Asociación Cultural Septem Nostra
Ceuta, 28 de enero de 2005
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Desprecio al pasado
Septem Nostra
Los ceutíes parece que llevamos en los genes un profundo desprecio por el pasado y odio a las murallas que siempre se han identificado como símbolos de opresión urbanística y militar, lo que ha acarreado la pérdida irreparable de una parte importante de nuestro patrimonio y nuestra memoria histórica. Un odio y desprecio al carácter militar que resulta paradójico en una ciudad que debe buena parte de su historia a su pasado castrense.

Como comentaba el escritor Leopoldo Caballero en su libro "Ceuta en el recuerdo", la primera aspiración del equipo municipal que gobernaba el ayuntamiento a principios del siglo XX fue "borrar del mapa ceutí los vestigios guerreros y penales". La ignominiosa actividad de derruir puertas, murallas, revellines y cualquier resto que recordase al pasado militar culminó en 1911 entre encendidos aplausos públicos. Hasta la Asociación de la Prensa ceutí, instituida en 1906, se marcó entre sus propósitos fundacionales promover el derribo de las murallas.

Tal fue el destrozo provocado por la estupidez y la ignorancia de los ceutíes de primeros de siglo que nada quedó de la veintena de puertas y rastrillos que caracterizaban a la ciudad. Para nuestro pesar la destrucción del patrimonio no se limitó a esta febril actividad de derruir los restos de la arquitectura militar de Ceuta. Poco a poco fueron cayendo importantes testimonios de nuestro pasado. El Hospital Real, el Parque de Artillería y la Torre del Reloj, el fortín de Benzú, el Cuartel del Rey y el Cuartel del Revellín, entre otros inmuebles, fueron victimas de nuestra macabra obsesión por borrar del mapa cualquier edificio que recordara nuestro carácter castrense.

Uno de los últimos cuarteles en ser derribados fue el del Revellín. De poco valió la opinión del Sr. Martínez Brocca, por aquel entonces Arquitecto Jefe de la Zona del Patrimonio Histórico-Artístico, que impresionado por las proporciones arquitectónicas y calidades estéticas del Cuartel de Revellín propuso a la Comisión de Patrimonio Histórico la incoación de expediente de declaración de Bien de Interés Cultural para este inmueble. El entonces Alcalde, fiel reflejo de la idiosincrasia ceutí en lo que respecta a la destrucción del patrimonio, recibió la noticia "muy jocosamente". Le parecía increíble que "un valenciano, un madrileño y una persona que vive en Sevilla (refiriéndose a los técnicos del Ministerio de Cultura) nos quieran arreglar el centro de la ciudad". Vamos, que íbamos a permitir que cualquiera de fuera impidiera el proyecto de demoler el cuartel del Revellín cuando todos los partidos políticos lo habían incluido en su programa electoral.

Los cuarteles, como el de la Reina, conocido por la mayoría con el sobrenombre del 54, sufren la desidia y la incompetencia de quienes tienen en su mano la conservación de nuestro patrimonio cultural. Otros, caso del Parque de Artillería, han sido colocados en la diana de la especulación salvaje, planeando sobre él la sombra de la piqueta amenazadora que raramente yerra en su mortífero impacto destructor. Una piqueta que estos días anda ocupada en la destrucción de los escasos restos que permanecían en pie del Baluarte de San Francisco.

Parafraseando a Arturo Pérez Reverte, en su discurso de investidura como Doctor Honoris de la Facultad Politécnica de su Cartagena natal, "pese a todo lo que estiman los indocumentados, los demagogos y los estúpidos, la arquitectura militar, la historia en resumen, ya no son conceptos militares, son hechos culturales objetivos, cuya conservación, estudio y difusión son imprescindibles. Las ciudades que se empeñan en vivir de espaldas al mar y de su historia son unas huérfanas analfabetas que ignoran todo de sí mismas".
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