Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.
Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado. Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación. Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO. |
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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 9 de mayo de 2008
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Todos con el Sáhara
SANCHO
Difícilmente podré olvidar el año 1975. Supongo que ni yo ni muchos de los que lo vivimos intensamente. Pasé aquel verano en Camposoto, en el CIR 16, haciendo el período de instrucción como recluta. Al volver a Ceuta, gracias a las gestiones paternas, fui destinado al Hospital Militar. Casi recién incorporado al mismo, durante el mes de noviembre, dos acontecimientos concentraron todo mi interés y la preocupación de mis padres pues traían de cabeza a todo el país. Franco se moría y Hassán II, rey de Marruecos, iniciaba la Marcha Verde sobre el Sáhara Occidental. Lo de Franco terminó como casi todos esperaban. Algunos (seguramente que bastantes) podría decirse que lo deseaban y otros andaban entre el temor y la preocupación. Lo del Sáhara todavía está sin terminar y resultó bastante peor, especialmente para los saharauis. Son los grandes olvidados. Sobre su futuro se ciernen todo tipo de amenazas y me temo que, como pueblo libre, sus días están contados. Cuando de pequeño, ¡uf! qué de tiempo, canturreábamos en el cole las provincias españolas, igual decíamos Vizcaya capital Bilbao que Sáhara Español capital El Aaiún. Una parte muy importante de los descendientes de aquellos españoles, de aquellos compatriotas nuestros, viven actualmente en campos de refugiados, sufren torturas, malviven sin ningún tipo de derechos, se les ha desarraigado. Es el drama de los que nacen, crecen en tierras ajenas y mueren sin ver la suya propia. Es una auténtica tragedia y lo peor es que está casi olvidada. Algo que como español me sonroja. Algo que debería avergonzar a muchos siempre y cuando tuvieran un mínimo de vergüenza. No alcanzo a comprender como gobernantes españoles, sin entrar en estúpidas disquisiciones de si de este o del otro partido, estrechan sonrientes las manos y firman acuerdos millonarios con quienes oprimen a los saharauis. Todavía hoy el Sáhara Occidental está en la lista de los territorios no autónomos de las Naciones Unidas. Es una auténtica falacia pues su suelo se encuentra ocupado casi en su totalidad por Marruecos. Además sobre aquella zona existe una especie de vacío jurídico del que se beneficia total y absolutamente la monarquía alauita. Cuando España se retiró de aquella región se firmó en Madrid un acuerdo tripartito con Marruecos y Mauritania para su administración conjunta pues España no podía transferir su condición de potencia administradora. Mauritania se desvinculó pronto de aquel acuerdo, España mira permanentemente para otro lado y Marruecos, de hecho, se ha quedado con el Sáhara aunque Naciones Unidas no lo reconozca. Solamente se resiste, cada vez con menos fuerza y más debilitado, el Frente Polisario que adoptó el nombre de República Árabe Saharaui Democrática y que controla una mínima parte del territorio. No tienen el reconocimiento ni de la ONU, ni de la Liga Árabe, ni de ningún país europeo. Solamente están reconocidos por países africanos y latinoamericanos sin fuerza alguna en el marco de las relaciones internacionales. Mientras tanto, Mohamed VI, con su apariencia falsamente democrática que encubre al discípulo aventajado que supera las peores artimañas de su padre, espera con paciencia bereber a que se consuman los hechos.
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