Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.
Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado. Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación. Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO. |
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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 13 de julio de 2007
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Cuando la vida no importa casi nada
SANCHO
El reguero de atentados, que se supone tienen alguna relación de ellos, crece y crece sin parar. Los seis soldados españoles en el Líbano, los turistas catalanes y vascos en Yemen o la trama terrorista felizmente desarticulada en Londres y Glasgow. Además mueren cerca de trescientas personas en el asalto a la Mezquita Roja de Islamabad. Este río de sangre, muerte y dolor aumenta su terrible caudal por días. La interrelación entre estos casos se supone pero es prácticamente imposible de demostrar. Sería demasiado complicado que existiese una organización capaz de coordinar todos estos actos desde algún lugar desconocido. Cuando la masacre del 11-M se habló hasta la saciedad sobre el supuesto cerebro que ordenaba este tipo de actos. No es probable que estos atentados contra turistas, soldados o ciudades occidentales provengan de una misma mente asesina. Más bien parece que se ha ido creando un sentimiento de odio y venganza contra el que va a ser muy difícil luchar. Contra un ejército visible y más o menos organizado se puede acabar aunque se hayan dado estrepitosos fracasos como los de Vietnam o Irak. Contra las ideas y contra quienes su propia vida no tiene la más mínima importancia, no hay ejército ni estrategia militar o policial capaces de combatirlos con eficacia. Un cinturón cargado de explosivos se convierte en una especie de bomba atómica de los pobres frente a la que las sofisticadas tecnologías y los arsenales de las grandes potencias poco o nada pueden hacer. Esta guerra no es convencional. Es difusa, subterránea, llena de confusión y contra la que poco o nada vale lo que se enseñaba en las academias militares. Si al enemigo ni siquiera se le puede localizar, cuesta trabajo creer que se le pueda combatir. Además este ejército de las sombras tiene más que conseguido su principal objetivo. En la sociedad ya está plenamente instalado un miedo cerval que nos hace olvidar nuestra supuesta superioridad económica y militar. Unos cuantos miles de fanáticos dispuestos a inmolarse, que prácticamente sólo tienen como bien su propia vida y además no les importa perderla, tienen en jaque a medio mundo y puede que dentro de poco al mundo entero. ¿Qué importancia puede tener para estos individuos la vida de los demás cuando la suya propia no les importa? Nuestro delegado del Gobierno les llamó este pasado miércoles ‘los malos’. Lo hacía en respuesta a una pregunta sobre el estado de alerta existente en Marruecos. Para combatir las amenazas terroristas no parece demasiado conveniente caer en el alarmismo. Ahora bien, tampoco me parece lo más adecuado andarse con ‘gracietas’ y dárselas de ¿ingenioso? frente a los chicos-chicas de la prensa. Sí que me parece oportuno que se alerte a la ciudadanía y se nos confirme que ‘vivimos en una situación de riesgo’. Que los ceutíes tomemos ‘cada uno’ las medidas necesarias para reducir ese riesgo me parece ya bastante más complicado. En la pasada noche de San Juan cuentan que hubo quien prefirió quedarse en casita y algunos salieron preguntando sobre si la cosa estaría tranquila. Ahora viene la Feria, esperemos disfrutarla como se merece.
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