Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.
Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado. Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación. Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO. |
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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 20 de abril de 2007
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Un enemigo tan terrorífico como invisible
SANCHO
Prácticamente a diario nos llegan informaciones de terribles atentados perpetrados por suicidas. Algunas nos llegan de forma tan habitual que casi no nos conmueven. Otras, por ser amenazadoramente cercanas, nos inquietan y preocupan bastante, más si cabe cuando además son utilizadas en un absurdo y diario rifirrafe entre gobierno y oposición. Nos llegan abundantes datos sobre los crueles y devastadores resultados de sus masacres. Muy poco sabemos sobre quiénes son, de quién reciben instrucciones para estos actos, en qué lugares se preparan, cómo consiguen los explosivos o el dinero para adquirirlos, de qué forma se coordinan si es que lo hacen. En resumen, son un enemigo invisible. Un enemigo invisible al que hay que enfrentarse en una guerra para la que nada sirven las tristes experiencias adquiridas en guerras anteriores. Aquellas grandes guerras, que conmocionaron a Europa y al mundo, dejaron un saldo de sangre y muerte que, cuantitativamente, fue muchísimo mayor. Por ejemplo, en la Primera Guerra Mundial, murieron veinte millones de combatientes. En esta guerra actual contra el terrorismo no hay fronteras que defender, no se sabe si hay intereses económicos que las provoquen, no sabemos con exactitud lo que pretende el enemigo. Lo que sí es seguro es que nos dan mucho más miedo. El miedo más atroz. El miedo a lo desconocido. Los terroristas suicidas, muchos de ellos jóvenes, muchos de ellos de barrios deprimidos, muchos de ellos con toda una vida por delante que no les ofrece casi nada, se enfrentan a poderosos ejércitos, a policías que usan avanzadas tecnologías pero que muy poco pueden hacer frente a los que están dispuestos a morir matando. Son una nueva arma individual pero poderosamente destructiva y que se muestra terriblemente peligrosa y eficaz. Bajo el enigmático nombre de Al Qaeda golpean por cualquier parte. Le declararon la guerra a Occidente y a todo lo que representa el poderío económico de los EEUU. Ahora, como en los atentados de Marruecos y Argelia, atacan a los suyos, a los de su religión. Parece algo inexplicable. Toda la potencia que representan 150.000 soldados norteamericanos, enviados a Iraq, no han sido capaces de acabar con Al Qaeda. Está claro que a la fuerza no se va a acabar con este fenómeno. Más bien todo lo contrario, pues da la impresión que se acrecienta. Será necesaria la inteligencia y un trabajo muy riguroso de información para intentar averiguar algo tan sumamente difícil como es la forma de actuar y cuándo o dónde pueden atacar estos terroristas suicidas. El objetivo del terrorismo islámico está más que logrado. El miedo nos invade. Es muy difícil combatir al que se inmola sin ningún tipo de escrúpulos. Es el más amenazador de los peligros que se cierne sobre los occidentales, ahora también sobre los musulmanes. Ahí al lado. No creo que deba ser motivo para andarse con estúpidos reproches mutuos de tintes claramente electoralistas.
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