Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 21 de diciembre de 2007
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A tragar con Gaddafi
SANCHO
 

Me hace daño a la vista, ofende a mis convicciones más profundas y me llega a asquear el ver como el coronel libio Muammar al-Gaddafi ha exhibido recientemente, por Lisboa, París o Madrid, su estrambótica figura.

Lo ha hecho acompañado de un séquito que parece sacado de una extraña actualización de aquellos de las ‘Mil y una noches'. Cinco aviones, una jaima beduina, un camello, una guardia pretoriana de 30 amazonas entrenadas para matar, no sé cuántas toneladas de leña y todos los caprichos que pudiera desear el más exquisito de los sátrapas.

A cualquiera que desconozca la trayectoria de este personaje le costaría creer que es el mismo que, allá por 1977, proclamaba la Jamahiriya Árabe Libia Popular y Socialista. El que durante muchos años permitió que su país fuera refugio y escuela para terroristas de todo el mundo, incluidos los asesinos de ETA. Con el total apoyo del gobierno libio, durante los años 80, se cometieron atrocidades como la explosión del avión estadounidense que cayó sobre la ciudad escocesa de Lockerbie y en el que murieron 270 personas.

Pues bien, ante este, tan extravagante como siniestro, personaje han inclinado la cerviz los dirigentes occidentales en la cumbre de jefes de estado de África y de la Unión Europea. Qué tremenda vigencia siguen teniendo aquellas octavillas del insigne Quevedo que finalizaban con ‘poderoso caballero es don Dinero'.

Gaddafi es ahora mismo objeto de deseo para los inversores europeos. Nada en petróleo en gas y sus reservas son tremendas. Se ha permitido dejar en Francia un souvenir de 10.000 millones de euros en contratos, buena parte de ellos dedicados a armamento. Además Sarkozy ha tenido que dilatar al máximo sus tragaderas para soportar que el coronel libio le haya discurseado sobre cómo deben los franceses respetar los derechos humanos de los inmigrantes. La mancha de tener que fotografiarse juntos la irá lavando el presidente francés con el sueño de que Libia le abra las puertas para grandes inversiones y negocios en otros países de África.

No se quedan atrás los millones de euros que ha firmado con empresas españolas. Sólo con el grupo Sacyr se habla de una inversión de 50.000 millones de euros en tres años. Entre tan mareantes cifras, afortunadamente, parece que no hay cantidades dedicadas a armamento. Serán inversiones en carreteras, ferrocarriles, hospitales, depuradoras, desaladoras, etc.

Al menos será el pueblo libio, totalmente oprimido, el que se beneficie de este tremendo volumen de negocio con las empresas españolas. Cualquier demócrata que viva en Libia estará sufriendo lo indecible al ver las acampadas de Gaddafi por diversos países europeos al mismo tiempo que en su país no se respetan los derechos humanos más elementales. Como simple ejemplo diré que en este país se sigue contemplando la pena de muerte para castigar delitos entre los que se incluye el derecho a la libertad de expresión.

El que Gaddafi renunciase a la construcción de armas de destrucción masiva, el que mostrara su arrepentimiento por su pasado terrorista (incluso con indemnizaciones a las víctimas de los atentados), el que haya normalizado su diálogo con Occidente, no deja de librarle de la condición de dictador y verle, paseando por Europa como un gran estadista, me produce náuseas.

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