Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.
Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado. Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación. Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO. |
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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 11 de julio de 2008
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Manjares contra el hambre
SANCHO
En estos días ha tenido lugar la cumbre anual del G8 en la isla japonesa de Hokkaido. Informo, pues por deformación profesional no consigo evitar la vena didáctica, que este invento del G8 viene de 1975 cuando a Francia se le ocurrió reunir anualmente a los países más poderosos de la Tierra. El país galo, evidentemente, y otros cinco más (EEUU, Reino Unido, Japón, Alemania e Italia). Entonces eran G6. Duraron poco con este formato pues sólo un año después se les unió Canadá. La conformación actual del G8 no llegaría hasta 1998 con la incorporación de Rusia. Hasta entonces no había sido posible. No parecería demasiado lógico que la élite del capitalismo mundial se sentase a la mesa junto a los ‘malditos comunistas'. Tras su particular purga ya pudieron incorporarse al redil. ¿Para qué se crearon estas cumbres? ¿Para qué tanta exhibición de poder? Creo que para bien poco. El objetivo de las reuniones era la discusión de los ‘problemas globales'. Problemas que, en la mayoría de los casos, ellos provocan pero que a quienes más afectan es al resto del mundo. En su origen comenzaron con el petróleo. Su espectacular incremento de precios sumió, allá por los años 70, a la economía mundial en una grave crisis que en la actualidad nos estamos viendo abocados a revivir. Luego siguieron más problemas como la seguridad, la paz en Oriente Medio, la pobreza, la salud mundial o la reconstrucción de Irak. Ahora los problemas de moda son el cambio climático, la crisis de alimentos y ¿cómo no? otra vez la escalada de precios del petróleo. Por poco que se siga la información mundial se ve claramente que son problemas que estas cumbres ni han solucionado, ni solucionan ni van a solucionar. Estos tan poderosos como opulentos líderes mundiales se sientan, se fotografían, se dan palmaditas en la espalda, hasta puede que hablen de los problemas y luego nada de nada. Entre los 8 reúnen sólo el 10% de la población mundial pero, eso sí, atesoran más del 60% de la riqueza del planeta. Es una auténtica falacia. Además no tienen el menor reparo en hacer altisonantes declaraciones en las que se llenan la boca hablando de un mundo mejor. Claro que mejor, mejor para ellos. No les preocupa lo más mínimo hacer inútiles manifiestos en favor de la paz cuando cuatro de ellos son los más importantes vendedores de armas del mundo. Tienen la tremenda desfachatez de parlotear sobre la necesidad de ayudar a los países africanos sumidos en una dramática escasez de alimentos para luego, imagino que agotados de tanto esfuerzo, darse un tremendo y ostentoso festín con una suculenta cena de 19 platos. Ya es demasiada hipocresía. Mucha comilona y muchas buenas palabras pero muy pocos hechos. Unos cada vez más ricos a costa de que el resto sea cada vez más pobre. Eso sí, para aliviar sus conciencias, arrojarán sus sucias monedas y enviarán alguna de sus sobras en forma de ayudas que, comparadas con la mayoría de sus gastos, resultan absolutamente ridículas.
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