Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.
Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado. Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación. Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO. |
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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 17 de noviembre de 2006
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La visita del dictador Obiang
SANCHO
Teodoro Obiang Nguema, presidente de Guinea Ecuatorial, ha realizado en estos días su novena visita a España, su antigua metrópoli. Nada habría de destacable en esta visita puesto que el saldo comercial entre los dos países es muy deficitario para España que exporta a su antigua colonia por valor de 89 millones de euros anuales e importa por valor de 587 millones. Destacable diferencia que se justifica por el hecho de que Guinea Ecuatorial se ha convertido en el tercer país exportador de petróleo del África subsahariana. Lo que ya no parece tan justificable es que los intereses económicos obliguen al gobierno español a recibir al presidente Obiang que es un terrible dictador y sangriento genocida. Siniestro personaje que destaca, por sus horrendos méritos, en las listas de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU y que está denunciado por Amnistía Internacional por detenciones arbitrarias sin cargos ni juicios, desalojos forzosos, muertes bajo custodia, torturas y malos tratos, etc. etc. Además, la prestigiosa revista económica Forbes sitúa al presidente guineano en el octavo lugar entre las diez mayores fortunas mundiales. Se produce con esto el penoso sarcasmo de que esta circunstancia se da en un país donde el 70% de la población vive con un solo euro al día. Quien no merece ser llamado estadista fue recibido en el aeropuerto de Barajas por un remedo, al estilo guineano, de aquellos coros y danzas del franquismo. Cosa no demasiado extraña pues Obiang Nguema fue discípulo aventajado de la dictadura de Franco y se autoproclamó presidente de su país tras un baño de sangre que acabó con el anterior presidente Francisco Macías, tan cruel y sanguinario como su sucesor. Lo que sí sorprende es que ya que las autoridades españolas han consentido estos cánticos de alabanza al dictador, no hayan permitido al menos que pudiéramos oír las discrepantes voces de sus opositores guineanos que pretendían manifestarse en la Puerta del Sol y no se les ha permitido. Todo ello ha recibido un trato tan suave y medio escondido por la generalidad de los medios de comunicación españoles que resulta vergonzoso. Quizás haya sobresalido el Grupo Prisa que, aunque haya vertido críticas sobre la figura del siniestro dictador, ha parecido querer dejar en el ambiente la impresión de que Obiang ha venido para que el presidente Zapatero obtenga de él un compromiso de tímido avance hacia la democracia y de liberar a los presos políticos. Ha dicho que sí pero no ha dicho cuándo. Son sobradamente conocidos sus muchos desaires y desencuentros con los gobiernos de España. La única y cruda realidad es que los auténticos intereses de esta visita son los económicos. España intenta coger una parte del pastel, por ahora sólo coge migajas, de su antigua colonia, actualmente rica, que por el momento se reparten casi en exclusiva los Estados Unidos y Francia. Para más inri, cuando España controlaba Guinea, las petrolíferas españolas fueron incapaces de encontrar el mar de oro negro que sí han encontrado las empresas norteamericanas. Ahora, demasiado tarde, se intenta subsanar aquello y por eso hay que tragar con un tétrico personaje que lidera un partido que lleva el nombre de ‘democrático’, que ha ganado las elecciones con el esperpéntico porcentaje del 99’99 por ciento de los votos y que posee 98 de los 100 escaños de su parlamento nacional. Increíble pero cierto.
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