Santiago Vicente Pecino es maestro de Educación Secundaria y Secretario del Colegio San Daniel de Ceuta llevando más de treinta años dedicado a la ensenanza.

Entre 1.983 y 1987 fue Concejal (de Medio Ambiente y de Sanidad) en el Ayuntamiento de Ceuta integrado como independiente en la lista del PSOE. Fue uno de los cuatro disidentes de este Grupo Municipal que firmó el voto de censura contra Francisco Fraiz, teniéndose que esperar a la resolución de los tribunales para que fuese sustituido por Aurelio Puya. A raíz de esta escisión del PSOE, fue uno de los fundadores del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en el que continúa como militante de base, habiendo sido miembro de su Comisión Ejecutiva y candidato al Senado.

Ha estado vinculado a diversas entidades y movimientos ciudadanos: 12 años como presidente de la A.V. Gral. Orgaz, Vicepresidente de la Asociación Coral, Presidente de AGRUCAR (Asociación de Agrupaciones Carnavalescas) y Hermano Mayor de la Cofradía de la Flagelación.

Actualmente dirige y presenta el programa de radio, Tiempo de Pasión en COPE CEUTA y es columnista semanal, desde el año 2001, en El Faro de Ceuta con una sección titulada EL OBSERVATORIO DEL ESCUDERO que se publica los jueves y firma como SANCHO.

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El Observatorio del Escudero
Ceuta, 29 de julio de 2006
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Contrastes en el Paseo de la Marina (Publicado en Especial Feria El Faro de Ceuta)
SANCHO

Van apareciendo por Ceuta los primeros turroneros cuando todavía la buena gente de la Almadraba no ha llevado a cabo el emotivo acto en el que la Virgen del Carmen bendice sus aguas y se tiene un conmovedor recuerdo para los que ya no están entre nosotros. La llegada de estas familias es el signo definitivo de que tenemos la Feria a la vuelta de la esquina.

Hay otros indicios que nos indican la proximidad de nuestras Fiestas Patronales como la retirada del mobiliario lúdico y deportivo de La Marina, la colocación de los postes en el mismo lugar o ver como los operarios de Iluminaciones Jiménez inician las mismas tareas que año tras año realizan en nuestra Ciudad.

De entre todos estos aspectos que nos hacen vislumbrar los nueve días de fiesta, creo que el más esclarecedor es observar a los turroneros dedicados a su oficio. Para adaptarse a los tiempos que corren su actividad ha tenido algunos cambios: venden juguetes y muñecos que hace unos años no se veían en sus puestos, también chucherías más de moda y del gusto de los niños y sus roulottes son auténticas casas con ruedas.

Con todos estos cambios y mejoras mantienen claras sus señas de identidad más tradicionales. Típico acento del habla de las provincias andaluzas del interior, delantales blancos inmaculados e impolutos, niños coloradotes que se afanan ayudando a sus padres y, junto a sus más tradicionales turrones, cocos, manzanas acarameladas, altramuces, chufas y ese aroma a garrapiñadas que nos trae a muchos tan nostálgicos recuerdos de aquel entrañable Paseo de las Palmeras de nuestra infancia y juventud.

De unos años acá este panorama tan tradicional y tan de siempre nos presenta un tremendo contraste con el mercadillo que también se monta en el Paseo de la Marina. Frente a la limpieza, a la luminosidad, al encanto que supone disfrutar con los mismos sabores con que lo hicieron nuestros padres y nuestros abuelos, aparecen esos puestos oscuros, montados de forma precaria, que ofrecen una abigarrada muestra de productos que parecen destinados al público más hortera que uno pueda imaginarse.

En un principio estos puestos eran bastantes menos y se dedicaban principalmente a la bisutería mayormente artesanal. Conocidos como los hippies, ofrecían productos que no se vendían en el comercio ceutí y daban la oportunidad de obsequiar con un detalle galante a madres, esposas, novias o amigas. Aquello ha degenerado en una extraña amalgama de ropas de dudoso gusto, zapatería de saldo, horrendos bolsos, lencería que más que seducir asusta y todo aquello susceptible de ser lucido por el más ‘cani’ de los ‘canis’.

Me sorprende la machacona insistencia en que se repita año tras año este monumento al mal gusto en el Paseo por el que todos nos dirigimos a la Feria. Además también se monta en Navidades y en Carnaval, con productos que poco o nada tienen que ver con estas fiestas, compitiendo con el comercio ceutí que ofrece los mismos productos, por supuesto que de mucha más calidad, y que además pasa por una grave crisis de la que no se sabe cómo podrá salir. No se alcanza a entender que un gobierno local que no cesa de hablar y hablar, sin solución alguna, sobre la crisis de nuestro comercio sea el mismo que autoriza la instalación de estos puestos para que lleven a cabo tan desigual competencia.

Muchas son las voces que se quejan sobre como la Feria ha ido perdiendo poco a poco sus señas de identidad. La heterogénea composición de la población ceutí y la masiva afluencia de visitantes de Marruecos son fenómenos que no sólo no admiten cambios sino que aumentarán año tras año por lo que sólo cabe adaptarse a los mismos de la mejor manera posible. Así que sería muy recomendable que los organizadores y responsables de nuestras Fiestas Patronales intenten en la medida de sus posibilidades, que entiendo son bastantes, recuperar el buen gusto y señorío que éstas siempre tuvieron.

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