Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 6 de junio de 2008
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Tiananmen, 19 años después
SANCHO
 

Este verano, allá por el mes de Agosto, se inaugurarán los Juegos Olímpicos en Pekín. Durante diecinueve días se repetirá el mismo menú en todos los informativos del mundo. China no va a dejar pasar esta oportunidad y aprovechará para hacer el desembarco definitivo, si es que ya no lo ha hecho, en los mercados mundiales.

Cientos de miles de turistas visitarán aquel país e inmortalizarán el momento con sus cámaras y con sus teléfonos móviles. Uno de los escenarios más visitados será la plaza de Tiananmen y pocos serán los que pierdan la ocasión de fotografiarse con el retrato de Mao Zedong al fondo.

Para muchos de ellos será una de las imágenes de sus vidas. Muy pocos recordarán, mientras se hacen la foto, otra imagen inolvidable y radicalmente opuesta que se produjo en aquella plaza el 4 de junio de 1989.

Aquel día un hombre, con dos bolsas parecidas en la mano, en la más absoluta soledad, se situó frente a una columna de tanques para frenar su avance e indicarles, mediante gestos, que se fueran. Incluso llegó a subirse encima de uno de ellos y dialogó con los militares que lo pilotaban. Poco después varios hombres sin uniforme (probablemente agentes de la ley) se lo llevaban a empujones.

Sobre su identidad y su destino poco se conoce, más bien nada. Se produjeron muchas y variadas informaciones, algunas bastantes años después, pero ninguna contrastada debidamente. Huido, encarcelado, ejecutado, nadie ha podido demostrarlo de forma fehaciente.

Aquellos tanques eran parte de la terrible represión que el gobierno chino puso en marcha para reprimir las protestas de los estudiantes que pedían un poco de democracia. Lo hacían en coincidencia con la caída de los regímenes comunistas europeos. La represión seguro que fue brutal y desmedida. Nunca se conoció el verdadero número de víctimas ocasionado por aquella atrocidad. Peor todavía es el ominoso silencio que todavía, diecinueve años después, pesa sobre ellas como la más terrible de las losas. La del olvido.

Amnistía Internacional ha informado de que sigue habiendo personas encarceladas y que incluso se continúa deteniendo a quienes osen manifestarse a favor de aquellos estudiantes chinos que pedían democracia.

En China sigue existiendo una tremenda censura y un estricto control de la información. A pesar del paso de los años el asunto Tiananmen sigue siendo tabú. Los fastos en torno a la celebración de los Juegos Olímpicos y el terrible terremoto del pasado mes han hecho que el aniversario de aquella desmesurada represión contra el movimiento estudiantil haya tenido poca difusión en occidente.

Todo ello unido de forma indisoluble a que los gobiernos occidentales prefieren que el gigante chino permanezca lo más calmado posible. El enorme potencial económico, todavía sin explotar, de China y las formidables posibilidades de su mercado hacen que se mire, disimulada y farisaicamente, en otra dirección.

Cuando hay tantos y tan excepcionales intereses económicos en juego poco importan palabras como democracia o respeto a los derechos humanos. Es muy triste decirlo pero es la cruda realidad.

 

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