Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

@ Email








El Observatorio del Escudero
Ceuta, 14 de julio de 2006
 BLOGS
De nuevo un 11 trágico
SANCHO

De nuevo estalló el terror. Imágenes que se repiten y recuerdan tragedias pasadas. Amasijos de hierros retorcidos, cuerpos mutilados, miradas perdidas, trenes atestados en hora punta y ocupados mayormente por gente sencilla y trabajadora. Otra vez el terrorismo deja su siniestra secuela de muerte, caos y desconcierto. ¿Qué buscan? ¿Qué se proponen? Quizás no lo sepan ni ellos mismos.

El escenario da igual. Nueva York, Madrid, Londres y ahora Bombay. El caso es que se mata de forma indiscriminada y terrible. El fantasma del terror no hace distinciones y le da lo mismo un centro del poder financiero, como el que representaban las Torres Gemelas, que los trenes de Bombay, la ciudad donde malviven millones de personas en la más insolente de las pobrezas.

No creo que estos macabros espectros, que hacen viajar a la muerte en tren, tengan ningún tipo de superstición numérica. Han repetido el 11 como podrían haberlo hecho con el 19 o el 23. El caso es matar y sembrar el miedo en las mentes del mundo entero. Actúan como un ejército invisible del que poco o nada sabemos.

De vez en cuando los gobiernos exhiben de forma gloriosa sus triunfos cuando matan al líder chechenio o al jefe de Al Qaeda en Irán, pero estos triunfalismos resultan demasiado efímeros. Los cerebros que inspiran a quienes no dudan lo más mínimo a la hora de inmolarse no tienen ningún problema a la hora de renovar sus huestes. No lo hacen a la forma clásica, no tienen estado, no están localizados en un territorio. Han conseguido inculcarles el odio y así el terrorismo también ha llegado a ser un fenómeno global.

Casi nunca llega a saberse con claridad qué causa concreta defienden ni si pueden tener algún móvil intelectual. El caso es que humillan y hacen vulnerables a los estados para que nadie pueda sentirse seguro. Las víctimas se recuentan y pasan a ser cifras en una serie de tantos atentados que ya casi cuesta recordar. El objetivo del terror no es éste sino que sus efectos psicológicos se instalen en las mentes de las sociedades de todo el mundo.

En esta ocasión el paralelismo con la matanza de Madrid surge por sí mismo. Bombas sincronizadas en trenes de cercanías. Hora punta y con los convoyes al máximo de capacidad. Explosiones en los andenes. Una sensación total de estar indefensos frente a esta terrible amenaza.

A los estados democráticos sólo les queda una solución y es intentar acabar con los grupos terroristas sea como sea. En ocasiones algo se consigue pero a la vez se está corriendo el peligroso riesgo de lograr el efecto contrario. El odio que, de forma sistemática, se les ha inculcado por parte de sus ideólogos consigue terreno abonado para consolidarse y los terroristas aumenten sin cesar.

Muchos somos los que recibimos una educación religiosa en la que se nos amedrentaba con los suplicios del infierno. Afortunadamente esos miedos fueron temporales y desaparecieron con el paso de los años pues aquellas apocalípticas explicaciones se diluían por su escasez de fundamentos. No tiene ya demasiado sentido el buscar dónde puede encontrarse el infierno. El devenir de un mundo donde se encuentran plenamente instaladas las tragedias hace que uno se pregunte si el infierno se encuentra entre nosotros.

El autor del weblog es el único responsable de su contenido ya que este website no interviene en forma alguna en su redacción.