Asociación Cultural Septem Nostra
Ceuta, 26 de agosto de 2005
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Carta de Sevilla: Patrimonio y ciudadanía (III)
Septem Nostra

El papel de la ciudadanía en la defensa del patrimonio cultural es parte esencial de la Carta de Sevilla. Las conclusiones que recoge este documento tienen una validez absoluta en el caso de la ciudad de Ceuta. Deseamos que las ideas que a continuación se exponen sirvan para motivar una mayor participación de los ceutíes en la defensa y difusión de nuestros recursos patrimoniales."La ciudadanía reclama su derecho a conocer y disfrutar de su Patrimonio, para así valorarlo, quererlo y conservarlo para generaciones futuras.

La ciudadanía debe reclamar su derecho a participar en la defensa activa del Patrimonio cultural, en todos los ámbitos de decisión y en las diversas etapas de desarrollo y gestión, considerando que las modificaciones del Patrimonio afectan a todos los ciudadanos y repercuten de manera fundamental en las sociedades futuras. Una de las grandes ventajas de tal participación es el ahorro en las actuaciones que supone en las distintas actuaciones públicas, convirtiendo el trabajo solidario en capital social. La protección del Patrimonio constituye un deber ético, de carácter irrenunciable, dado que la destrucción de los valores patrimoniales culturales impide cualquier lectura crítica del pasado y con ello la interpretación del presente y las posibilidades de un futuro mejor. Los ciudadanos mantenemos una relación indisoluble con nuestras ciudades, somos parte del Patrimonio cultural y, por ello, debemos defender en nuestras ciudades la dimensión pública y patrimonial de la ciudad, gestionadas en la actualidad con criterios muy alejados de los ciudadanos y a menudo a espaldas de ellos. Los ciudadanos somos memoria viva, de ahí la legitimidad de la resistencia a la violación brutal de la misma que suponen cuantas actuaciones urbanísticas destrozan la memoria colectiva, el espacio lentamente construido por las generaciones anteriores. Los ciudadanos debemos reconocer que muchas de nuestras prioridades particulares (por ejemplo, la del coche privado en detrimento del transporte público) alimenta la cadena destructiva del Patrimonio, alentando las prioridades urbanísticas de las administraciones. Casi nadie quiere vivir sin coche, el servicio público parece no ser estimado, ni considerado como necesario; la pérdida del valor de lo común y de lo público es alarmante...apostar por lo individual es la opción de la mayoría de la población. Ha de quedar claro que la defensa que asumimos de los derechos que corresponden a la ciudadanía no tiene nada en común con la defensa de los intereses privados o corporativos por muy respetables que estos sean, sino sólo de intereses claramente colectivos como avala la amplia trayectoria de cada una de las entidades firmantes. Y es esta defensa de los intereses colectivos la que nos otorga nuestra fuerza moral, un capital social de valor incalculable en nuestro tipo de sociedad neoliberal y que tanto preocupa a nuestras administraciones que, sin valorar las posibilidades de colaboración que les ofrecemos, ni que sea de forma crítica, a veces pretenden descalificarnos acusándonos como defensores de intereses personales o políticos. Este concepto de Patrimonio cultural es una cuestión que aún no ha calado entre la ciudadanía, acostumbrada a la admiración de los grandes conjuntos monumentales y a su correspondiente valoración social y despreciando el valor patrimonial de lo pequeño, lo cotidiano, lo típico y menos monumental y desconociendo muchas veces el valor de lo intangible o inmaterial. Sólo la conjunción de la difusión del Patrimonio cultural y la coordinación de las acciones en su defensa está ofreciendo en los últimos meses una vía eficaz de lucha frente actuaciones indebidas de las administraciones y de cara a la opinión pública. Es fundamental que reconozcamos que la difusión es un arma de defensa imprescindible, dado que se defiende mejor aquello que conocemos y amamos. La ciudadanía es corresponsable de la educación patrimonial en los ámbitos en los que participa. Desde la familia, la comunidad de vecinos, el barrio, etc. son muy diversos los ámbitos en los que debemos desarrollar una educación del Patrimonio, dado que hábitos cotidianos como el reciclaje de residuos, el respeto de lo público o la denuncia de los atentados contra el Patrimonio cultural constituyen hitos sencillos, pero necesarios, en la educación ciudadana. La defensa del Patrimonio cultural no debe ser una tarea exclusiva de las administraciones. Si el Patrimonio es de todos, su defensa y la educación de los más jóvenes en estos valores también debe serlo.

Más allá de unos criterios influidos por nuestra especialización profesional, como enseñantes, arquitectos, historiadores, etc., hay que defender y promover el respeto a los criterios propios de las comunidades o grupos ciudadanos que se movilizan por la defensa de su Patrimonio cultural a partir de sus experiencias directas y vivencias cotidianas".

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