Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 15 de septiembre de 2006
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Conspiración
SANCHO

Conspiración es, casi sin lugar a dudas, una de las palabras de moda. Lo es si nos movemos dentro de lo que podríamos llamar debate político nacional. Si entrásemos en el ámbito local seguramente la palabra elegida sería limpieza. Sorprende un poco el actual despliegue mediático en torno a este asunto pues el abandono, casi secular, de las barriadas ceutíes en este apartado es tema ya viejo y manido. Además da la impresión que el debate en torno a la limpieza no puede tener otro final que no pase por el aumento del coste económico que la ciudad dedica a este fin. El tema ya huele un poquito, a mí me parece que apesta, algo normal cuando se trata de basura.

Caigo nuevamente en otra digresión, defecto habitual en mis escritos, por lo que retomo el argumento del mismo. Raro es el día en que la COPE o El Mundo no le siguen dando vueltas a su particular teoría de la conspiración en torno a los atentados perpetrados en Madrid el 11 de marzo de 2004. Demuestran con ello estar bastante cercanos al calificativo de fanáticos que se le aplica a quienes no sólo no pueden cambiar de opinión sino que además no quieren hacerlo.

Las informaciones que surgen de estos dos medios me aburren. Son ya casi dos años y medio intentando demostrar que la conspiración existió. Si fuera cierta pondría en gravísimo peligro nuestra estabilidad democrática e incluso podría acabar con la misma. Las conspiraciones hay que probarlas y estos tan particulares abanderados de la libertad de expresión, de la libertad que a ellos les conviene, continúan, impasible el ademán, aportando testimonios de vulgares delincuentes (Suárez Trashorras, Zouhier, Lavandera o Nayo) con los que pretenden poner en solfa un largo y elaborado auto judicial.

Hace ya mucho tiempo que José María Aznar lanzó su particular premonición sobre la existencia de un autor intelectual de aquella terrible masacre y que no vivía ‘en montañas lejanas’. Aquello me pareció, simple y llanamente, la no aceptación de la derrota electoral de su partido y lo grave del caso es que dentro de amplios sectores del Partido Popular la misma sigue sin aceptarse. Dicen que el pueblo es sabio. Pues bien, entonces la mayoría de votantes entendió que los conspiradores fueron Aznar y sus ministros al ocultar la información que tenían sobre los atentados.

Mariano Rajoy, que como buen gallego es difícil afirmar si sube o baja la escalera, parece querer desmarcarse de los miembros de su partido que siguen aferrados a la teoría conspirativa. Lo escuché en la entrevista realizada en Cuatro por Iñaki Gabilondo al que, interrogado sobre este asunto, respondía con evasivas. De todas formas cuando le preguntó sobre si sospechaba que no se aclarasen, de forma intencionada, algunos aspectos del 11-M, respondió sucintamente que no sospechaba nada.

El líder de los populares, preguntado maliciosamente sobre si su partido lo dirigía Aznar o Jiménez Losantos, respondió tajantemente que lo dirigía él. Personalmente me alegro muchísimo de que sea así. Ahora bien si, como es lógico, desea ganar las próximas elecciones creo que le vendría mejor mirar al frente que mirar hacia atrás.

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