Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 25 de abril de 2008
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Hambre
SANCHO
 

Cada vez nos cuesta más trabajo priorizar entre la enorme cantidad de informaciones que nos llegan a diario. Son tantas, tan variadas y nos machacan de tal manera (casi siempre de forma interesada y tendenciosa) desde los medios de comunicación que ya no sabemos a qué atenernos y vamos perdiendo el sentido de la equidad y de la mesura.

A todo ello se unen las preocupaciones e intereses personales de cada uno, no hablo de ideales porque de esos creo que ya deben quedar más bien poquitos, que seguramente marcan y de qué manera la atención que prestamos hacia unos u otros asuntos de la actualidad cotidiana.

Así que entre la ‘comedura de coco' de los medios de información y la particular situación de cada uno ya le damos similar rango de importancia a la ‘basura' que nos llega por boca de cualquiera de los habituales de Antena 3 o Telecinco frente a los verdaderos dramas que se viven en cualquier parte del mundo y a los que, con la mayor de las ignorancias o indeferencias, les damos la espalda.

En el mundo se sigue pasando hambre. Aunque tengamos la capacidad de conmocionarnos bastante atrofiada no queda más remedio que ejemplificar con alguna cifra. Según el Proyecto Hombre de las Naciones Unidas cada día mueren 24.000 personas en el mundo por hambre. Es algo demoledor.

Diariamente nos encontramos con noticias acerca de la crisis financiera que nos acecha. Los vaticinios son bastante negativos y hay analistas que hablan de una crisis similar a la de 1929. Vamos que se acercan tiempos de vacas flacas y un estancamiento bastante importante de la economía mundial que, evidentemente, nos va a afectar de pleno.

Pues bien, frente a ese amenazador panorama, nos encontramos que el HAMBRE, sí con mayúsculas, afecta ya plenamente a 33 países. Acabo de volver a leer ‘Germinal' de Émile Zola. Todavía conmueve su descripción de los mineros franceses que, allá por 1860, se manifestaban al grito de ‘pan, pan, pan'. Estamos en 2008 y miles de haitianos se manifiestan en las calles de Puerto Príncipe al grito de ‘tenemos hambre'. ¿Tan poco hemos cambiado?

Hablar hoy de ricos y pobres puede que suene a simpleza o a banalidad, pero el caso es que las 200 personas más ricas del mundo tienen tanto dinero como el 40 por ciento de la población mundial. Son cifras, datos, solamente números; pero tan contundentes, tan aplastantes como ese que nos dice que 850 millones de personas se acuestan hambrientos cada noche.

Parte importante del problema son las sequías, tormentas, inundaciones que conlleva el cambio climático (ojalá nunca vuelva a oír a un político trivializar sobre este asunto). También influyen poderosamente las guerras, sobre todo aquellas de las que casi no nos llegan noticias.

El hambre golpea sin piedad en África y sudeste asiático, también en muchos países árabes donde alimenta al más terrible de los islamismos radicales. Es una versión actualizada de aquellas terribles plagas bíblicas. Una preocupante crisis humanitaria, fruto de la globalización, que cada día ahonda más el insondable abismo de la desigualdad.

 

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