Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 13 de abril de 2007
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Los otros curas
SANCHO

Que Ceuta reciba la visita de un cardenal es algo bastante fuera de lo común. Por lo que me han contado, sólo ha ocurrido en dos ocasiones. Una en 1946 cuando, con motivo de la coronación de la Virgen de África, nos visitó el Nuncio Apostólico en España. La otra, el pasado lunes, con la visita del Cardenal y Arzobispo de Sevilla don Carlos Amigo Vallejo.

Su trayectoria personal es digna de reseñar. Antes de cumplir los 40 años ya era arzobispo de Tánger y sin llegar a los 50 fue nombrado arzobispo de Sevilla. Durante bastante tiempo fue conocido en esta ciudad, gracias a su origen franciscano, como fray Carlos, pero desde que ostenta la púrpura cardenalicia ya no parece gustarle tanto esta denominación.

Es un gran comunicador que, con suma facilidad, atrae la atención de su auditorio. En su pontifical del pasado lunes le escuché afirmar con contundencia que frente a la pregunta que muchos se hacen sobre ¿dónde está Dios?, no le cabía duda alguna sobre la certeza de que Dios sí que sabe donde estamos cada uno de nosotros.

Seguro que sabe de sobras donde están y qué labor hacen Javier Baeza, Pepe Díaz y Enrique de Castro. Para el gran público puede que sean unos desconocidos. Para la población socialmente excluida del barrio de Entrevías en Vallecas, ex presidiarios, drogadictos, inmigrantes, chavales de la calle, son sobradamente conocidos. Son los curas de la parroquia de San Carlos Borromeo cuyas puertas siempre han permanecido abiertas para los más necesitados.

No parece pensar lo mismo monseñor Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid, que ha decidido cerrar la parroquia como lugar de culto y reconvertirla en un centro de Cáritas. Se acusa a los curas de realizar una liturgia y una catequesis que no están dentro de lo que se considera adecuado por la autoridad eclesial.

Es habitual que estos sacerdotes oficien la misa vestidos de calle, que den la comunión con rosquillas o que no tengan confesionarios en el templo e impartan la absolución colectiva. Ellos se defienden alegando que las liturgias tienen que adecuarse a los nuevos tiempos, que la realidad social en que están inmersos es muy diferente y que se han quitado los hábitos porque sus feligreses se lo han pedido.

En torno a la parroquia se aglutina una ingente labor social. El movimiento de Madres contra la Droga, la Coordinadora de Barrios o la Escuela de la Marginación que se encarga de formar a aquellos interesados en trabajar con gente tan necesitada como son los marginados sociales.

Ha sido la Curia de Roma quien ha pedido al cardenal Rouco que echase el cerrojo a la parroquia del barrio de Entrevías. Lo que se esperaba con la llegada al Papado del cardenal Ratzinger se va cumpliendo poco a poco. Parece que, cuando estamos en pleno siglo XXI, corren de nuevo los aires inquisitoriales. Al jesuita español Jon Sobrino, uno de los padres de la Teología de la Liberación, se le ha prohibido enseñar en instituciones católicas. Lo que no lograron los militares salvadoreños lo ha hecho la Congregación para la Doctrina de la Fe (el antiguo Santo Oficio).

Al parecer, para la jerarquía eclesiástica, la liturgia es más importante que la aplicación del mensaje evangélico en estado puro. El mandamiento de amar al prójimo, el cristianismo comprometido, la tolerancia, la misericordia, han sido reprimidas en la parroquia de San Carlos Borromeo.

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