Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.
Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado. Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación. Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO. |
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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 22 de septiembre de 2006
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Guerra Santa
SANCHO
Que la palabra guerra, con toda la terrible carga de connotaciones que lleva aparejado este término, pueda ir acompañada del adjetivo santa resulta cuanto menos algo chocante y paradójico. Desde el único y exclusivo punto de vista de la racionalidad no parece lógico que puedan unirse conceptos tan antagónicos como guerra y santidad. Se evitarían muchas discusiones y muchos enfrentamientos de los que se producen diariamente en torno a la expresión guerra santa, si ésta no se hubiese admitido como traducción de la palabra ‘yihad’. Simple y llanamente porque no es ése su significado. La traducción literal de ‘yihad’ sería esfuerzo y suele aparecer en el Corán dentro de la fórmula ‘esfuerzo en el camino de Dios’. Ahora bien, es importante entender que el Islam no predica la pasividad o la mansedumbre, como la religión cristiana, sino la acción como el camino para lograr los valores a los que se aspira. De ahí parten todas las justificaciones utilizadas por quienes entienden como legítimo el uso de la violencia en defensa del Islam. El concepto de ‘yihad’ es tan amplio que puede ser utilizado para dar legitimidad a cosas tan opuestas como la predicación pacífica o la violencia de la lucha militar. A lo largo de la historia se ha utilizado la idea de guerra santa para intentar dar una justificación a conflictos que tenían otros intereses bien distintos como los geopolíticos o económicos. Hay multitud de ejemplos como las cruzadas o las guerras contra los protestantes. Mucho más recientemente Pío XII declaró como ‘cruzada’ el levantamiento militar de Franco quien así se justificó hasta donde creyó oportuno. Hoy esta idea se circunscribe al ámbito islámico donde es utilizada, en ocasiones, por bandos opuestos en conflicto e incluso sirve como justificación para acciones terroristas. En el mundo actual la verdadera pugna es aquella que tiene como fin el control del poder económico. Los contendientes principales son, de un lado, el que podríamos denominar como grupo atlántico que integran Estados Unidos y Europa. Del otro lado, en oriente, aparecen Japón y China. América Latina intenta despertarse y, para ocupar su lugar, deberá liberarse del yugo norteamericano. El mundo árabe aglutina más de cincuenta países que integran la Confederación Islámica y cuentan con algo tan decisivo para la economía mundial como es el petróleo. Seguramente por sus luchas internas no han utilizado todavía y de forma plena este instrumento de poder. El problema radica en que, casi de forma constante, entran en conflicto la civilización Occidental y la Árabe. El casi eterno problema de Israel, la política exterior de George W. Bush, el terrorismo islamista, el altísimo número de inmigrantes asentados en Europa que, en una más que apreciable cantidad, se han convertido ya en europeos de pleno derecho. Todo ello aderezado con asuntos puntuales como el de las caricaturas de Mahoma o el reciente discurso de Benedicto XVI en Ratisbona. Hay quienes sostienen que estas palabras del Papa no han sido algo casual sino parte de este enfrentamiento, aunque eso sólo se sabrá con el paso del tiempo. Son muchos los que desprecian este concepto de choque de civilizaciones pero resulta innegable que son abismales, yo diría que insalvables, las diferencias entre el uso que hacen unos y otros de la razón, la autocrítica o el respeto al otro para construir un mundo en que podamos convivir.
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