Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 11 de abril de 2008
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Las lágrimas de Bush
SANCHO
 

Afirmar que el todopoderoso y controvertido George W. Bush es un llorón puede sonar a atrevimiento pero no es así. Puesto que el diccionario de la RAE define el adjetivo llorón como ‘que llora mucho' estamos calificando de forma correcta al presidente norteamericano. Para corroborarlo sólo tenemos que acudir a sus propias palabras que, no hace demasiados meses, se publicaban en un libro sobre su presidencia. Afirmaciones como ‘Tengo el hombro de Dios para llorar. Y lloro mucho. Lloro mucho en mi trabajo'.

Por si no fuera suficiente con este tipo de afirmaciones contemplo, entre la incredulidad y la estupefacción, la reciente imagen del Sr. Bush con cara de puchero y los ojos llenos de lágrimas (¿serán de cocodrilo?) en la entrega de la Medalla de Honor a los familiares de un soldado que falleció en Irak.

No sé que número hace esta víctima entre los más de 4.000 soldados estadounidenses muertos. Lo que sí sé es que el pasado día 9 se cumplieron cinco años de aquellas impactantes imágenes en las que soldados compatriotas del homenajeado derribaban la estatua de Sadam Hussein.

El conflicto, pasado ya un lustro, no parece tener demasiado cercana su finalización. Acabar con el dictador supondría, según Bush y sus asesores, el principio del fin de las tensiones entre chiíes y suníes. Se equivocaron de plano. Lo confirma algo tan trágico como los cientos de miles de iraquíes muertos. Vidas humanas que se han perdido y de las que no se habla tanto como de las pérdidas habidas entre los militares norteamericanos.

El fiasco de la guerra ha pesado como una losa sobre ‘El trío de las Azores'. Aznar deambula de foro en foro empeñado en convertirse en la caricatura de sí mismo. Tony Blair, prácticamente desaparecido, intenta resurgir como mediador en Oriente Medio con más pena que gloria. ¿Y Bush? Bush se nos pone a llorar.

No me creo que llorase de arrepentimiento, ni que lo hiciese por sus culpas, ni siquiera por sus desdichas. Si me apuran podría hasta no creerme que estuviera llorando. Que todo fuera puro teatro. Una farsa. Quien ha ordenado tantos y tantos bombardeos no puede conmoverse, no puede albergar sentimientos, me atrevería a decir que en su pecho no cabe un corazón.

¿Es que no le inspira compasión la miseria en que se haya sumida una parte importante de Sudamérica explotada por las multinacionales norteamericanas? ¿Es que no le inspiran compasión los horrores que acontecen en África o Asia mientras se les siguen suministrando armas? ¿Es que no se conmueve ante los devastadores efectos de las emisiones de CO2 de su industria?

No, seguramente no se conmueve. No puede hacerlo porque sinceramente creo que no tiene capacidad para ello. Un último dato lo avala. En el mes de enero Bush visitó en Jerusalén el museo en memoria de las víctimas del holocausto nazi. Dicen que vieron unas lágrimas en sus ojos. Cuando contemplaba las imágenes del campo de concentración de Auschwitz comentó ‘debimos haberlo bombardeado'.

Ese es el auténtico Bush, no el de las lágrimas sino el que, como primera solución, echa mano de las bombas. Por eso no me creo la falsedad de sus lágrimas porque quien pretende solucionar un problema arrasándolo no puede tener sentimientos.

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