Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 1 de diciembre de 2006
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Corrupción
SANCHO

Corrupción, tramas urbanísticas, ayuntamientos son palabras que, casi a diario, aparecen entremezcladas en los distintos medios de comunicación. Es un fenómeno que se está produciendo de forma tan habitual que sucesos como estos, tan escandalosos como bochornosos, llaman cada vez menos la atención. Cuando la gente honesta, la que quede, todavía no ha digerido una de estas vergonzosas noticias aparece otra, luego otra más y así sucesivamente. El final que pueda tener todo esto es, ahora mismo, una gran incógnita.

Cabe la posibilidad de que los partidos políticos dediquen parte de la próxima campaña electoral para las municipales (en las que participaremos los ceutíes gracias al extraño engendro de ciudad autónoma que disfrutamos) a tirarse recíprocamente a la cara sus vergonzosas corruptelas. Sería lamentable. Ahora bien, sería igualmente lamentable, si cabe puede que incluso más, que se llegase a un pacto de no agresión para no escandalizar todavía más a los votantes. Ya tendrían luego otros cuatro años por delante para seguir con sus tejemanejes.

La corrupción urbanística anida en todas partes. Da igual que los gobiernos sean populares, socialistas, nacionalistas o ese campo sin vallar que son los llamados independientes. No todos en la misma medida, pero ya es algo casi habitual para muchos en su estilo de hacer política.

Bajo la oscura y demasiado poco conocida capa de la financiación de los partidos políticos, mangantes y sinvergüenzas de toda laya se enriquecen repentinamente comprando o vendiendo terrenos en el momento más adecuado y, casi siempre, tras las oportunas y pertinentes recalificaciones. A los partidos políticos, con sus enormes y desorbitados gastos, no pueden cuadrarle las cuentas y la tentación de financiarse gracias a los planes urbanísticos es demasiado grande.

Puede que Marbella tenga el dudoso honor de ser la cabeza visible de toda esta porquería. No en vano ha sido el primer ayuntamiento en ser disuelto porque el fraude fiscal, los sobornos y el trasiego de dinero injustificable campaban por allí a sus anchas. Sería conveniente recordar que no hace mucho ese estilo de hacer política gobernó en Ceuta aunque parece que hay demasiada gente que o lo ha olvidado, o no le agrada demasiado que se lo recuerden.

Muchos de los que se pavonearon por nuestras calles en aquel tiempo, incluso con graves ofensas al actual Presidente de la Ciudad, han sabido acomodarse junto al gobierno del Partido Popular. Algunos incluso con puestos de responsabilidad, otros con más que bien remunerados empleos en empresas públicas. La llegada de Juan Vivas al poder tuvo la servidumbre de tener que pactar con una parte del gobierno del GIL. Aquello se ha silenciado gracias a la aplastante mayoría de los populares pero conviene no olvidarlo.

La calificación del suelo urbano es el meollo de la cuestión. Muchos alcaldes incluso aceptan los convenios urbanísticos como fuente de ingresos municipales. Da la impresión de que la vigilancia sobre el cumplimiento de los planes urbanísticos tiene la manga demasiado ancha. En tanto que las sanciones, si es que las hay, sean económicas y no mediante demoliciones el negocio seguirá viento en popa. Mientras, el paisaje más habitual de la costa mediterránea, de los alrededores de las grandes ciudades, también el de Ceuta, está llenito de grúas.

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