Asociación Cultural Septem Nostra
Ceuta, 31 de diciembre de 2005
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Ha nacido una roca
Septem Nostra

Para finalizar el año queremos contar a nuestros lectores un corto cuento de carácter científico, basado en un artículo periodístico de J. Wagensberg, director del Museo de la Ciencia Fundación la Caixa de Barcelona.

Para el viajero, en el desierto, predomina la geología sobre la biología. Los estratos rocosos, descubiertos por la erosión, muestran un ritmo de profundas fracturas verticales, dando como resultado un paisaje cubista.

De cuando en cuando, o de mucho en mucho, un bloque rocoso cúbico y milenario de la primera fila, debilitado en la cara que aún le une a la montaña, se desprende y rueda pendiente abajo, dando trompicones. HA NACIDO UNA ROCA.

La nueva roca permanece en algún lugar a merced de la incertidumbre ambiental: calores diurnos, fríos nocturnos, precipitaciones lluviosas, impactos de otras rocas, pulimento pertinaz del viento,…. La roca se meteoriza, se desgasta y se rompe. Uno de sus pedazos es menos anguloso y mucho más pequeño. HA NACIDO UNA PIEDRA.

Es posible que una lluvia tormentosa o un pequeño terremoto se encarguen de acelerar el paso del tiempo, provocando que la piedra abandone su lugar de reposo centenario y la haga rodar hasta el cauce de un río. Allí se reunirá con un gran grupo de otras piedras, capturadas por la acción natural de las aguas, para participar en una tumultuosa carrera hacia el mar. La carrera es por etapas, reanudándose durante cortos espacios de tiempo, por la violenta acción de las aguas, y aplazándose durante largas treguas acuosas. Casi todo está permitido en esta carrera: choques, erosiones, fracturas e, incluso, expulsiones del cauce. Como resultado de ello, las piedras se rompen en otras más pequeñas y se redondean, pudiendo llegar a medir sólo unos pocos milímetros. HA NACIDO UN GUIJARRO.

Si el guijarro logra permanecer en la carrera, entonces rueda, choca y se desgasta con inusitada pasión. Su tamaño disminuye hasta unas pocas décimas de milímetro. HA NACIDO UN GRANO DE ARENA.

El grano de arena corre ahora el gran riesgo de quedar atrapado entre vecinos de mayor tamaño, siendo avasallado y ninguneado, pudiendo llegar a explotar en una nube de minúsculas partículas de milésimas de milímetro. HA NACIDO EL POLVO.

Es decir, la multitud de piedras se convierte en grava; la grava, en arena gruesa; la gruesa, en fina; la fina, en muy fina; la muy fina, en polvo. Pero no es fácil llegar al fondo del mar. En cualquier momento, una de estas partículas puede ser expulsada de la carrera por el viento o una turbulencia. Para las que logran llegar al mar, a la estruendosa y caótica carrera le sigue una sorda y disciplinada sedimentación. Las partículas se acumulan y se entierran en algún lugar del fondo. Entonces, las presiones y el agua, cargada con sustancias en suspensión y disolución, compactan y cementan las partículas entre sí, integrándose en las entrañas del fondo marino en forma de estrato sedimentario. RENACE LA ROCA.

Los continentes tienen mucha fuerza y muy poca prisa. Tanto se empujan entre sí, que el antiguo grano nacido en el cauce del río empieza a ascender prisionero dentro de su estrato sedimentario. Asciende y asciende hasta que, en algún lugar del desierto, el viejo grano vuelve a salir para recibir, de nuevo, el calor del sol, prisionero dentro de un bloque rocoso cúbico, a cientos de metros sobre el nivel del mar. Han pasado muchos millones de años, una corta eternidad en la que muchas especies de seres vivos han tenido tiempo de aparecer, triunfar y extinguirse.

A veces, uno de estos bloques se desprende y rueda pendiente abajo, dando trompicones. HA NACIDO UNA ROCA….

Feliz Año a todos y, que el 2006, nos traiga menos proyectos absurdos, menos técnicos incompetentes y menos intrusismo profesional, y, en su lugar, más interés, más preocupación y más respeto por todo nuestro Patrimonio.

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