Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.
Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado. Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación. Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO. |
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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 18 de enero de 2008
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Sin pregón de Carnaval
SANCHO
No hace demasiados días recibí una llamada de Francisco Luis Jiménez ‘Chiki' en la que, de forma más o menos textual, me comentó algo así como ‘Santi no tenemos pregonero para el Carnaval'. Desde hace unos años colaboro en lo que buenamente puedo, principalmente en contactar con agrupaciones gaditanas, con la Viceconsejería de Festejos y por lo tanto podría haber entendido este comentario en el sentido de haber si se me ocurría el nombre de alguien que lo pudiera dar. No fue ese el sentido que le di a sus palabras pues ya tenía conocimiento, al habérmelo adelantado mi hijo, que se barajaba mi nombre como uno de los posibles para dar el pregón de Carnaval. Ni siquiera le di tiempo a Chiki para que me hiciese el ofrecimiento porque enseguida, además de agradecerle que se hubieran acordado de mí, le comenté que dar el pregón de Carnaval era algo que no tengo ninguna intención de hacer. Quizás en otra época hubiera contemplado esa posibilidad, puede que hasta me habría halagado el que me lo ofreciesen, pero en el momento actual no creo que el pregón que yo pudiera dar fuese del agrado de los carnavaleros. Entiendo esta alocución como un canto que anuncie la fiesta y no, como me pide el cuerpo, el cantarle las cuarenta a la fiesta (que es una cosa bastante diferente). Si me subiese a dar el pregón habría alguna posibilidad de que acabase sentado en el banquillo de cualquier juzgado y, de momento, ya tenemos suficiente en casa con que tenga que hacerlo mi hijo por culpa del Carnaval. Admito que tanto su chirigota como sus autores puede que se excedieran con lo que cantaron hace dos años. No creo que ese posible exceso justificase los furibundos ataques en los medios de comunicación, ni el falso apoyo de los que se suponen compañeros, ni las puñaladas traperas que les asestó más de un carnavalero, ya retirado, que no asume demasiado bien que en este mundillo la gloria es muy efímera. Capítulo aparte merece el señor Mohamed Alí Lemague. Pudiendo haberse sentido ofendido, cada vez está más claro que su virulenta reacción, más que por la posible afrenta, estaba encaminada a ir ganándose una fama de implacable opositor al gobierno de la ciudad que al cabo del tiempo le ha permitido el que se le ofrezca un puesto en el ejecutivo. El poder lo puede todo y aquel furioso lobo va camino de convertirse en dócil corderito. Así que no habrá pregón y, por desgracia, pocos serán los que lo echen en falta. No comparto el que, como he leído en la información de carnaval de esta casa, esa sea una noticia que merezca el calificativo de importante. Creo que eso sólo le preocupa a los responsables de elaborar un programa de actos que tenía una cierta continuidad en los últimos años. Últimamente el pregón había perdido bastante interés y se había convertido en puro trámite. Aprovechando que este año no hay pienso que es un acto que se podría eliminar sin trauma de ningún tipo y sin farisaicas posturas. Por último rogaría a la Viceconsejería de Festejos que, a la criaturita que elijan como reina, no le hagan pasar por el trago de leer un manifiesto entre ‘la melodía' que producen las cáscaras de mejillones y mientras el público espera con ganas a que la primera agrupación se suba al escenario. Sus primeros acordes y el ritmo de caja y bombo pueden servir perfectamente como pregón.
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