Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.
Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado. Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación. Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO. |
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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 29 de diciembre de 2006
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Tiempo de balances y de previsiones
SANCHO
En estos días resulta prácticamente imposible leer un periódico, escuchar un informativo radiofónico o ver un telediario sin que nos desborden la cantidad de resúmenes, balances, elección del personaje o personajes del año que dejamos atrás o, casi con toda probabilidad lo más repetido, las imágenes de las principales tragedias y catástrofes ocurridas en 2006. Poco espacio se dedica, por ejemplo, a los logros conseguidos en el campo de la investigación, o a la labor silenciosa y sacrificada de aquellos ciudadanos anónimos que entregan su vida, sin pedir nada a cambio, al servicio de sus semejantes. Son tantas las noticias trágicas que nos llegan a diario que ya las incluimos dentro de lo cotidiano. Se convierten en algo habitual. Ahora bien, en un mundo lleno de injustas desigualdades, no creo que tengan la misma repercusión una treintena de muertos en cualquier país de Europa Occidental que los que se producen, casi a diario, en ese siniestro parte que nos llega de los atentados en Irak. Hasta no hace demasiado tiempo, lo verdaderamente noticiable era lo más cercano, lo que nos afectaba más directamente. Ahora las cosas han cambiado de forma radical. Los mundos lejanos que nos atraían única y exclusivamente por su exotismo han pasado a formar parte de nuestra realidad diaria y lo hacen por la gravedad de los problemas que allí se gestan. La tremenda expansión de las comunicaciones en el mundo ha logrado que, sentados cómodamente en nuestro sillón, podamos contemplar los éxodos masivos que provoca el hambre, las injusticias de las guerras, los atropellos diarios de los derechos humanos. En definitiva, una crisis tan grande del derecho internacional que está poniendo en grave riesgo nuestra propia libertad. Se extiende día a día el temor a un enfrentamiento entre Oriente y Occidente. A quienes lo temen se les denomina como alarmistas pero es que surgen de forma constante escenarios para el enfrentamiento. Líbano, Palestina, Irak, Somalia, la amenaza nuclear de Irán, son claros ejemplos de que lo que allí ocurre ha acabado por instalar el miedo entre nosotros. Sólo habría que recordar sucesos como los de Nueva York, Bali, Madrid, Londres o Riad. Sobre el terrorismo se podrán aventurar teorías de todo tipo pero resulta incuestionable que su huella de miedo se queda marcada de forma imborrable. Mientras tanto Europa y Estados Unidos siguen su vida como si nada ocurriera. Las bolsas no sólo no se inmutan sino que siguen hacia arriba, las grandes empresas acumulan su riqueza con beneficios estratosféricos, los triunfadores del momento son los grandes financieros. Rostros desconocidos para la gran mayoría de ciudadanos pero que son quienes toman las decisiones que verdaderamente nos afectan. Resulta difícil, más bien imposible, predecir cómo acabará esto. Seguramente el año venidero será copia exacta o continuación del que termina. No siendo persona amante de ningún tipo de vaticinio, sí que hay algo que seguro va a crecer. Es el miedo, la desconfianza, la inseguridad. Lo digo porque, de forma casi inconsciente, yo también lo siento. Es algo que no resulta fácil de explicar porque nunca antes lo había sentido. Una incómoda sensación, que no puedo evitar, cuando viajo junto a personas que visten de forma diferente a la mía y que tienen distinta creencia. Tendré que esforzarme para ver al otro como persona y no como a un enemigo.
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