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Asociación Cultural Septem Nostra
Ceuta, 19 de noviembre de 2005
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Sociedad civil y participación ciudadana
Septem Nostra
Podríamos definir la sociedad civil como aquel sector de la ciudadanía que mantiene una implicación en la vida de la colectividad desde su participación en asociaciones de diversa índole. Aunque los partidos políticos se consideran una modalidad de asociación ciudadana, el término sociedad civil parece circunscribirse a aquellas organizaciones que mantienen una independencia política, y en muchos casos, enfrentadas a los intereses que defienden las organizaciones políticas. La sociedad civil suele ser el necesario contrapeso a los políticos, actuando muchas veces como la conciencia de los responsables políticos, instándoles a resolver tales o cuales problemas o sensibilizando a la opinión pública ante determinadas cuestiones.
Un índice para valorar la calidad democrática de una determinada población lo constituye la importancia del movimiento ciudadano. Una sociedad civil inactiva representa un claro síntoma de enfermedad del sistema político representativo. Ante esta situación, caben dos posibilidades: impulsar políticas que fomenten la participación ciudadana, o bien aprovechar esta circunstancia de pasividad ciudadana para conducir los intereses que defienden los partidos políticos sin tener en cuenta la opinión de los ciudadanos, limitando su implicación social a emitir un voto cada cuatro años. Cuando esto último sucede, algo sintomático en Ceuta, corremos el serio peligro de desactivar la sociedad, haciendo inviable cualquier actuación que suponga la implicación ciudadana. Ciertos problemas medioambientales que padece nuestra ciudad, tales como la proliferación de vertederos incontrolados o la insostenible situación del urbanismo, fomentada por las innumerables construcciones ilegales que aparecen por doquier, no se podrán resolver sin que los propios ciudadanos se impliquen en la solución de estas graves afecciones ambientales. Como paso previo e ineludible, los políticos tienen que reconocer la realidad del entorno que les rodea, prestando especial atención a las voces críticas provenientes de la sociedad civil. Por su parte, los ciudadanos deben desprenderse del miedo a hacer oír su voz sobre cuestiones que nos afectan a todos. Somos muy dados a criticar en petit comité, pero siempre pendientes a observar a nuestro alrededor por si alguien nos escucha y se lo chiva al político de turno. Los ciudadanos no podemos seguir confiando en que los políticos nos van a resolver todos nuestros problemas, sin que nosotros mostremos la más mínima implicación en los asuntos colectivos. La clase política puede aprovechar en su beneficio las críticas de la sociedad civil, dándoles argumentos para reclamar ante instancias superiores, e incluso entre sus compañeros de partido, mejoras que redunden en nuestra ciudad. Nadie podrá ofenderse si decimos que la Ciudad de Ceuta tiene un escaso peso político en el panorama nacional. Es una realidad que sufrimos casi a diario cuando leemos opiniones que cuestionan valores fundamentales de nuestras señas de identidad. Del mismo modo, se nos revuelven las entrañas cada vez que oímos declaraciones que nos definen como colonia, enclave o presidio. La respuesta lógica a estos injustos ataques sería la movilización ciudadana y el compromiso firme de todos los que vivimos en esta ciudad. Sin embargo, poco o nada hacemos para elevar el peso político de Ceuta en España y Europa. No somos ni siquiera capaces de comprometernos en la solución de los graves problemas que afectan a nuestra vida diaria: la ciudad vive un espectacular caos circulatorio, pero seguimos despreciando el transporte público, quizá por carecer de medios tan elementales como una estación de autobuses en condiciones; el comercio vive sus peores momentos, y sin embargo, algunos prefieren comprar por internet que bajar al supermercado de la esquina; la imagen de la ciudad se deteriora por la perdida de inmuebles de valor patrimonial o por los excesos en la volumetría de las nuevas edificaciones, y no somos capaces de exigir un cambio de rumbo en la política urbanística de Ceuta. El listado de asuntos que requieren nuestra participación activa es interminable. Por todo ello, y ahora más que nunca, necesitamos una sociedad civil comprometida, independiente y activa que revitalice la salud democrática de Ceuta y sea capaz de guiar la política de la ciudad hacia la solución de los verdaderos problemas de los ciudadanos.
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