Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.
Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado. Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación. Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO. |
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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 22 de febrero de 2008
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Las amenazas de Blatter
SANCHO
Cada día estoy más convencido de la poca ética, de la turbiedad y la desvergüenza que suelen ir unidas a quienes dirigen asuntos relacionados con el fútbol. Podría pensarse que chanchullos, tejemanejes y demás corruptelas sólo se dan entre quienes se dedican a esto que llaman deporte de forma profesional. Lamentablemente no es así. Hasta en los niveles más inferiores, estoy hablando incluso de niños de categorías benjamín o prebenjamín, nos encontramos con personajes de lo más nefasto. Individuos que con tal de ganar un simple partido, no ya un campeonato, son capaces de falsificar documentos o suplantar identidades (lo que todos conocemos como ‘gatos'). Sujetos que en su anodina vida son incapaces de levantar la voz y se transforman para vociferar todo tipo de exabruptos, dirigidos a niños pequeños, desde la banda de cualquier terreno de juego. Tipos que, ganando partidos por escandalosas goleadas, no son capaces de dar unos minutillos al gordito y menos hábil del equipo pero que se siente tan necesario como el que más. No alcanzo a comprender el por qué, pero las malas artes de estos personajes se van incrementando conforme se asciende de categoría y, en cuanto aparece don dinero, ya se empiezan a cometer las sinvergonzonerías más grandes que uno se pueda imaginar. Que si comisiones, que si fraudes, que si sobornos, que si deudas, que si impagos... toda una antología del vademécum del chorizo. Además, el chorizo viste, come, bebe, incluso puede que fume, de gran categoría y no contento con eso, goza de un estatus y una influencia social que resultan increíbles. Por todo ello no resulta extraño que en la cúspide de esta variopinta pirámide se encuentre un individuo como Joseph Blatter, presidente de la FIFA. A sus espaldas tiene una importante trayectoria de alegaciones de corrupción, discursos sexistas y decisiones no ya caciquiles sino claramente dictatoriales. Como simple anécdota referiré una actuación suya que vi por televisión hace unos años. Era un sorteo de un mundial y, tras la extracción de la bolita de turno, sacó un papelito donde ponía claramente IRÁN. Sin dejar de sonreír, en el más puro estilo del mago Copperfield, dio la vuelta al papel y ponía PARAGUAY. Demostró tal habilidad y naturalidad para el chanchullo que ya no me he sorprendido tanto por el catálogo de tejemanejes que atesora. Además alardea sin rubor alguno de su poder. Recientemente en el homenaje a Di Stéfano amenazó con sanciones al fútbol español si el gobierno de nuestro país mantiene la decisión de adelantar las elecciones en la Federación de Fútbol por una normativa legal dictada al efecto para todas las Federaciones no clasificadas para los próximo Juegos Olímpicos. Al más puro estilo Corleone, el señor Blatter parecía estar diciendo al gobierno español aquello de ‘os hago una oferta que no podéis rechazar'. A cualquiera le parecería una injerencia inadmisible pero no se le ha respondido con la contundencia que merece. Hace muy poco leí en el segundo periódico de la ciudad algo sobre ‘el adalid del deporte nacional'. No vendría mal que este adalid, que lo único rojo que soporta es la camiseta de España, se dignara en defendernos de las amenazas del todopoderoso Blatter.
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