ocurre en Melilla, nos desenvolvemos en un reducido territorio que procura una serie de ventajas a la vez que inconvenientes a los ciudadanos de ambas ciudades. Uno de esos inconvenientes es el elevado ruido que se soporta como consecuencia de la densidad de población y de un tráfico rodado que a ciertas horas roza el paroxismo automovilístico típico de algunas de las grandes ciudades europeas. Sin embargo, poco o nada se divulga sobre los niveles de ruido que se soportan en según que zonas de nuestras ciudades. En Ceuta, además de la densidad de población y del tráfico rodado, también, y debido a lo reducido de nuestro territorio, ciertas infraestructuras industriales, de transporte y como no las interminables obras civiles producen unos niveles de ruidos más que considerables.

Los problemas causados por el ruido son cada vez causa de mayor preocupación entre los ciudadanos de la UE. Las encuestas realizadas por el Euro Barómetro así lo indican, estas señalan a España como uno de los países de Europa con mayores índices de ruido ambiental. La contaminación acústica no es algo baladí ni por lo tanto debe tomarse a la ligera pues es causa directa e indirecta de algunas patologías, siendo las alteraciones del sueño una de las más conocidas. El malestar que causa el ruido es bien conocido por todos nosotros y sobre todo el aumento del estrés que puede llegar a causar patologías de mayor consideración en personas con mayor sensibilidad a la contaminación acústica.

Nuestra actual ley del ruido (37/2003, de 17 de noviembre) se constituye en el canon básico de ámbito estatal que protege a los ciudadanos contra los males de la contaminación acústica. Se trata de una ley que recoge la norma europea (Directiva 2002/49/CE) y adapta, regula y recoge otras normas generadas en los municipios y las autonomías. Por último, todas estas normas quedan completadas en el contexto estatal a través del Real Decreto 1513/2005 que está orientado sobre todo a evitar y prevenir los efectos nocivos que provocan la contaminación acústica. De acuerdo con la normativa, se establecen dos tipos de índices que tratan de medir los efectos nocivos del ruido a lo largo de todo el día (Lden) y también de manera especial durante la noche (Ln) y las horas de sueño. En base a estos criterios y a otros también tratados de manera homogénea, se trata de establecer lo que se denominan mapas estratégicos de ruido. Estos mapas servirían para establecer los niveles de ruido por áreas urbanas, infraestructuras viales e industriales y de esta manera ayudar a conocer los verdaderos efectos que el ruido puede tener en los ciudadanos y poder establecer los planes de acción correspondientes que minimicen los impactos negativos. Estos planes de acción no pueden demorarse más de un año después de la aprobación de los mapas estratégicos de ruido.

En el caso de Ceuta, y debido a que no se superan los 250.000 habitantes, las leyes no obligan a la realización de este tipo de mapas de ruido con mucha premura. A pesar de los datos de población, está claro que el establecimiento de las infraestructuras industriales en pleno casco urbano o de las infraestructuras de transporte (el emplazamiento del helipuerto de Ceuta), o el constante y ensordecedor ruido de las obras civiles que crecen por doquier son datos que nos deben hacer reflexionar sobre las especiales condiciones de nuestra ciudad y la necesidad que tenemos de que muchas de las normativas se adapten a la idiosincrasia de nuestros entornos y mediambiente urbanos. Parece ser que hasta el 2012 tenemos tiempo para tener los mapas de ruido finalizados. Sin embargo, las especiales condiciones de nuestra ciudad comentadas a lo largo de este artículo de opinión, aconsejan que se elaboren lo antes posible los mapas de ruido y se establezcan cuanto antes las prioridades de actuación y los planes para minimizar los efectos perjudiciales de esta moderna forma de contaminación que afecta de manera singular al hombre del siglo XXI.
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