Asociación Cultural Septem Nostra
Ceuta, 18 de febrero de 2005
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Arte público o decoración de exteriores
Septem Nostra
El denominado Movimiento Moderno ha provocado que nuestras ciudades se deshumanicen al imponer un sistema urbanístico duro que ha borrado buena parte de los espacios públicos, tradicionales puntos de encuentro y comunicación de los ciudadanos. Los políticos han intentado compensar y maquillar estas pérdidas a través del arte, lo que ha sido contestado por artistas, historiadores y críticos. Una de las críticas más ilustrativa de esta reacción de la intelectualidad la hemos leído a Rogelio López Cuenca. Este polifacético artista opina que "hay que plantarse en el sentido de negarse a seguir amojonando las isletas de tráfico y rotondas de las circunvalaciones con esculturas, más o menos afortunadas...mientras la ciudad, entendida como ese espacio público, democrático, desaparece ante nuestros ojos: frente a ese secuestro del espacio público, a humanizar, a suavizar con la droga blanda del arte los efectos de la droga dura de la arquitectura y el urbanismo (o de la puesta de ambos al servicio de la especulación inmobiliaria)".

En la misma línea se ha expresado Fernando Gómez Aguilera, presidente de la Fundación César Manrique, en un artículo titulado "Arte, ciudadanía y espacio público" (On W@terfront, nº 5, marzo 2004). Para este autor, el arte público "persigue rehumanizar la arquitectura, atemperar las desapacibles distorsiones de la ciudad". Un proceso que no resulta fácil y requiere adoptar medidas para articular correctamente las obras de arte con el espacio público que las acoge. En EE.UU, este problema se ha intentado salvar con la creación de organismos públicos específicos de regulación, administración y promoción del arte público, todo lo contrario de lo que ha sucedido y sucede en nuestro país.

La tendencia actual, al menos en los países que cuentan con una dilatada experiencia en arte público, consiste en vincular el diseño de este tipo de proyectos a prácticas colaborativas, en las que tenga cabida la opinión de otros agentes implicados (arquitectos, artistas, urbanistas, historiadores, etc...). No hacerlo así suele traer como consecuencia conflictos y airadas respuestas de ciudadanos que entienden estas manifestaciones artísticas como agresiones a su espacio ciudadano. Hay que evitar el comportamiento criticado por Jeff Kelley: "lo que hicieron muchos artistas fue lanzarse en paracaídas a un lugar e invadirlo con una obra". En nuestro país, según Fernando Gómez Aguilera, "los ejemplos son abundantes, marcados por la tónica general de lo que ha sido el muy pobre comportamiento del arte público en España, con escasa vocación moderna, sin vocación urbana y ciego socialmente....La naturaleza pública de las obras y la invasión del espacio de la ciudadanía obliga a los creadores a superar la mera expresión individual, planteando, en definitiva, la necesidad de reconceptualizar su papel...La vía cooperativa puede ofrecer mayores garantías de éxito y aceptación en las propuestas".

Los ciudadanos no pueden quedarse al margen del diseño de los espacios públicos. Su opinión tiene que tenerse en cuenta y se deben respetar escrupulosamente sus derechos de ciudadanía. Al igual que los ciudadanos tenemos la obligación de velar por la conservación del patrimonio cultural heredado, debemos ejercer nuestro derecho a participar activamente en el diseño del patrimonio que legaremos a las futuras generaciones. El acrecimiento del patrimonio, obligación compartida con los poderes públicos, no compete exclusivamente a los artistas que deben abandonar el patrón tradicional de sujeto aislado, subjetivo y egocéntrico.

Lo dicho anteriormente viene a colación del proyecto que ha aprobado la Ciudad Autónoma, cuyo autor es el ceutí Ginés Serrán Pagán, consistente en la realización de un itinerario turístico a partir de la colocación de veinte esculturas y una amplia serie de relieves que ilustrarán la mitología y la historia de la ciudad. Un proyecto que, por la información que aportan los medios de comunicación, se presenta como una propuesta cerrada, sin contar con la participación ciudadana ni con la opinión pública, y mucho menos con las aportaciones de otras disciplinas y un abanico más amplio de artistas. La participación de los ciudadanos y especialistas en historia, arquitectura, urbanismo, escultores, jardineros, etc.., no puede obviarse en un proyecto que pretende inundar nuestras calles, plazas y rotondas con esculturas de hondo significado histórico. La elección de los temas y contenidos no puede recaer en una sola persona, por muy extenso que sea su currículo y resulte indudable su buena voluntad y compromiso con su ciudad natal.

Por la información que disponemos por los medios de comunicación, el proyecto hace alusión a hechos y personajes históricos cuya relación con Ceuta son cuanto menos discutibles o matizables. La mezcla de épocas, autores y temas pensamos que requiere un análisis sereno para no convertirse en un mero ejercicio de decoración exterior plagado de errores e imprecisiones históricas.

Otro de los aspectos de este proyecto que nos haya llamado la atención ha sido la premura del gobierno de la Ciudad Autónoma para apoyar este proyecto y buscar fondos para su financiación. Nos imaginamos que debe ser una tentación irrestible para un político inaugurar nada menos que veinte esculturas y no se cuantos relieves. Mientras, el verdadero patrimonio cultural, que testimonia realmente la historia de nuestra ciudad, se encuentra en la mayor parte de los casos abandonado o infrautilizado. Resulta paradójico que al mismo tiempo que se anuncia un proyecto escultórico para alabar la historia de nuestra ciudad, con un presupuesto de un millón de euros, se nos comunique que los trabajos de restauración de los baños árabes no van a poder culminarse por falta de presupuesto o que las murallas merinidas continúen en un vergonzoso proceso de abandono institucional.

Esperamos que estas reflexiones sirvan para que nuestras autoridades revisen críticamente el alcance del proyecto anunciado, cuenten ante todo con la opinión de la ciudadanía y la participación de otras disciplinas. Piensen también que la historia y nuestro patrimonio intangible no puede ser objeto de trivialización. Si realmente se quiere difundir el patrimonio intangible ceutí y convertirlo en un foco de atracción turística les aseguramos que hay métodos mucho más efectivos para hacerlo, antes que llenar la ciudad de esculturas estereotipadas, pagadas con dinero público.
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