Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.
Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado. Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación. Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO. |
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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 7 de julio de 2006
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Zapatero se la juega
SANCHO
No creo que este verano vaya a servirle al presidente Zapatero como tiempo de descanso y alejamiento, aunque sea mínimo, de las obligaciones que lleva aparejadas un cargo de tanto responsabilidad como el suyo. Su principal motivo de preocupación no creo vaya a estar marcado por el feroz hostigamiento al que le tiene sometido el Partido Popular. Dicen las encuestas, datos que siempre se deben tomar con las precauciones debidas, que esta estrategia no les está dando los resultados apetecidos y los aleja, en lugar de acercarles como sería su deseo, de las preferencias de voto de los españoles. El verano se lo ha puesto difícil al Presidente su propia decisión de iniciar el diálogo con la banda terrorista ETA. No cabe duda que esta medida puede ser calificada con dos palabras por encima de otras muchas. Éstas son histórica y arriesgada. La decisión fue anunciada cuando casi se cumplían los plazos impuestos por el propio Zapatero y, aunque la realizó en el Congreso, no fue en sesión oficial como se esperaba y deducía de sus propias palabras. Han sido muchos los que, como era de esperar, han criticado duramente el texto de su declaración institucional. Entre otras cosas, lo han hecho por lo ambiguo de la misma. Entiendo que esto último es precisamente lo que buscaba el Presidente ya que si no dice de forma clara y rotunda lo que pretende hacer, es mucho más difícil reclamarle algún tipo de incumplimiento. Ya con el Estatuto de Autonomía de Cataluña cometió el desliz de prometer el respaldo al proyecto que saliera de su Parlamento y sabemos sobradamente que no lo hizo. En esta ocasión no ha querido correr con similares riesgos. Juega a favor de Zapatero el hecho de que ETA lleve ya tres años sin cometer asesinatos y con una declaración formal (si es que la banda merece esta palabra) de tregua permanente. Además no habría que tentarse la ropa de forma farisaica cuando, desde los tiempos de Adolfo Suárez, todos los gobiernos han intentando poner fin al terrorismo mediante el diálogo. Si todos ellos tuvieron carta blanca para la negociación, habrá que dejar al Gobierno socialista que se pueda mover en el camino emprendido. Eso sí, que en ningún momento se haga sin el conocimiento de las instituciones democráticas. En este intento de acuerdo tendrá un papel fundamental Herri Batasuna. Se la ha calificado, en muchas ocasiones y de forma eufemística, como brazo político de ETA cuando siempre han tenido planteamientos totalmente coincidentes con los de los terroristas. Esto hace que se tenga la impresión de que eran y son la misma cosa. Ayer los socialistas vascos, con la ayuda del controvertido juez Garzón, mantuvieron un encuentro formal con la ahora mismo ilegalizada Batasuna. De esta reunión seguramente se desprenderá que los batasunos retornen a la legalidad, probablemente bajo otra denominación, para poder acceder sin trabas tanto al diálogo entre partidos como a los procesos electorales. Parece una contradicción que Zapatero se mantenga en no derogar la Ley de Partidos pero podría tomarse como que se guarda esa carta en la manga por si tuviera que emplearla en contra de la nueva formación que surja de la que actualmente lidera Arnaldo Otegi. Un auténtico galimatías que tiene como principal escollo algo tan grave como es la sangre derramada durante cuarenta años. Con este, tan triste como terrible, legado parece demasiado dificultoso empezar como si nada hubiera pasado. Ha pasado y mucho. Tantas heridas, tanto dolor, por qué no decirlo, tantas cuentas pendientes, tienen una muy difícil solución. Cualquiera que sea la que se tome tendrá que tener en cuenta la reparación moral y material de los daños causados a las víctimas.
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