Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 4 de julio de 2008
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La indignante tragedia de Esmin Green
SANCHO
 

En muchas ocasiones, cuando en cualquier película o serie televisiva se ven tan terribles imágenes, suelo comentar que mucho peor es lo que diariamente podemos ver en los telediarios.

El pasado miércoles este comentario se llenó de contenido. Ana Blanco, editora del informativo de TVE, anunciaba un video con imágenes bastante crudas. No podía imaginarme que iban a serlo hasta tales extremos. Esmin Green, mujer jamaicana de 49 años, moría en un hospital de Brooklyn en la sala de espera de una unidad psiquiátrica. La gélida e impersonal mirada de una cámara de seguridad mostraba como esta pobre criatura se desplomaba entre unos sillones del citado lugar.  Allí permaneció durante una hora, sin ningún tipo de atención, hasta expirar tras padecer diversas convulsiones.

Resulta demoledora la indiferencia que muestran ante semejante tragedia cuantos aparecen en el citado vídeo. Especialmente impactante la del guardia de seguridad que se asoma, rodando sobre una silla, y ni siquiera se levanta de ésta. Incluso aparece un médico que ni se acerca. Tampoco hacen absolutamente nada los pacientes que esperan en la misma sala. Por el tipo de centro en que se produce este drama puede que sus condiciones no fueran las más adecuadas para haber hecho algo. Finalmente llega una enfermera, dudo que merezca denominarse así, que la toca con un pie (parece increíble) y avisa a otra compañera para unos intentos de reanimación que ya son completamente inútiles.

La muerte en soledad, en la más cruel de las soledades, debe ser terrible. Si además ésta se sufre rodeada de personas estamos ya entrando en el terreno de lo inhumano. Quizás utilizo lo de inhumano de forma inadecuada. Estoy convencido sobre que muchos animales, ante al sufrimiento de sus congéneres, son más solidarios que los despreciables seres que no tuvieron la menor compasión en los últimos instantes de la vida de Esmin Green.

Parece ser que tan escalofriante suceso se va a saldar con el despido de seis trabajadores del hospital, dos guardias de seguridad, dos enfermeras, un médico y del director de psiquiatría del centro. ¿Y la vida de esta mujer? Poco o nada se sabe sobre ella. Quizá abandonó su país de origen en busca del llamado ‘sueño americano'. Una vida mejor, más oportunidades... No encontró nada eso. Murió como no hubiese soñado ni en la peor de sus pesadillas.

Si ésta es la sanidad americana que pretenden emular los defensores del liberalismo que gobiernan cierta comunidad autónoma, es que estamos rozando ya los límites de un sistema inmoral y en decadencia que abandona a los pacientes con pocos ingresos a su propia suerte. Cuando predominan la indiferencia y el egoísmo. Cuando una sociedad deja de lado la solidaridad como una idea ya trasnochada. Cuando casos como éste, que comparados con otros, pasan casi desapercibidos. Entonces resulta que nos estamos deshumanizando hasta unos límites insospechados.

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