Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.
Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado. Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación. Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO. |
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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 16 de marzo de 2007
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La paradoja del Capitán América
SANCHO
Resulta bastante llamativa la noticia, recientemente aparecida en muchísimos medios de comunicación, que informa sobre la muerte del Capitán América. Todavía resulta más sorprendente, y no sólo para los amantes del mundo del cómic, la forma en que la editorial Marvel ha decidido poner fin (como en anteriores ocasiones y probablemente no definitivo) a la vida terrena de Steve Rogers, verdadera identidad del famoso superhéroe. El prototipo de patriota norteamericano fallece, asesinado por una francotiradora, a la entrada de un tribunal al que se dirigía por negarse a aceptar una ley antiterrorista, promulgada a raíz del 11-S, que obliga a las personas con superpoderes a inscribirse en un registro policial. Así que tenemos al adalid de la lucha por la libertad muerto por enfrentarse, nada más y nada menos, a una ley gubernamental que impone recortes a las libertades civiles. Algo tradicionalmente sagrado para la sociedad americana pero que cada vez se encuentra más en entredicho. Es más que probable que toda sea una estrategia para relanzar las ventas del cómic de un superhéroe que no pasaba por sus mejores momentos en el mercado. Había pasado de los ciento cincuenta mil ejemplares de su época de apogeo a menos de ochenta mil en la actualidad. No olvidemos que algo parecido ocurrió con Superman muerto y resucitado en 1.993. El Capitán América apareció en 1.941. Creado para representar al super soldado americano que se enfrenta a la barbarie nazi. Mientras duraron la guerra y sus secuelas fue un personaje muy popular, luego decayó y se le tuvo que reconvertir en anti-comunista. Siempre representando los ideales del sueño americano, no olvidemos que vestido con los mismísimos colores de la bandera estadounidense, y enfrentándose no sólo a los criminales sino también a aquellos gobernantes que no siguen sus ideales. Incluso hay quien se pregunta si su muerte no representaría la muerte de los valores que durante tantos años ha defendido, aunque no creo que la cosa sea para tanto. Estrategia de ventas o no, la muerte del superhéroe se relaciona directamente con la problemática que se vive en Estados Unidos donde se enfrentan el estado de derecho y la lucha contra el terrorismo. Una gran parte de los norteamericanos ven como se ahonda día a día el pozo en que les metieron con la guerra en Iraq. La cifra de muertos es ya demasiado grande, se atenta contra los derechos humanos, se ha practicado la brutalidad contra muchos presos, etc. Algo casi impensable para una parte importante de esta sociedad. El terrorismo ha puesto en peligro algo fundamental para los norteamericanos, sus libertades. Se ha hecho mediante leyes promulgadas por el presidente Bush. El espionaje, del que siempre han sido fervorosos seguidores en Estados Unidos, se ha institucionalizado. Cualquiera puede ser sospechoso y no hay correo electrónico ni llamada telefónica que pueda librarse de este control. Puede que la muerte del Capitán América sea sólo una estrategia de ventas pero es reflejo fiel de que la sociedad norteamericana está en estado crítico. Los que provocan guerras arbitrarias y en las que domina la mentira acaban pagándolo.
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