Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.
Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado. Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación. Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO. |
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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 28 de marzo de 2008
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Morir dignamente
SANCHO
De forma más o menos cíclica se abre y se cierra el debate en torno a la eutanasia. El último episodio ha venido protagonizado por Chantal Sébire, francesa de 52 años, que padecía un cáncer incurable en la cavidad nasal y que se extendía hasta el cerebro. Esto le provocaba atroces dolores y una vida que no puede ser calificada como digna. Hay que tener muy poco de humano para no estremecerse ante la imagen de su cara devorada por la enfermedad. Por muy acostumbrados que estemos a tanta inmundicia y tanto morbo, que tan buenos resultados de audiencia reportan, ese rostro golpeaba en nuestras conciencias a modo de aldabonazo. Chantal quería morir con dignidad y por eso se dirigió mediante una carta al presidente francés Nicolás Sarkozy demandando una ley que legalizase la eutanasia. Su requerimiento no fue atendido. Dos días después apareció muerta en su domicilio. Cabía la posibilidad de burlar farisaicamente el límite de la legalidad induciendo un coma a la señora Sébire para luego dejarla morir. La paciente había rechazado esta opción pues su deseo era que se le aplicase la eutanasia. Palabra con un significado tan sencillo como ‘buena muerte' y que entiendo como el final más adecuado para una buena vida. No alcanzo a comprender por qué en estos casos tan terribles, en los que el cáncer u otra enfermedad te corroe de forma lenta e inmisericorde, se condena a quienes lo padecen a que opten por una opción mucho más indigna como es el suicidio. Sólo se les deja la opción de que se peguen un tiro, se tiren por un barranco, se ahorquen o cualquier otro disparate. Frente a la dignidad de la muerte elegida se les aboca a que pongan fin a su vida de forma triste e indigna. Es necesario un debate serio y reflexivo sobre la eutanasia. No estaría de más el iniciarlo en la legislatura que comenzará dentro de unos días aunque me temo no será así. El PSOE, en su programa electoral de 2004, contemplaba la creación de una comisión parlamentaria para debatir el derecho a la eutanasia. No sólo no la crearon sino que rechazaron varias interpelaciones sobre su despenalización. En el programa electoral de los socialistas, propuesto para las elecciones generales celebradas recientemente, ha desaparecido cualquier referencia a la eutanasia. Algo tendrá que ver la ruidosa oposición de los obispos a las medidas sociales aprobadas por el gobierno en la anterior legislatura. La dignidad de la persona va indisolublemente unida a su libertad, derecho fundamental que recoge nuestra Constitución. ¿Por qué no reconocer entonces el derecho a disponer de la propia vida? Si se respetan las creencias religiosas de los que entienden la vida como bien fundamental y del que no se es dueño. ¿Por qué se deben imponer estas creencias a quienes no las comparten? No se puede condenar a los enfermos incurables y terminales, que bastante sufren ya con su enfermedad, a una especie de limbo jurídico de total indefensión. Resulta intolerable que dirigentes políticos, como Esperanza Aguirre, se inventen casos como el del hospital de Leganés. Se hace necesario un marco legal adecuado, que regule la eutanasia en casos totalmente justificados, para terminar con dramas como el vivido por Chantal Sébire.
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