Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.
Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado. Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación. Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO. |
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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 23 de febrero de 2007
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Qué cara, qué gesto
SANCHO
Serán hoy y mañana los días en que la fiesta de Carnaval se hará presente en nuestras calles con la peculiar circunstancia de que ya estamos dentro de la Cuaresma. Situación no demasiado bien vista en algunos sectores pero que, con nuestro habitual conformismo, tampoco adquiere tintes demasiado preocupantes. De todas formas que se le quiten tres o cuatro días, a los cuarenta que culminan el Domingo de Ramos, tampoco creo suponga excesivos trastornos para el calendario cofradiero. Esperemos que el tiempo permita que los festejos de desarrollen con normalidad y que el personal se anime a participar. La programación de actos carnavaleros se extiende demasiado en el tiempo y son muchos, mejor dicho demasiados, los días que transcurren entre ‘La mejilloná’ y ‘El entierro de la caballa’. Por pura lógica quedan muchos espacios por medio sin rellenar pues la fiesta no da para tanto. Sólo nos la recuerda el alumbrado y que alguna noche se vea a cualquier agrupación, camino de algún bar o pub, mientras los transeúntes los contemplan con cara de asombro y preguntándose ¿de dónde sale esta gente? Hablando de caras, fueron muchas y variopintas las que pudieron verse el sábado en el Salón de Actos del IES Siete Colinas. En principio la gran mayoría eran de expectación y bastante animadas. Al final, una parte más que considerable, eran de tedio y aburrimiento pues la función se hizo interminable. La preparación de forillos y atrezzo de bastantes agrupaciones hizo que la espera resultase pesada, eso iba enfriando los ánimos. Evidentemente la mente o mentes pensantes que diseñaron el escenario y camerinos del Siete Colinas lo hicieron pensando en espectáculos de una sola escenografía y no para los cambios que necesitan los grupos de Carnaval. Vamos que seguro ni siquiera pensaron en lo que necesita un Concurso de Agrupaciones. Con el auditorio del Revellín no sólo no mejorará la cosa sino que probablemente empeorará. Falta, como decía aquella chirigota, ‘… un teatro en condiciones’. Ahora bien, las caras que más me impresionaron fueron, durante la actuación de la chirigota ‘Siempre así’, las del Presidente, Consejera de Cultura, Viceconsejero de Festejos y presidente del PP. Me recordaron a las de los cuatro presidentes norteamericanos esculpidas en el Monte Rushmore. No crean los mal pensados que el recuerdo vino motivado por la dureza de su material. No hombre no, lo digo por lo adusto e hierático de sus semblantes, más propios de actos más trascendentes que de un concurso de Carnaval. Además, excepto el viceconsejero al que se le pone muy mala cara en Carnaval, los otros suelen ser personas sonrientes (aunque sea con sonrisa de políticos). Por ejemplo el presidente sonríe y saluda hasta en actos tan solemnes como la procesión del Corpus donde, a lo mejor, debiera guardarse otra compostura. No fue ése su talante con respecto a las demás actuaciones. No sé si les mantuvo así su desacuerdo con lo que allí se cantaba o era ya algo premeditado por temor a como fueron duramente criticados por haber hecho todo lo contrario el año pasado. Creo que habrían quedado mejor si no se hubiesen comportado de forma tan distinta a la inmensa mayoría de espectadores. No era necesario levantarse, no era necesario reírse, podría haber bastado con unos mínimos aplausos de cortesía. Se comentaba esta actitud en los corrillos propios que se forman en el Siete Colinas. Alguien dijo, refiriéndose a ella, ‘qué cara, qué gesto’. Otro no se pudo reprimir y, en plan cuartetero, remató ‘qué carajo es esto’. (Disculpen por la transcripción literal, estamos en Carnaval).
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