Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 15 de junio de 2007
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Nuevos corsarios
SANCHO

Los corsarios fueron parte importante de la historia de España y causantes, entre otras razones, de la debacle de aquel poderoso imperio de Carlos I en el que, como tantas veces hemos oído decir, nunca se ponía el sol. Sobresale en el recuerdo el nombre de sir Francis Drake que alcanzó la gloria cuando diezmó a la Armada Invencible española en el Canal de la Mancha. Junto a él, John Hawkins, Thomas Cavendish o Walter Raleigh se convirtieron en héroes y legítimos defensores de los intereses de su Imperio, evidentemente visto desde la particular óptica inglesa.

Llegaron luego los genuinos piratas, los de la calavera y las tibias cruzadas, ampliados ya a más nacionalidades, que convirtieron a las Antillas en nido desde donde realizar sus correrías. Su objetivo siguieron siendo los galeones españoles que traían el oro y la plata de América con la intención de sufragar los enormes gastos de nuestros tercios repartidos por media Europa. Desgraciadamente de lo que llegaba también se perdía una parte importante en manos de tantos sinvergüenzas, ya los había entonces, que merodeaban en torno a la Corte.

No a tan gran escala pero vuelven a surgir nuevos corsarios del siglo XXI que siguen expoliando los galeones españoles, evidentemente los hundidos pues ya hace siglos que dejaron de navegar. Incluso se les podría seguir llamando piratas o filibusteros por su codicia pero, como actúan bajo una cierta capa de legalidad, será mejor dejarlo en corsarios. Al fin y al cabo lo hacen bajo una legitimidad que podría ser la sustituta de aquella antigua patente de corso.

Los de ahora son los de Odyssey y, claro, ya no se llaman corsarios. Ahora se llaman compañía de exploración marina y tienen su sede en Tampa en la costa oeste de Florida (curiosamente no lejos de aquel mítico mar Caribe de los piratas y corsarios). Ostentan el récord de haber extraído el resto arqueológico submarino más rico jamás descubierto, unas 150 toneladas en monedas de oro y plata, que puede valorarse en más de 500 millones de dólares.

Evidentemente no revelan la zona del océano Atlántico donde encontraron tan magnífico hallazgo. Casi todo apunta a que son tesoros procedentes de algunos de los cientos de galeones españoles hundidos en el arco que forman el cabo de San Vicente en Portugal y la ciudad de Jadida, al sudoeste de Marruecos. Difícil será demostrar, por mucho que se visualicen los archivos de Tarifa Tráfico, que el Odyssey Explorer encontró el pecio español a menos de 24 millas de nuestras costas y, por tanto, ser ilegal su rescate.

El gobierno español ha iniciado una demanda, que se hará casi eterna, para tratar de preservar sus derechos de propiedad sobre el buque puesto que fue hundido cuando estaba al servicio del Reino de España y así se pretende reservar nuestra soberanía sobre su carga. De todas formas, en el hipotético caso de que España demostrase sus derechos legales, la empresa responsable de su recuperación reclamaría el 90 por ciento del pecio extraído que, según ellos, les correspondería.

Históricamente nunca nos preocupamos con eficacia de nuestro supuesto poder naval. Ya dijo el almirante Nelson que ‘los españoles son capaces de hacer buenos barcos, aunque no consiguen preparar hombres’. Nuestros héroes de Trafalgar tuvieron que pagar con su dinero un lavado de cara de sus barcos para aparentar un mínimo de presencia frente al enemigo. Han pasado ya más de doscientos años y nuestra desidia no sólo no ha disminuido sino que ha empeorado.

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