Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 19 de octubre de 2007
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Mayor Oreja, impasible el ademán
SANCHO

Nunca habría pensado, iluso de mí, que cualquier ministro o ex ministro de la Democracia podría ponerle el más mínimo reparo a condenar la dictadura franquista. Entiendo que debería ser así por una razón tan elemental como que dictadura y democracia son totalmente antagónicas.

Alto tan evidente, espero que no sólo para un servidor sino también para la mayoría, no lo es para el ex ministro del PP don Jaime Mayor Oreja. Recientemente lo ha demostrado con afirmaciones sobre la dictadura franquista del tenor de ‘muchas familias lo vivieron con naturalidad’ o ‘era una situación de extraordinaria placidez’.

Se me ocurren unos cuantos adjetivos para calificar estas declaraciones pero me temo que alguno, más bien diría que todos, podrían ser ofensivos. Será mejor aguantarse un poco y no hacerlo. Afirmaciones como éstas podrían tomarse como un discutible posicionamiento del ex ministro, pero adquieren mayor relevancia cuando Ángel Acebes, secretario general de los populares, evita desautorizarle aunque para ello hasta se le entrecortara la voz.

El señor Oreja con sus desafortunadas manifestaciones vincula a su partido con una derecha de lo más retrograda. Esto hace pensar que cada vez parecen alejarse más de aquel centro al que tanto aludían en otras épocas. El lobo se quitó ya de forma clara y rotunda la piel de cordero y nos muestra sus terribles fauces. Encima el señor Acebes lanza su particular ‘prietas las filas’, tan en consonancia más bien con la extrema derecha, y aprovecha la ocasión para pasar a la crítica contra la Ley de Memoria que, según él, ‘divide y enfrenta a los españoles’.

Parece como si algunos tuvieran la mala conciencia de sentirse herederos de la dictadura y no saben cómo quitarse de encima semejante estigma. En ocasiones hasta puede parecer que no tienen el más mínimo interés en hacerlo.

Jugar con la historia nos puede llevar a una gran confusión cuando se apartan a un lado las partes más desagradables que también tiene. No se debe caer en el maniqueísmo de pretender distinguir entre buenos y malos, pero tampoco se deben dejar de lado los sufrimientos de una parte para ensalzar sólo lo más favorable o lo más patriótico.

Habrá que recomponer todas las memorias individuales caídas en el olvido para así llegar a reconstruir una memoria colectiva, pero de verdad. Ahora bien, no creo que esa tarea deban llevarla a cabo los políticos porque se corre el riesgo de la manipulación que tanto suelen usar a favor de las tesis propias.

Por supuesto que hay quien vivió durante el franquismo con naturalidad y placidez. Yo también diría que con la mayor ignorancia, impulsada y sostenida por el miedo, sobre quienes habían sido juzgados y criminalizados por defender sus ideas y sus convicciones.

Aquellas heridas sólo pueden cerrarse de forma definitiva cuando la justicia repare tanta y tanta injusticia. Qué mejor que una democracia para llevar a cabo esa tarea, pero siempre dentro del respeto, la tolerancia y la generosidad. Todo ello con la firme convicción de que nunca pueda volver a repetirse aquello que queremos olvidar.

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